Por qué le cuesta tanto a la oposición  cristalizar una opción unitaria de poder

Por Ezio Serrano/Miguel Á. Martínez Meucci.- ¿Por qué no hacer política tomando al toro por los cachos?  ¿Por qué se impone la pretensión de no señalar abiertamente la verdad de nuestra situación como país, sin diagnosticar nuestros males, sin mencionar las tareas que ineludiblemente habremos de acometer para salir del atolladero chavista? No se trataría de no querer explicar los verdaderos motivos de nuestra crisis nacional, sino de ser sencillamente incapaces de ofrecer una explicación al respecto que vaya más allá de decirnos que el chavismo es corrupto y hambreador.


Por Ezio Serrano/Miguel Á. Martínez Meucci.-Sólo algunos minutos invirtió Luis Molina para efectuar la simple operación aritmética. Al frente de lo que un eufemismo le permite llamar “Abasto mi porvenir”, Molina escuchó la alocución de Maduro, el fatídico domingo 11 de diciembre. Con los datos de alguna lectura periodística previa, aplicó sus conocimientos de matemática elemental y concluyó: 

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¡Esto es imposible de realizar, es una brutalidad!

Suficientes sus conocimientos elementales aportados por su bachillerato incompleto, y su experiencia cotidiana como pequeño comerciante taguarero, tal como se autodenomina.

He aquí su reflexión: 

Si los billetes de 100 representan entre el 70 y 72 por ciento del circulante, al extraerlos restaría un 30 ó 28 por ciento de efectivo para que el comercio funcione en plena navidad.

Si no se le agregan los nuevos billetes, vamos a colapsar o reinará el caos. Sobre las secuelas que dejaría la aplicación de semejante despropósito gubernamental, no profetizó el taguarero. Les correspondía a otros, con la misma celeridad ya descrita, avizorar la tormenta en ciernes.

1.- La economía, imbécil, la economía…

Las razones expuestas por Maduro para aplicar su brutal medida son las de siempre: la conspiración interna y externa, traducida en el ataque mafioso a nuestra valiosísima moneda. Otro episodio de la manida guerra económica. ¿Acaso se podría esperar otra argumentación? Pero uno debe requerir más de la oposición pues  la referida alocución presidencial constituyó un toque de diana al pánico financiero, apenas contenido por el muro de un lunes bancario.

El genial Maduro servía la mesa para cerrar el año con tremendo auto gol político, pero el equipo conductor de oposición no llegó a ver el arco, ni el balón, ni la cancha de juego. La insoportable desconexión del liderazgo respecto a las angustias del pueblo que aspira conducir, quedaron plasmadas en las declaraciones posteriores de algunos de sus líderes:

-La medida no frenará la inflación, (demasiada  obviedad) 

Es muy poco tiempo para ejecutarla, declararon.

La aritmética básica de Luis Molina, el taguarero, mostraba un escenario mucho más nítido y contundente: ¡Esto es imposible de realizar, es una brutalidad!  Y no es que se pretenda hacer profecía sobre hechos cumplidos. Tampoco se sugiere la actuación oportunista sobre el caos auspiciado desde el Gobierno. Pero la desconexión discursiva entre la oposición y la terrible cotidianidad del pueblo venezolano quedó al desnudo, traducida en la orfandad ideológica que imposibilita canalizar el descontento popular, dejando el camino abierto a la violencia ciega e irresponsable. Río crecido entrando en conuco, para dejar su estela de destrucción. Ruina y escombros dejados por los saqueadores, junto a la credibilidad del liderazgo opositor. Es la economía, es el oikos nomos estallando sobre el pellejo popular.

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2.- Cuentas pendientes con la verdad económica.

El relato chavista se amarró a uno de los enclaves ideológicos más perniciosos de la llamada postmodernidad, esto es, el relativismo.  No existen reglas ni principios con validez general, y menos universal.  Las tales leyes del mercado, por consiguiente, no son más que los prejuicios  hegemónicos de una clase dominante asida  al poder.

La oposición  venezolana, con raigambre izquierdista y populista sobrevive a dos aguas, entre la negación y la confirmación del relativismo.  Este aspecto, unido a las profundas raíces rentistas, populistas y estatistas, explican un discurso político  caracterizado  por la ambigüedad,  las indefiniciones,  la opacidad conceptual  en asuntos económicos y su ineptitud para conjugar un mensaje explicativo de la asfixiante situación.

Temas claves como  el burocratismo parasitario,  la eficiencia del gasto público,  las fronteras de lo público y lo privado,  la ineficiencia de las empresas del Estado, etc., constituyen arcanos,  y si no,  temas reservados para una élite iluminada.  Es como si una curiosa versión de  lo políticamente  correcto  convirtiera  en tabú o en caja negra, las verdaderas soluciones frente a la crisis económica. Es la necesidad de tapar las vergüenzas frente  a una posible,  o tal vez inevitable salida con  programa de ajustes. Y hasta hay quienes encienden velas a la espera del milagro que eleve el precio del barril de crudo.

