Qué es lo que persigue el Gobierno con la estrategia del cono monetario politizado

Por Orlando Zamora.- Mayor austeridad en las compras, hacer más lenta la realización de las ventas, estimular el uso de la Tarjeta de la Patria, facilitar los controles, secar efectivo de las zonas fronterizas, esto último acompañado de las siete casas de cambio gestionadas por el gobernador del Táchira, José Vilma Mora, y la Sudeban, promocionando un bolívar “fortalecido” frente al signo monetario de un país como Colombia que crece y estabiliza su economía cada día.


Por Orlando Zamora.-En condiciones institucionales normales, con una autoridad monetaria autónoma y bajo un liderazgo de las finanzas públicas provisto de objetivos claros,  la actualización del cono monetario es un hecho si se quiere esperado y  hasta deseable para contrarrestar los embates inflacionarios y facilitar las transacciones cotidianas.

José Gregorio Vielma Mora, gobernador del estado Táchira.

José Gregorio Vielma Mora, gobernador del estado Táchira.

Pero en medio de la actual tormenta perfecta que atraviesa la economía venezolana, sin reservas en divisas para cancelar ni siquiera la sustitución de los billetes de 100 bolívares próximos a ser destruidos en los hornos de incineración del BCV, más la presencia de un equipo económico de improvisados, reforzado con Ramón Lobo el mejor orador de loas de los fracasos del modelo socialista, proveniente primero del PCV y ahora convertido en vocero gladiador del PSUV, no se augura la mínima esperanza de revisión del modelo o cambio de rumbo. Lobo no cuenta con experiencia en la dirección de la Hacienda nacional.

En consecuencia la imposición desordenada de la nueva familia de billetes seguirá su curso en zigzag,  al propio tiempo que se otorgan lapsos breves de muerte, casi intermitentes al antiguo y glorioso billete “marrón”. Demasiada insistencia en erradicar el billete de 100, casi en horas. Y el descarado uso político que se ha hecho de lo que debería ser una sagrada política monetaria sana, desprejuiciada, revela el verdadero carácter de una maniobra preconcebida de dudosos resultados.

El presidente Nicolás Maduro al conceder la última prórroga de 18 días, afirmó que sólo faltaban por recoger 100.000 millones de bolívares en billetes de 100. Obviamente de seguir así los recogerán todos (no lo creemos posible). ¿Cómo queda entonces la justificación de quemarle las manos a las mafias o a los falsificadores de Europa del Este? Hay mucho de mentiras en los discursos presidenciales y ministeriales recientes, que tocan ese tema. Ningún mafioso acumula billetes que ni siquiera añora el más patriota de los venezolanos, menos los querrán operadores de cambio expertos. En tanto, qué decir de los falsificadores del mundo que buscan el mejor papel moneda en circulación. Se sabe que no imprimen billetes en forma masiva, porque revelan así sus propósitos, lo hacen en forma gradual y artesanal, por lo tanto no requieren gastar 30.000 millones de dólares para adquirir la mitad de los billetes marrones. No tiene sentido  perder y no procurar ganar en tal empresa. No demandan tanto papel de ese tipo ni involucran una fuerte inversión.

Las mentiras siguen. No aparecen los billetes de bolívares 500, 1.000 o 5.000, a pesar de más de cinco anuncios oficiosos, con aviones incluidos, que teniendo nosotros la paciencia de multiplicar las cantidades dichas y los valores nominales involucrados, alcanzan a 112,4 millones de billetes nuevos (unos 133.000 millones de bolívares) para reemplazar 6.100 millones de billetes de 100 (610.000 millones de bolívares).

La prensa oficialista se atreve a anunciar 156,9 millones de piezas de papel moneda y siete millones de monedas acuñadas (totalizan unos 158.000 millones de bolívares).

En el primero de los casos apenas su sustituye el 22% del valor en bolívares de los billetes que están esperando en el pabellón de la muerte. En el caso optimista de la prensa pro gubernamental se reemplaza apenas el 26% del valor en bolívares de los billetes condenados.

¿Qué significa todo esto?

Que nos mienten. Jamás sustituirán el 100% de los viejos billetes de 100. No tienen ni tiempo ni divisas para hacerlo y lo peor: No quieren hacerlo. Lo que persiguen esdestruir parte de la base monetaria emitida por el BCV al no reproducirla y la mayoría de los billetes se convirtió en depósitos bancarios y el papel moneda recuperado se le cedió al Instituto Emisor. Los bancos recibirán con cierta lentitud billetes nuevos, en la medida que el BCV lo considere conveniente o tenga disposición de ellos. A todas estas, habrá que activar aún más los medios de pagos electrónicos con las dificultades conocidas: carencias de puntos comerciales suficientes, trabas en las comunicaciones o confirmaciones. Por otro lado, la descapitalización en moneda extranjera le impide a la banca aumentos en la inversión de sus plataformas informáticas.

¿Qué se persigue con esta conducta oficial?

Mayor austeridad en las compras, hacer más lenta la realización de las ventas, estimularel uso de la Tarjeta de la Patria, facilitar los controles, secar efectivo de las zonas fronterizas, esto último acompañado de las siete casas de cambio gestionadas por el gobernador del Táchira, José Vilma Mora, y la Sudeban, promocionando un bolívar “fortalecido” frente al signo monetario de un país como Colombia que crece y estabiliza su economía cada día. Al parecer será una especie de Dicom, cuyos precios serán teledirigidos discrecionalmente por drones piloteados a distancia tanto por la autoridad monetaria como la gobernación del Táchira. También para combatir de paso al dólar paralelo, baluarte del ejército mercenario internacional que nos rodea y principal enemigo del régimen.

Muy lamentable para todos, serán los días posteriores al 20 de enero próximo. (Sino se produce un chance de prorroga más). Entonces, la tormentosa historia del cono monetario, politizado, abrirá nuevos capítulos de problemas con los medios de pagos de los ciudadanos desbancarizados y de los muchos que reciben sus pensiones en instituciones bancarias. En los bancos aumentarán los dolores de cabeza con el funcionamiento de los sistemas digitalizados pues la Sudeban les prohíbe los cierres temporales para el necesario mantenimiento sino son solicitados con 10 días de antelación.

El viacrucis seguirá su marcha en las distintas estaciones o paradas de esta interminable pasión “hecha en socialismo”.