Se frustró el intento de Maduro de acercarse a Donald Trump

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Desde la sorpresiva victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales en Estados Unidos el silencio antiimperialista del régimen que encabeza Nicolás Maduro ha sido atronador. Tal vez sea por consejo de los cubanos. Contra Obama lanzaron todo tipo de improperios. Contra el magnate-presidente ni con el pétalo de una rosa. Sin embargo, la nueva Administración republicana desbarató ayer (o al menos se la puso más difícil) la operación política montada por Maduro en torno a Tareck El Aissami: Acercarse al nuevo inquilino de la Casa Blanca por la vía de Siria y Vladimir Putin.


Pedro Benítez.

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Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Hoy medio país debe haber amanecido buscando información sobre Samark López. Pero hay otro personaje que puede ser tan importante en la trama que envuelve al (por ahora) Vicepresidente Ejecutivo de la República. Hablamos de Walid Phares.

Este es un académico estadounidense de origen libanés, cristiano maronita además, reconocido autor de numerosos libros sobre el yihadismo islámico y consultado permanentemente por las agencias del Gobierno y del Congreso de Estados Unidos. Se le atribuye haber predicho en 2010 la primavera árabe, lo que consolidó su prestigio como experto en temas del Medio Oriente. En 2012 fue asesor de política exterior del entonces candidato presidencial republicano Mitt Romney y desde el año pasado lo es de Donald Trump.

Mr. Phares nació en Beirut, pero abandonó su país natal en 1990 a raíz de su oposición a la injerencia de Siria en el Líbano. Desde entonces ha sido un fiero critico tanto de islamismo radical como del régimen que desde hace 47 años han encabezado los presidentes Háfez al-Ásad y su hijo, y sucesor, Bashar al-Ásad en Siria.

Como es del dominio público en Venezuela, el ex ministro de Interior y Justicia, ex gobernador de Aragua y hoy Vicepresidente, Tareck Zaidan El Aissami Maddah, tiene estrechas relaciones con el régimen sirio, del que el anterior presidente norteamericano Barack Obama fue un duro cuestionador. Ese fue uno de los temas que lo enfrentó al primer mandatario de la Federación Rusa, Vladimir Putin.

Tareck El Aissami, Vicepresidente de la República.

Tareck El Aissami, Vicepresidente de la República.

Mientras que para Obama la salida del poder de Asad era fundamental para la resolución de la guerra civil siria, Putin, por el contrario, se puso decididamente del lado del presidente de ese país, realizando la primera intervención militar rusa fuera de sus fronteras desde el fin de la Guerra Fría. Ese fue un pulso que ganó Putin entre otras cuestiones por el factor Trump.

El nuevo presidente norteamericano ha venido sosteniendo desde que era precandidato (para inquietud de los servicios de inteligencia norteamericanos) que la estrategia de sus dos predecesores en el cargo de enfrentar al líder ruso ha sido un error y que en realidad él debe ser un aliado en lucha contra el terrorismo islámico.

Alguien en Caracas (o en La Habana) sacó la cuenta y concluyó que si un presidente del “imperio” podía cambiar la línea política sobre el otro imperio, también podía hacerlo sobre la patria de Bolívar. Además, este país tiene petróleo y como el nuevo Secretario de Estado (segundo al mando en Washington) Rex Tillerson viene de ser director ejecutivo de la ExxonMobil, algún acuerdo podría llegarse con un gobierno estadounidense lleno de hombres de negocios.

Business is business. El chavismo siempre apuesta al petróleo como la tabla de su salvación.

Aunque Tillerson también tiene su factura pendiente con el régimen chavista, al mismo tiempo es amigo de Putin. Listo. ¿Si llegamos al Vaticano, por qué no a la Casa Blanca? Cavilaron en Miraflores. Y es así como estos antiimperialistas radicales con propiedades en Miami, caracterizados por su verborrea incontrolable, se han comportado como masas palomas con el nuevo presidente de Estados Unidos.

Mientras el resto de los gobiernos de la región se solidarizan con México, tanto Maduro como Raúl Castro han querido pasar agachados.

Además, claro está, en todo esto juega el factor del temor al “loco”. Una cosa era insultar y dárselas de anti yaquis con el decente y razonable Obama, que prudentemente medía todos sus pasos, y otra muy distinta con Donald Trump, que ha seguido siendo el mismo sujeto impredecible de siempre, sólo que ahora es comandante en jefe del mayor aparato militar conocido.

Fue así como surgió la posibilidad de que con Tareck El Aissami el régimen chavista consiguiera un imprescindible respiro internacional. Pero nuestro personaje de hoy tiene dos personas a las que por motivos distintos no les cae bien. Una es Walid Phares, con un mapa muy completo de las relaciones del islamismo radical y del régimen sirio en todo el planeta, y con acceso directo al Despacho Oval para dar su versión. Podemos apostar que El Aissami está en ese mapa.

La otra es el ex gobernador Rafael Isea, quien evidentemente se ha convertido en informante de la Administración norteamericana. Lo que nos lleva al punto: El alto mando chavista la teme porque la debe. Para los gringos lo del narcotráfico es algo muy serio. Fuera Hillary Clinton o fuera Trump esto venía, pero el segundo abrió una esperanza de entendimiento. Ayer el Departamento del Tesoro cerró esa ventanita.

Claro, ante todo lo anterior hay otra alternativa de análisis, porque tal vez hemos subestimado a Maduro, quien sabia de las andanzas del llamado califa de Aragua y lo designó al frente de la Vicepresidencia como el primer clavo destinado a recibir el martillazo. Lo expuso para quemarlo. Así sale de uno de los posibles contendores a la candidatura presidencial del PSUV. Eso lo sabremos próximamente.

Mientras, Aristóbulo Istúriz debe haber al menos sonreído anoche y Rafael Isea haber brindado alguna copa. Diosdado Cabello queda prevenido al bate.