Maduro se ufana de más poder y control militar

Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- Una voz en plena cadena nacional soltó una carcajada mientras uno de los personajes que escenificaba una conversación entre Bolívar y Zamora, olvidaba su parlamento. Este régimen ha demostrado una vez más que es ineficiente, incluso, para montar sus propios teatros. Ese fue un mensaje que dejó el desfile de ayer. Pero hubo otro: El que le mandó al país Nicolás Maduro sin soltar una palabra, con gestos que recuerdan que la profundización de la dictadura va viento en popa, puesto que ya los militares no vacilan en pronunciar este inconstitucional saludo: “¡Chávez vive! ¡Independencia y patria socialista!”.


Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- Ayer hubo bochinche. De ese que le gusta a Nicolás Maduro. Del oneroso. Con pompa de muy mal gusto, pero pompa al fin. Bochinche con teatro, sin nada de pan. Movilización de tropas de los componentes de la Fuerza Armada. Movilización de activistas del PSUV preparados para aplaudir cualquiera de las impertinencias -y expresas violaciones a la Constitución- cometidas en el desfile con la mayor de las impunidades del planeta.

Nicolás Maduro, Presidente de la República y Cilia Flores, primera dama.

Nicolás Maduro, Presidente de la República y Cilia Flores, primera dama.

Cualquiera que haya visto lo que ayer sucedió, y de no ser por la figura de Maduro, creería que se trata de la transmisión de un desfile militar de Corea del Norte. De Cuba. O de cualquier otra dictadura. Hasta eso llegó el país. Pero falta más. El descenso hacia las profundidades de la ignominia es lento. Que nadie piense que ya se ha visto todo. Sería un error. Ese error ya se ha cometido muchas veces desde 1999 hasta finales de 2016, con admisión de culpas incluida por parte de dirigentes opositores. En otros términos, el tema ya no es un secreto para nadie, por fortuna.

Y claro que ayer hubo discursos. De lo que ha dicho el ministro de la defensa, Vladimir Padrino López, ya se ha hablado suficiente. En el desfile cambió de ritmo, pero la letra es la misma. Igual que Nicolás Maduro. Igual que todos los militares que hicieron uso del derecho de palabra. Hablaron de Ezequiel Zamora. Retumbó el himno de la Guerra Federal muchas veces. Instruyeron a todos los componentes de la FANB para que, a partir de ahora, rindan honores militares a Zamora, puesto que la revolución ya no es solamente chavista, bolivariana y robinsoniana. Ahora también es “zamorista”. Venía diciendo Maduro desde el domingo, que el pueblo venezolano le debe a Zamora su gentilicio. Su manera de ser. De todas las barbaridades que ha expresado, esa última es de campeonato intergaláctico.

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Pero hay dos puntos imposibles de omitir sobre el desfile de ayer:

-Quedó demostrado que este régimen carece de seriedad, incluso, para montar sus propios teatros. Porque cuando trataron de escenificar una presunta conversación entre Bolívar y Zamora, quien representaba a éste último, olvidaba constantemente su parlamento. Para mayor desgracia, una voz lo ayudaba a recordar. Eso se escuchaba. Hasta que la voz no aguantó la risa y soltó una carcajada de esas inevitables en plena transmisión en cadena nacional.

-Lo que quiso decirle Maduro al país, es que se encuentra más fortalecido que nunca. Que no lo van a derrotar. Para eso ya disfrutan del nuevo e inconstitucional saludo militar: “¡Chávez vive! ¡Independencia y patria socialista! (sic)”. Este es un régimen que quiere emular a las dictaduras más férreas. Por eso Maduro se empeña en pronunciar el nombre de Padrino López con un ridículo acento al estilo ruso en la primera “i” de Vladimir.

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El país está viviendo, sin dudas, el peor y más vergonzoso episodio de su historia contemporánea, mezclado con la mayor crisis económica del planeta y un CNE que se niega a cumplir su deber. Porque si el día de mañana hubiera elecciones regionales, el PSUV pierde casi todo. Si hicieran elecciones locales, serían pocas las alcaldías que les quedarían. Y si hicieran elecciones presidenciales, el inconstitucional saludo militar, la pompa innecesaria, la ignominia, y la tiranía, saldrían por la puerta trasera del Palacio de Miraflores.