Venezolano vagamundo en la óptica de Actualy.es

Por Obdulio Pedrique (Madrid).- Primero, no contarles ni reiterarles lo que ya saben. El venezolano en el exterior se gasta al menos hora y media diarias en informarse de lo que hace y deshace la maquinaria de destrucción en que el gobierno de Nicolás Maduro se ha convertido, en aplicación de las recetas que heredó del Comandante Eterno.


Víctor Suárez.

Víctor Suárez.

Por Obdulio Pedrique (Madrid).- La migración venezolana está cruzando la cifra de los dos millones. Primero salieron los más pudientes, luego el talento profesional comenzó a huir en masa, más tarde jóvenes emprendedores empezaron a tantear terreno ajeno, pero en los dos últimos años el perfil ha cambiado sustancialmente: Muchachos al garete, madres cuarentonas con dos hijos menores y apenas una maleta de 23 kilogramos al hombro, jubilados que pensaban vivir de sus rentas mínimas pero que desde hace 15 meses el gobierno venezolano no les ha abonado un centavo.

El periodista Víctor Suárez considera que en esa memoria, en ese esfuerzo y en esa motivación que les son consustanciales, se acumulan historias que vale la pena contar. Y creó la página web www.actualy.es, que inauguró el pasado domingo 5 con la cobertura de las concentraciones que realizaron jubilados y pensionados en toda España para mostrar sus desgracias a menguado sol invernal.

Suárez es un veterano, se le reconoce como el decano de los periodistas venezolanos en España, pero en su país también es el decano de los periodistas del área tecnológica, luego de haber inventado la fórmula hace más de 35 años en los diarios El NacionalEconomía Hoy y El Universal. Acumula 7 veranos en Madrid, y desde allí escribe crónicas y reportajes para Prodavinci.comRunrunes.es y TalCualDigital.com

Se ha rodeado de un selecto grupo de analistas, escritores y periodistas para contar “la diáspora”, una palabra y un concepto que muy poco se había usado en Venezuela para referirse a una nueva cotidianidad nacional.

-¿Cómo explica usted ese fenómeno?

-En época de dictaduras tradicionales, como las de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, incluso durante los regímenes de Betancourt y Leoni, se utilizaba la palabra “exilio” para indicar la condición del perseguido que debió abandonar su país por razones políticas. Pero eran grupos pequeños, muy señalados. El antiguo luchador revolucionario Salvador de la Plaza vivió exiliado más de la mitad de su vida (murió en Caracas a los 74 años), y se ocupó de fundar periódicos que informaban sobre Venezuela. El poeta y profesor universitario Jesús Sanoja Hernández escribía desde su exilio en México el boletín “Noticias de Venezuela”. El gran periodista Luis Esteban Rey, bajo el seudónimo de Luis Álvarez Portal, enviaba a El Nacional una columna desde París, siempre referida a lo que presumía estaba ocurriendo en Venezuela. Sesenta años después de la caída del dictador Pérez Jiménez (recuérdese que entonces aquellos exiliados tomaron el poder y restauraron la democracia), una nueva tipología se está configurando. El término “diáspora”, aplicado a Venezuela, responde a la segunda acepción del diccionario de la lengua española: “Dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen”. No son ciudadanos de fe judía obligados a la trashumancia durante siglos, no son desplazados por una guerra declarada, no son aves migratorias que una vez al año buscan otro nido. En la actualidad, el número de venezolanos fuera de su patria, en su conjunto, es mayor que el de casi todos los registrados en las circunscripciones estadales del país, tomadas individualmente. Sólo los estados Zulia, Miranda y Carabobo superan en número al de los migrados, según el censo nacional de población de 2011. Es un fenómeno alarmante, al que hay que procurarle atención.

-¿Qué se propone Actual YES, como se identifican en Facebook y Twitter?

-Primero, no contarles ni reiterarles lo que ya saben. El venezolano en el exterior se gasta al menos hora y media diarias en informarse de lo que hace y deshace la maquinaria de destrucción en que el gobierno de Nicolás Maduro se ha convertido, en aplicación de las recetas que heredó del Comandante Eterno. Nuestro concepto editorial es precisamente lo contrario. Dar cuenta de lo que esa diáspora está haciendo, creando, proponiendo, sufriendo. Comenzando por Europa, que hasta los momentos ha acogido cerca de 700 mil compatriotas, una cuarta parte de los cuales residen en España. Han comenzado a hacerse evidentes los contrastes. Por ejemplo, uno va a la hora del almuerzo al comedor de la empresa española Técnicas Reunidas y consigue al menos 50 venezolanos, ingenieros petroleros de alto calibre, alardeando de su buenaventura. Si vas a los comederos de Caritas encuentras a venezolanos en las colas para obtener un plato de comida. Las empresas de envíos de dinero se están multiplicando. Cincuenta euros enviados mensualmente a su madre enferma, al cambio negro a ella le significan tres veces y medio su salario mínimo. El tema de las remesas también está cambiando. Ya no sirve el efectivo, que se diluye en el agua y sal de la bárbara inflación imperante. Ahora la medicina, el antibiótico y la vacuna se han hecho indispensables. Y la comida también. Han aparecido tiendas en Caracas que aceptan pedidos desde el exterior, con depósitos en el extranjero. Sin embargo, el volumen de las transacciones aún no llega a la espectacularidad de, por ejemplo, México, donde el ingreso nacional por remesas es superior al de su producción petrolera.

-¿Y los recursos?

-Hemos trabajado muy duro durante los últimos cuatro meses en la configuración del producto, con pruebas de concepto, con focus groups, con ensayos y errores en cuanto a la plataforma tecnológica, y también buscando colaboradores, entusiasmando a periodistas, sociólogos, académicos y hasta poetas. El bautismo ocurrió sin pila de agua bendita. Ningún patrocinio. Pero una vez que nos abrimos al espacio digital, lo que mi querido profesor Héctor Mujica llamaba el necesario feedback, ha comenzado a manifestarse de manera abrumadora. 99,99% de las opiniones han sido totalmente positivas, quienes se han animado a arrimar al mingo se han multiplicado (en España, Chile, Estados Unidos, Canadá, Italia, Francia, Gran Bretaña, y por supuesto en Venezuela). Todos trabajamos “fiao”. A cuatro días de la inauguración han aparecido propuestas de alianzas estratégicas de medios, agencias gestoras de publicidad, grupos de opinión, asociaciones profesionales, gente sin medios que quiere apoyar, solicitudes de entrevistas como ésta…

-¿Es un proyecto a largo plazo?

-Un cantante boricua llamado Vitín Avilés hace muchos años me impactó con una producción musical en la que decía: “Solo rodando por el mundo/ con un dolor profundo/ y sin poder llorar…”. Según los estudios que se han realizado hasta ahora, apenas 15% de los migrantes declaran estar dispuestos a volver, aun cuando cambie sustancialmente la situación política del país. Pero también puede suceder algo extraordinario: Que ese talento en el exterior se convierta en un capital de altísimo valor al que habría que cultivar para que apoye e intervenga en la restauración de la democracia y la reconstrucción del país. Al contar sus historias pienso que contribuimos a que a la bandera a la que le agregaron una estrella, en su momento deberán agregarle otra, la de aquellos venezolanos desplazados que se llevaron al país en el alma. Ciertamente, el plazo es largo y extendido.