El fantasma de CAP II merodea y aún produce espanto. Tanto que, el mote de “neoliberal” aún se utiliza para descalificar a quienes se oponen al saqueo de la cosa pública.  El resultado no puede ser otro  que  la negación de la realidad, la alimentación de fantasías  ya irrealizables,  la incomprensión  de la hora crucial que vivimos, el reparto de culpas que libera la responsabilidad oficial,  y el éxito de las teorías  conspirativas.  Sacrificar la verdad en aras de lo políticamente conveniente significa optar por los beneficios del corto plazo, en un país requerido de un gran esfuerzo de comprensión colectiva  para su recuperación en el largo plazo.

3.- Escudriñando en la caja  negra

¿Por qué no hacer política tomando al toro por los cachos?  ¿Por qué se impone la pretensión de noseñalar abiertamente la verdad de nuestra situación como país, sin diagnosticar nuestros males, sin mencionar las tareas que ineludiblemente habremos de acometer para salir del atolladero chavista? Varias explicaciones tentativas aparecen:

¿La verdad no  libera?

En primer lugar, está la posibilidad de que la mayor parte de nuestro liderazgo no comparta la idea según la cual “la verdad nos hace libres”. Tal vez prefieran hacer política obviando las referencias a esaverdad, y sin explicar cómo concebimos las cosas. De acuerdo con esto, defender aquello dado por verdadero, podría resultar políticamente inconveniente, un ejercicio poco práctico de virtuosismo académico al que sólo se dedican quienes “no tienen burdel político”.

Esta primera explicación nos podría llevar a una conclusión: muchos de nuestros líderes entienden la política como un campo en el que sólo es posible avanzar mediante argucias tácticas y medias verdades. Y ello cuando no sea necesario apelar a vulgares mentiras. De ser cierta esta explicación, podemos imaginar a una buena parte del liderazgo opositor, incrédulo frente a la capacidad de la gente para optar por lo grande y honesto.

De acuerdo con esta interpretación, la gente preferiría sacar su tajada, sin importar cómo la obtiene. El problema de los políticos que juzgan de este modo a la gente es que no estarán dispuestos a subir el nivel, a mostrar un camino distinto al existente, a marcar un norte que implique un esfuerzo colectivo, sino que simplemente se limitarán a maniobrar en medio de la tragedia, intentando sobrevivir hasta que algún día el viento sople a favor y todo se acomode favorablemente, tomando lo que se pueda cuando se pueda.

Políticos de esta factura no estarán en capacidad de mirar a los ojos a sus conciudadanos ni de soportar su mirada crítica, porque con la excusa de que la gente es mediocre, ellos mismos no habrán estado en disposición de superar esa mediocridad.

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No pedir peras al olmo

Pero también podría ocurrir que las cuentas sacadas por Luis Molina, el taguarero, no aparezcan en la habilidad interpretativa del hecho político, por parte del sector opositor. Es decir, sus debilidades prácticas y discursivas no se deben a una opción deliberada, sino a una velada incapacidad.

No se trataría de no querer explicar los verdaderos motivos de nuestra crisis nacional, sino de ser sencillamente incapaces de ofrecer una explicación al respecto que vaya más allá de decirnos que el chavismo es corrupto y hambreador.

El problema con buena parte de nuestro liderazgo, si ésta llegare a ser la interpretación correcta, es que no está ni estaría en capacidad de conducir los esfuerzos colectivos hacia una situación superior a la ya padecida.

La  diversidad  como obstáculo para la  unidad

Una tercera interpretación de las debilidades opositoras, se sostendría en sus profundas diferencias internas. De acuerdo con esto, quienes encabezan el liderazgo opositor mantienen entre sí tantas discrepancias de criterio, talento y coraje que simplemente no habría modo de actuar concertadamente. En tales circunstancias se haría casi imposible separar el grano de la paja.  La consecuencia final sería que los esfuerzos encaminados en la mejor dirección terminen siendo siempre lastrados por los intereses más pequeños y mezquinos, por los criterios más cortos y miopes, por los ánimos más vacilantes y pusilánimes. 

4.- En definitiva…

Independientemente de cuál sea la interpretación más acertada de las falencias de nuestro liderazgo, lo cierto es que su resultado vendría a ser  la incapacidad para cristalizar una opción unitaria de poder, con un relato unificado acerca de lo que pasa en el país, capaz de entusiasmar y guiar eficazmente a una población que, tal como demuestran ya todas las encuestas, está absolutamente obstinada y desengañada con el régimen que preside Maduro. Pero, ante el terrible curso de los acontecimientos, y frente a una situación  tendiente a empeorar  en los próximos meses, estas debilidades del liderazgo opositor, ya revisten características trágicas en el presente y probablemente  en el futuro inmediato de la nación.