Si se quiere el cambio es hora de que se le ofrezca a los aliados de Maduro una salida segura de Venezuela

Por Redacción @konzapata.- Polémico editorial hoy de The Financial Times. El periódico de Londres plantea un panorama más que sombrío para la Venezuela de 2017. Observa a una oposición que amaneció 2016 unida y lo termina fracturada.


Por Redacción @konzapata.- Publicamos a continuación el texto íntegro del  editorial hoy de The Financial Times. El diario señala que “El “costo de la salida” para los funcionarios comprometidos que se aferran al poder por miedo a la cárcel también debe bajar. De lo contrario, su incentivo es aferrarse a toda costa”. El medio de Londres se pregunta: “Pero, ¿cómo proporcionar una salida segura?”. Y se responde: “Esta podría ser una oportunidad para que el presidente electo de Estados Unidos muestre su destreza empresarial. Donald Trump, que se ha comprometido a ayudar a los venezolanos “oprimidos”, podría cerrar un trato con altos funcionarios organizando, digamos, su exilio a terceros países”. Pero leamos el texto completo:

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“Este año, los venezolanos desesperados vendieron su pelo para llegar al fin de mes. La producción de petróleo se desplomó y la economía, a pesar de contar con las mayores reservas de energía del mundo, coqueteó con un default. La oposición ganó el control del Parlamento, naciones anteriormente amigas expulsaron a Venezuela del acuerdo regional Mercosur, y un tribunal estadounidense condenó a dos sobrinos del presidente Nicolás Maduro por narcotráfico. Sin embargo, el impopular gobierno socialista de Caracas se ha mantenido en el poder. Lamentablemente, es poco probable que 2017 sea menos sombrío. El señor Maduro probablemente permanecerá en el poder y Venezuela seguirá cumpliendo con los pagos de los 125.000 millones de dólares de deuda externa, aunque a duras penas en ambos casos.

Tomemos la política primero. La oposición comenzó 2016 unida y con la esperanza de que su mayoría parlamentaria le permitiría llamar al gobierno a responder por sus acciones. En su lugar, terminó el año fracturada y con el Parlamento castrado por el Tribunal Supremo controlado por el gobierno. Un importante punto de inflexión se produjo en septiembre, cuando el Sr. Maduro canceló un referéndum contemplado constitucionalmente que buscaba sacarlo de su cargo. Las protestas masivas de la calle de la oposición intentaron que se convocase la votación, pero fallaron. Conversaciones posteriores mediadas por El Vaticano se derrumbaron después de que Maduro renegó de sus promesas iniciales. Por lo tanto, el Gobierno comienza 2017 en una posición política más fuerte que la de 2016. Cada vez más dictatorial, también existe la posibilidad de que cancele las elecciones presidenciales fijadas para principios de 2018.

La mala administración económica sigue siendo su punto más débil. Las importaciones han caído un terrible 71 por ciento desde que los precios del petróleo alcanzaron su punto máximo en 2012. Una inflación de tres dígitos y la corrupción desenfrenada empeoran las cosas. Toda revolución socialista sufre escasez, mercados negros e ineficiencia. En Venezuela, la diferencia es que mucha de esta actividad delictiva está controlada por actores afiliados al Estado. Esto es especialmente cierto en el caso de los funcionarios que hacen la fortuna arbitrando el control de precios y los tipos de cambio múltiples, lo que explica en gran medida el porqué de estas políticas siguen vigentes.

Esto explica también en parte por qué Caracas sigue dando prioridad al pago de la deuda sobre las importaciones. En el caso de un incumplimiento en el pago de la deuda, el país vería a sus acreedores apoderarse de los envíos de petróleo, poniendo fin a la entrada de petrodólares y, por tanto, al mecenazgo con el que el gobierno compra apoyos. La voluntad de Caracas de pagar sus deudas nunca ha estado en duda. El reciente aumento de los precios del petróleo significa que ahora tiene mayor capacidad para pagar.

¿Qué podría cambiar esta dinámica en 2017? El factor económico determinante es el precio del petróleo, pero esto está fuera del control de Venezuela. El factor político determinante es la fuerza relativa del Gobierno sobre la oposición. Aunque dividido internamente, el Gobierno tiene una estructura de mando unificada. También controla todas las instituciones importantes, incluido el ejército. La oposición tiene fuerza moral, buena voluntad internacional y apoyo popular. Estos no son suficientes para amenazar al gobierno, ni siquiera para sostener el orden constitucional.

Para que esto cambie, el “costo del apoyo” para los aliados de Maduro, especialmente el ejército, debe aumentar. Eso podría suceder si las condiciones empeoran tanto que los venezolanos de todos los espectros, incluyendo el 20 por ciento que sigue a favor de Maduro, comienzan a protestar en forma sostenida. El ejército podría cambiar de lado. El “costo de la salida” para los funcionarios comprometidos que se aferran al poder por miedo a la cárcel también debe bajar. De lo contrario, su incentivo es aferrarse a toda costa.

Pero, ¿cómo proporcionar una salida segura? Esta podría ser una oportunidad para que el presidente electo de Estados Unidos muestre su destreza empresarial. Donald Trump, que se ha comprometido a ayudar a los venezolanos “oprimidos”, podría cerrar un trato con altos funcionarios organizando, digamos, su exilio a terceros países. Tales esquemas son siempre polémicos, pero en este caso, si incitan una transferencia de poder, pueden ser bienvenidos”.