Dividir a la Oposición entre colaboracionistas y proscritos es el escenario electoral que se cocina

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Desde el punto de vista opositor la exitosa política electoral emprendida en 2006, y que alguien denominó como “acumulación de fuerzas”, es decir, ir rebanando el poder chavista en los sucesivos comicios, está en entredicho. Maduro manosea la posibilidad de cambiar las reglas del juego, bien sea suspendiendo indefinidamente cualquier consulta electoral o convocándola dividiendo a la Oposición entre inhabilitados y participacioncitas. El escenario Nicaragua 2016 o Pérez Jiménez 1952. 


Pedro Benítez.

Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- El problema político central del país para los próximos 23 meses (ya se fue enero) es que el PSUV y sus afines no pueden ganar ninguna elección más o menos libre y democrática, incluso con este CNE.

Ni las de gobernadores, ni las de concejos comunales que hace años se suspendieron. La prueba más evidente de esto es que no se han atrevido a convocar la elección para los tres diputados del estado Amazonas a la Asamblea Nacional que el propio partido oficial impugnó hace más de un año. En otra demostración pública de quien manda sobre el Poder Electoral, Nicolás Maduro anunció que esa consulta se efectuaría el pasado 20 de diciembre y hasta envió a Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez para reconocer el terreno. Así estarán las cosas que se han hecho los locos con un proceso que supuestamente se gana con gasolina y motores fuera de borda.

Hasta ahora Maduro ha realizado todo tipo de malabarismos entre los distintos grupos del chavismo para acrecentar su poder interno, pero todo eso tiene el destino de estrellarse contra la pared del rechazo popular. La situación electoral del oficialismo no ha mejorado un ápice desde los catastróficos resultados del 6 de diciembre de 2015. Todo lo contrario. Ese es el dato duro.

En los cálculos del alto gobierno se supone que el aumento de los precios del petróleo (se duplicaron durante 2016) y los CLAP contribuirán a incrementar el apoyo de los electores al oficialismo. Pero, según los estudios de opinión correspondientes a este mes de enero, está ocurriendo todo lo contario. Gracias a su gesta para retirar el billete de 100 bolívares Maduro perdió todo lo que ganó con el dialogo y su aceptación estaría en 11%. Como además juega para él (se quiere quedar en la silla presidencial más allá del 2019) está arrastrando a todo el chavismo consigo.

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua.

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua.

Por lo tanto, el Gobierno tiene dos opciones: O no se cuenta más nunca en ningún tipo de elección, asumiendo el camino de la dictadura dura y pura, lo que terminaría de aislarlo internacionalmente y no le garantiza la unidad político-militar interna necesaria. O aplica el escenario Nicaragua 2016, alternativa que varios analistas han previsto.

En el reciente proceso electoral que le otorgó un cuarto período presidencial, Daniel Ortega haciendo uso del control que ejerce sobre las instituciones de ese país, “escogió” a sus contendores. Inhabilitó a unos partidos en favor de otros. La consecuencia fue la división de la oposición nicaragüense, donde el grupo afectado boicoteó las elecciones llamando a la abstención y acusando a los que si participaron de ser colaboracionistas que responden a los intereses del Presidente y su esposa.

Tan descarada fue la maniobra, que hasta el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua sintió la necesidad de anunciar públicamente que no votaría.

¿Resultado? Daniel Ortega fue reelegido con el 72% de los votos válidos (llevando a su primera dama como vicepresidenta) y consolidando su poder, pese a que la abstención dejó la participación en 62% y en algunos lugares de la costa Caribe fue casi absoluta.

¿Puede Maduro replicar en Venezuela la misma estrategia de Ortega? Aunque suena tentador hay diferencias. Para empezar el Frente Sandinista (FSLN) goza de lejos de mucha más fuerza electoral y social en Nicaragua que el PSUV en Venezuela.

Por otro lado, la economía de Nicaragua, que tiene (por cierto) un tratado de libre comercio nada más y nada menos que con Estados Unidos, pasa por un buen momento. Si quisiéramos comparar, la posición de Daniel Ortega se parece a la que tenía Hugo Chávez en 2006 y no a la que tendrá Maduro, o el candidato presidencial que presente el chavismo, el año que viene.

De modo que lo que Ortega acaba de hacer en Nicaragua para darle otra vuelta de tuerca a su régimen autoritario y familiar (exactamente contra lo que se hizo la revolución sandinista en 1979) fue posible porque tiene apoyo popular.

Pero si uno quiere considerar ese escenario electoral para Venezuela basta con revisar nuestra propia historia; la maniobra de Daniel Ortega que relatamos no fue muy distinta a la que intentó el general Marcos Pérez Jiménez en 1952 para legitimar, mediante la convocatoria de una constituyente, el poder de facto que el alto mando militar ejercía en nombre de las Fuerza Armada.

Marcos Pérez Jiménez.

Marcos Pérez Jiménez.

La historia fue muy parecida: El principal partido político del país que a todas luces podía ganar de calle las elecciones, Acción Democrática, esta ilegalizado y proscrito. Sus líderes presos o exiliados. El Partido Comunista también estaba fuera de la ley porque en esos días de la Guerra Fría el anticomunismo era la justificación internacional de la dictadura. Sólo quedaban URD y Copei, con Jóvito Villalba y Rafael Caldera respectivamente, como los partidos de oposición más o menos tolerados. El Gobierno presentó su propia organización, el FEI, y con ese cuadro convocó a elecciones.

La dirección de AD lógicamente calificó aquel proceso de farsa y llamó a la abstención. El hecho de que en la práctica su participación “legitimara” esas elecciones no les ahorró todo tipo de hostigamiento y agresiones físicas a urredistas y copeyanos por parte del régimen militar. Para resumir la historia, es de todos conocidos que pese a ese cuadro y con todas las ventajas de su lado, la dictadura perdió esas elecciones.

Pérez Jiménez convocó ese proceso porque pensó con muy buenos motivos que las podía ganar. Como no se quiso arriesgar más pretendió saltarse la elección de 1957 y eso fue lo que le costó el poder.

Hoy esa es la estrategia electoral que Maduro y el alto mando político del oficialismo están considerando en su obsesión por conservar el poder a toda costa. Inhabilitar a Voluntad Popular y a Primero Justicia, junto con sus candidatos. Lo mismo con la tarjeta de la MUD que es la más votada del país. Dejarán participar a las organizaciones y candidatos que crean menos daño les pueden hacer y de paso dividirían a la Oposición.

Sin embargo, en cualquiera de los dos escenarios que considera el Gobierno, hace falta algún tipo de apoyo popular. Incluso la más sangrienta de las tiranías requiere del respaldo de al menos un sector de la sociedad. Hitler y Stalin son el mejor ejemplo. Las dictaduras no se sostienen en el aire. Los dictadores someten a una parte de la población con el apoyo de la otra parte.

Y lo que estamos viendo, es que al poder chavista cada vez le queda menos de esa otra parte.