El día de Julio Borges y los 4 puntos del plan político 

Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- Los fogonazos que disparó Julio Borges en el hemiciclo de sesiones iban dirigidos al Gobierno y a la propia Oposición. A pesar de las dificultades en el protocolo que generó la masiva asistencia de activistas de Primero Justicia y de algunas amargas críticas por el callejón de honor preparado para homenajear a la nueva Junta Directiva, lo que ayer pasó fue aleccionador: Sin traumatismos, los blancos le entregaron a los amarillos la presidencia de la Asamblea Nacional, ejemplo que debe servir para recordar qué es lo que debería suceder en un sistema democrático.


nueva-asamblea-nacionalPor Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- Fuera del Palacio Federal Legislativo, a eso de las 11 de la mañana de ayer, parecía que algo se iba a desbordar. Pero no por violencia, sino por la gran cantidad de activistas del partido Primero Justicia que esperaban para entrar por el único acceso permitido: La esquina de Pajaritos, sede administrativa de la Asamblea Nacional. Unos metros más adelante, los activistas del PSUV coreaban sus acostumbradas consignas en contra de todo individuo sospechoso de cometer el delito de oponerse a Nicolás Maduro. No pasó a mayores. El resto de los accesos estaba fuertemente custodiado por efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Policía Nacional Bolivariana (PNB). La sangre no llegó al río. No hubo otro asalto al Palacio Federal.

Puertas adentro, superados los múltiples cordones policiales y militares, había que superar otros varios cordones de personal de protocolo, quienes exigieron a los medios de comunicación  utilizar cintas de color amarillo para ingresar al palco de prensa. Cuando los brazaletes se terminaron, todo aquél periodista rezagado no pudo completar la odisea. Y los periodistas de los medios de comunicación digitales quedaron excluidos “sin excepción”. Y es que la gente era mucha. Por allí desfilaron Henrique Capriles y Henri Falcón –gobernadores de Miranda y Lara-; alcaldes como Ramón Muchacho; Lilian Tintori; decenas de funcionarios adscritos a la gobernación del estado Miranda; y activistas amarillos que no disimularon sus banderas partidistas en algunos pasajes. Así las cosas, tanto el hemiciclo protocolar como el hemiciclo de sesiones, estaban a reventar de gente. No cabía un alma.

Primero accedieron al hemiciclo los diputados de la MUD. Y luego, en bloque, juntos, como ellos acostumbran, los diputados del chavismo. El hoy presidente de la Asamblea Nacional, Julio Andrés Borges (PJ), ingresó al hemiciclo con su esposa y con Henry Ramos Allup (AD) presidente saliente del Parlamento. Como en aquellos 40 años, el civilismo fue la nota resaltante del momento. Al país le hacía falta ver la transmisión de poder entre dos demócratas civiles, costumbre que se perdió a lo largo de 17 años. Tal cosa no debió haber sido del agrado de Nicolás Maduro, quien prefirió ordenar una cadena nacional mientras Borges desarrollaba su discurso de apertura, mientras desde la mesa directiva observaron atentos el vicepresidente, Freddy Guevara (VP), y la segunda vicepresidenta, Dennis Fernández (AD), quien tampoco perdió ocasión para asistir impecablemente vestida de blanco.

Borges prometió unos fogonazos. Sus fogonazos tuvieron 4 puntos esenciales:

La Fuerza Armada.

La economía.

Las elecciones.

Y la unidad.

El primero fue uno de los que más arrancó aplausos. Señaló Borges que “revisaremos caso por caso, para no permitir que una minoría en la Fuerza Armada, que se ha dedicado al narcotráfico y a la violación de los derechos humanos, dañe el honor del resto de los militares”. Tal mensaje, seguramente, habrá caído como un gancho al hígado entre ciertos funcionarios del chavismo, quienes juran que nadie se ha dado cuenta de sus andanzas.

Sobre el tema económico, Borges –quien desde sus inicios en Primero Justicia acostumbra a dar ruedas de prensa sobre la materia-, expresó que “el reto es desmantelar el Estado petrolero y corrupto. Debemos construir una Venezuela productiva y de propietarios, con un gobierno al servicio de los más pobres”. Eso lo dijo después que retrató lo que ya nadie puede ocultar: Los venezolanos que ya pasaron al nivel de la indigencia para hurgar en la basura. Los nuevos pobres del chavismo. La consecuencia del despilfarro y de las “ideas locas” de los administradores de los dineros públicos.

En cuanto al tema de las elecciones, esbozó el nuevo presidente del Parlamento la tesis conocida: El camino es electoral, aunque no dejó de prometer que en los próximos días se iniciará el procedimiento para la declaratoria de abandono del cargo por parte Presidente de la República, idea que fue propuesta originalmente por su antecesor, Henry Ramos Allup, a quien por cierto, le dedicó un sentido “homenaje” con aplausos de pie en el hemiciclo.

Pero esas elecciones hay que buscarlas. No llegarán del cielo. Y menos con un régimen al que calificó de “dictatorial”. Falta el plan político. De eso debe encargarse la MUD, antes que el régimen vuelva a sorprender a la Oposición con una estrategia de las que solamente ellos acostumbran. Por algo Borges tocó el cuarto punto: La unidad. Expresó que “solos no podemos vencer juntos a la dictadura. Aquí no hay nadie que pueda dar esta batalla solo”.

Ese mensaje fue un dardo directo a quienes se han dedicado a dinamitar a la Unidad. ¿Habrá calado la idea o todavía será menester insistir en ella?

Justo en el minuto que culminó el discurso de Borges –que algún diputado opositor calificó como “lleno de contenido”-, la bancada chavista se retiró en grupo sin esperar a que la mesa directiva informara del cierre de la sesión. Héctor Rodríguez, jefe del bloque chavista, al observar que una alfombra roja aguardaba para cerrar con broche de oro la “coronación” de Borges, expresó entre risas que el color de la alfombra se parecía a su corbata. A Pedro Carreño no le hizo gracia el “callejón de honor” preparado para la Junta Directiva entrante, y al ver que no podía salir, prefirió lanzar un par de groserías que no reproduciremos aquí.

Ese callejón –adornado con flores- conducía a un escenario en el que sonaron las notas del himno nacional, y posteriormente, música tradicional venezolana. No faltaron quienes criticaran amargamente la pompa. Pero una fuente reveló a KonZapata que se procedió de tal manera porque “el jefe de protocolo decidió rescatar la tradición”.

Y mientras aquello ocurría, Henry Ramos Allup cruzó la puerta que da acceso al hemiciclo. Sin escándalo, regresó a su oficina. Allí, condecoró a varios parlamentarios. Ya está listo para ser un diputado “raso”. Sin traumatismos, así fue como los blancos le entregaron a los amarillos la presidencia de la Asamblea Nacional.