La importancia de unificarnos es un reto que nos cuestiona como latinoamericanos

Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD.- Más allá de la alianza de los pueblos, de que somos la misma gente, de los acuerdos que no se cumplen, hoy todavía nuestra región tiene una enorme deuda en el tema de la integración. Todavía no se ha formado el espacio para proponer una lucha sin tregua frente al nuevo presidente norteamericano y su promesa de construir un muro con México. Existe un vacío que no se sabe si se podrá llenar. A veces nuestras conciencias nos hacen estar tan cerca y a la vez tan lejos.


Angel Medina Devis.

Angel Medina Devis.

Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD.- Donald Trump hoy es el hombre a quien se dedican gran cantidad de primeras páginas en los diarios del mundo, muchísimos minutos en la televisión e infinidad de análisis por parte de los opinadores de casi todas las naciones. Es un hombre sin ninguna duda polémico, con un alto contenido nacionalista en sus discursos y acciones, que para muchos en Latinoamérica sigue representando, a casi un mes del inicio de su mandato, una incógnita que sólo el tiempo podrá ir revelándonos.

Todavía no se ha formado el espacio para proponer una lucha sin tregua con este nuevo presidente norteamericano. Existe un vacío que no se sabe si podrá llenar para que muchos “revolucionarios” de la región puedan montarse en el esquema amigo-enemigo, gringo go home o imperio vs. pueblo. No se han pincelado todavía unas líneas claras sobre lo que será la relación con nuestra América, mucho menos con los “libertadores” de los países Alba. Lo que se tiene hasta ahora es la promesa de construir un muro con México, de montar la gran muralla que divide a las dos naciones, y de apalancar su construcción con los impuestos que deban generarse del intercambio comercial que produzca la relación bilateral, incluso con las remesas que millones de mexicanos envían a sus familia.

Esto es una política clara y debe ser  un momento para encontrarnos como latinoamericanos, para ser solidarios con el respeto a nuestros hermanos mexicanos y, sobre todo, para alertar que los muros poco ayudan y así la historia lo ha demostrado, al encuentro entre los pueblos y mucho menos a la construcción de relaciones, culturales, sociales, científicas y económicas sólidas.

Donald Trump, presidente de EE.UU.

Donald Trump, presidente de EE.UU.

Mucho se ha hablado de este muro. Políticos, opinadores, medios, hasta expertos han calculado los costos y el tiempo de construcción. Se han sacado las cuentas del impacto de esta política y se han levantado no pocas voces de protesta hacia esto. Mucho se ha discutido y seguramente se seguirá discutiendo, los propios presidentes Peña Nieto y Trump hablaron, reaccionaron y están fijando posición. Pero la gran verdad es que poco o nada se habla hoy en nuestros espacios naturales para la discusión regional sobre los muros imaginarios que existen entre nuestras naciones y que a conciencia o sin ella, nos empeñamos en fortalecer y, en muchos casos, agrandar.

Más allá de la retórica latinoamericanista, de la alianza de los pueblos, de que somos la misma gente, de los acuerdos que no se cumplen, hoy todavía nuestra región tiene una enorme deuda en el tema de la integración. Basta con revisar nuestras vidas, la de los ciudadanos y constatar cuán fácil puede ser para cualquier persona con nacionalidad latinoamericana desplazarse entre las naciones; estudiar una carrera haciendo uso de varias universidades en diversas regiones como en Europa; tener un documento único de identidad; armonizar nuestras leyes para que sean homogéneas para la región, porque no existe una licencia única de conducir, un roaming de telefonía móvil para la región, medios de comunicación (sin tinte ideologizante) que nos retransmitan; carreteras que unan sin tanto problema; servicios públicos interconectados o simplemente modelos de acción de lo público parecidos.

CAN, Unasur, CELAC, Parlatino, Mercosur, Parlacen, Alba, OEA, son sólo algunas de las instituciones que nacieron para ese fin, el de integrarnos de verdad; son múltiples y variadas, con distintos esquemas de trabajo y actuación, pero incluso con tanta construcción institucional todavía tenemos la enorme deuda de ser verdaderos hermanos. Tenemos muchas cosas en común: El idioma, el clima no es tan diferenciado; la cultura latina; la historia conjunta; nuestra herencia indígena y de la colonia; nuestra idiosincrasia; nuestras desigualdades; nuestra pobreza; nuestra necesidad de más y mejor educación; tenemos mucho que nos une y aún más lo que nos reta, ¿Por qué no aprovechar esas oportunidades? ¿Por qué no avanzar más allá de la retórica oficial?

Quizás sea a esta generación de los millennials, que con su visión globalizante, le corresponda avanzar y consolidar este sueño. Por lo pronto seguimos levantando líneas a favor de un esquema de acciones que nos hagan más próximos y que permitan derribar el verdadero muro, ese de nuestras conciencias que nos hacen estar tan cerca y a la vez tan lejos.