La estrategia de la doble tenaza del Gobierno puede ser derrotada

Por César Morillo @cesarmorillo7.- Pero la crisis no puede írseles de las manos, nunca el caos. En ese caso corren el riesgo de una anomia social y la ingobernabilidad se los pudiera tragar. Por ello aplican lo que pudiéramos llamar la estrategia de la doble tenaza. O sea, por un lado fortalecen el aparato represor militar-cívico, lo de cívico son sus bandas armadas por supuesto, y por el otro intentan mantener a una clientela satisfecha, los CLAP.


Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Por César Morillo @cesarmorillo7.- Vivir en la crisis y de la crisis es una decisión. Es la estrategia de quienes gobiernan en Venezuela. Así de sencillo. Les sirve para mantener en estado de tensión a los suyos y para alimentar la polarización. Veamos.

Con la crisis y con el relato del saboteo económico y el inminente golpe de Estado como causal, han gobernado bajo decretos de emergencia estos años. La crisis les sirve para apaciguar  la crítica interna, muy crecida por estos días. ¿Quién se atreve a abrir un frente interno ante el peligro que asecha desde afuera? Tampoco están obligados a gobernar, entendido como tal el arte de buscar soluciones estables y a largo plazo para los ciudadanos.

Por supuesto que hay ineptitud, desidia, ignorancia y corrupción en quienes gobiernan como para regalar en cantidades. Es una de sus características estructurales. Pero la crisis le sirve de coartada argumental. Así que mientras la Oposición la ve como el preámbulo del desenlace final, ellos la aprovechan como una oportunidad. Como una excusa para, sin gobernar, mantenerse en el poder.

Pero la crisis no puede írseles de las manos, nunca el caos. En ese caso corren el riesgo de una anomia social y la ingobernabilidad se los pudiera tragar. Por ello aplican lo que pudiéramos llamar la estrategia de la doble tenaza. O sea, por un lado fortalecen el aparato represor militar-cívico, lo de cívico son sus bandas armadas por supuesto, y por el otro intentan mantener a una clientela satisfecha, los CLAP. Ya lo ha dicho Maduro, su meta es pasar de los 12 millones de afiliados con el llamado “Carnet de la Patria”. Todo un aparato logístico e informático que constituye una data clave mediante la cual pretenden controlar el suministro de alimentos. “Aquí come el que esté con nosotros” parece ser el mensaje explícito. Y mientras cierran el círculo de dominación, no convocan elecciones, puesto que en este momento las perderían.

No es que renuncian definitivamente a ellas, no. Es que después de la derrota parlamentaria no se atreven a que les quiten el ropaje delante de los suyos. Demasiado riesgo para un movimiento que desde su llegada al poder conducido por su difunto líder, se ufanó de ganar cuanta elección le pusieran por delante.

Diosdado Cabello, diputado.

Diosdado Cabello, diputado.

Pero no nos engañemos, ellos necesitan de unas elecciones. Amañadas, controladas, con una oposición dividida, con un CNE dispuesto a transgredir más límites, más de los que ha traspasado hasta ahora. Ahí tienen el ejemplo nicaragüense, en donde Daniel Ortega acaba de imponerse sin contar siquiera con oposición real. Antes se encargó de colocar al margen de la ley a los partidos opositores. Aquí Diosdado Cabello ya hizo la advertencia, “los partidos opositores están ilegales por falta de recaudos y la MUD por tramposa”.

Ahora bien, la sociedad también juega. Esa estrategia de la doble tenaza cuenta con serios obstáculos para su éxito. El primero y más notorio es la ausencia del líder carismático que Maduro nunca será, aun volviendo a nacer. El segundo, no de poca monta, es la ausencia de recursos para su implementación. Se les fue la época de las vacas gordas y dilapidaron oportunidades y recursos que terminaron parando en las arcas de la camarilla gobernante y sus operadores financieros. Adicionalmente, la capacidad del PSUV como partido soporte y maquinaria electoral está mermada, muy mermada. Ya las lealtades no se garantizan con un nuevo carnet. Muchos lo tomarán, lo usarán y luego les darán un puntapié por el trasero.

Por último está la sociedad en su conjunto, que ha demostrado una infinita vocación de resistencia al proyecto hegemónico.

Es aquí donde debemos enfocarnos. Más que una coordinadora de partidos de oposición requerimos un movimiento lo suficientemente amplio para que entren todos quienes están insatisfechos. No hablamos siquiera de un proyecto o programa común, no. Hacemos referencia a un Acuerdo Mínimo y ese se expresa en la defensa de la Constitución. Ahí queda explícito todo, o casi todo. La ruta democrática, respeto a los DD.HH., en fin. Encontraríamos piso común con sectores chavistas que hoy están enfrentados a Nicolás Maduro y sus pretensiones de perpetuarse en el poder. La crisis actual tiene un rostro humano dramático que se expresa a diario en la escasez de alimentos y medicinas, y en las muertes en manos del hampa, pero su salida es política, y requiere de un gran consenso político, es momento de propiciarlo. La MUD debe dar el paso inicial.

Podrán intentar colocar al margen de la ley a los partidos, pero no podrán desconocer a toda una sociedad articulada, ni con todas las armas del planeta.