Que esta vez la MUD vaya al diálogo con un plan concreto

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- ¿Dónde estuvo el problema? No fue un asunto de negociadores. El problema no estuvo en Timoteo Zambrano, ni en Carlos Ocariz, ni Henri Falcón, ni Luis Aquiles Moreno, ni Jesús Torrealba. El problema, de cabo a rabo, estuvo en la falta de una política. Hagamos memoria.


Juan Carlos Zapata.

Juan Carlos Zapata.

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Hay que preguntarse el por qué de los resultados del diálogo en 2016. ¿Por qué El Vaticano envió a un mediador ingenuo? ¿Por qué José Luis Rodríguez Zapatero sólo pensaba en el Premio Nobel de la Paz? ¿Porque Nicolás Maduro es un genio y confundió a todos los factores? ¿O por qué la Oposición se sentó a la mesa sin un plan específico? Calibremos de verdad. ¿Dónde estuvo el problema? No fue un asunto de negociadores. El problema no estuvo en Timoteo Zambrano, ni en Carlos Ocariz, ni Henri Falcón, ni Luis Aquiles Moreno, ni Jesús Torrealba. El problema, de cabo a rabo, estuvo en la falta de una política. Hagamos memoria. Recuento de una MUD que primero reivindicó la necesidad de que El Vaticano estuviera en la mediación porque no creía ni en Unasur, ni en Zapatero y luego, a la hora de la verdad, cuando el Papa dijo sí, no sabía si sentarse o no a dialogar. Entonces, las contradicciones ya estaban en marcha. Las ambiciones también. En algún momento de mediados de años se consideraba que el Gobierno -dada su debilidad en las encuestas, la comunidad internacional y el entorno local- estaba contra las cuerdas. Ello desató las ambiciones de las candidaturas presidenciales. Y en torno a los candidatos los grupos. Mientras, al chavismo lo sostenía sólo un plan para el que jugó cuadro cerrado: Quedarse en el poder. En tal sentido, el Gobierno hizo de todo, hasta destaparse y declararse en “desacato” constitucional. O sea, dictadura. La MUD sabía que si el Gobierno admitía el Referendo Revocatorio iría a una muerte segura. Por tanto, haría lo posible para evitarlo. De allí las alcabalas. De allí el TSJ. El CNE. Y los tribunales. A la MUD se le dijo: El RR es la vía más complicada porque Nicolás Maduro posee los mecanismos para evitarlo y Maduro no es Chávez, ni la Venezuela electoral de Maduro es la Venezuela electoral de Hugo Chávez. Maduro no quiere contarse. No ahora. Maduro quiere ganar tiempo. Todo esto lo manejaba la dirigencia de la MUD que, sin embargo, se sienta, a regañadientes, a la mesa de diálogo, sin un plan estratégico a pesar que algunos voceros habían adelantado que no se levantarían del diálogo hasta alcanzar resultados concretos. Pero ese plan no existió. Porque en la MUD se hablaba de cambio de Gobierno y sin embargo, cada grupo, cada dirigente, cada parcela, poseía su propia agenda. Cuando se sentaron por primera vez el único presente era Torrealba quien luego dijo a KonZapata que la verdad es que ninguno de los factores quería tomar el costo político cuando en verdad el diálogo era una oportunidad para quedarse, para insistir en la vía electoral. Sobre todo cuando de parte de Unasur o de los ex presidentes o de El Vaticano no ha habido medias tintas. Es decir, se ha apoyado a la Asamblea Nacional y el respeto a los poderes, se ha apoyado la causa de los presos políticos, se ha apoyado el discurso de un giro en política económica y hasta se ha apoyado la propuesta del canal humanitario. La MUD no puede quejarse del espaldarazo de El Vaticano, ni de mensajes más transparentes que la carta de Pietro Parolin y la papaposición del Padre Arturo Sosa que sin voto no hay democracia. Los ex presidentes han sido claros desde la primera rueda de prensa de mayo de 2016, y no se diga lo que han repetido la Conferencia Episcopal y el Nuncio Apostólico. ¿Qué quiere la MUD? ¿Qué le escriban en una cartilla lo que debe hacer? El Papa lo dijo desde un principio. Compromiso y seriedad. Más tarde habló de valentía. Y otra vez vuelve a ratificar en El País de Madrid que la Santa Sede no es intermediaria, es mediadora, y esto significa compromiso y riesgo. Justo lo que le hace falta a la dirigencia opositora a la hora de acordarse y plantearse una política unitaria, una estrategia unitaria. Por supuesto, cuando el Gobierno observó las contradicciones, comenzó a jugar con las coberturas que le proporcionaba el diálogo. ¿Y qué pasó? La MUD terminó en 2016 más dividida que nunca. Mirándose al ombligo. Y de paso, reflexionando, y buscando recomponerse. Fue cuando Henrique Capriles lanzó la bomba de los dineros y la corrupción. ¿Era esa acaso una política de Zapatero? ¿O de Unasur? ¿O del Papa? Hay que ser serio. Ni el Papa ni Zapatero buscaban tal resultado. Por el contrario, el inventario de lo dicho da pie para pensar que abogan por una línea para que el diálogo avance, y bajen las fuerzas que mantienen a este país postrado. Van casi 20 años de polarización. ¿Nos merecemos acaso veinte años más? Que bajen las agendas personales. Que aparezca el compromiso histórico. O para usar las palabras del Papa en El País: “Diálogo. Es el consejo que doy a cualquier país. Por favor, diálogo. Como hermanos, si se animan, o al menos como civilizados. No se insulten. No se condenen antes de dialogar”. Comienza una nueva etapa. Hace un par de semanas adelantamos en KonZapata la carta que traían bajo manga los ex presidentes, El Vaticano y Unasur. Son los mismos que intentan relanzar el diálogo. Y son los mismos que otra vez han ido hasta la Asamblea Nacional a expresar apoyo no a Julio Borges sino al poder que representa el Parlamento en una democracia. Qué otras señales aspira la MUD para reaccionar y acordarse en una política. Mientras no haya unidad de verdad, Maduro y su Gobierno seguirán fortaleciéndose, haciendo de las suyas. Y decir de las suyas cabe aquí como un concepto amplio y concreto. Todos lo sabemos.