¿Y cuánto cuesta el liquiliqui de Maduro?

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- La nueva fashion politic decretada por Nicolás Maduro debe incluir, según la oficina de prensa de Miraflores, una yunta de oro para abrochar el cuello de la prenda. A semejante barbaridad, sólo basta agregarle la mentira de que el Comandante Hugo Chávez “trajo el liquiliqui de nuevo”, cuando lo suyo fue producto de una operación de marketing electoral para hacerlo lucir como una mezcla de llanero y militar, un disfraz que desechó apenas ganó las elecciones y se disfrazó de Pérez Jiménez.


Elizabeth Fuentes.

Elizabeth Fuentes.

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- En verdad, uno escucha al Presidente y se imagina que en cualquier momento va a aterrizar una nave espacial y lo regresará de nuevo a su planeta de origen. Por ejemplo cuando dice: “Este miércoles fue decretado el liquiliqui como vestido nacional para las celebraciones de todos los grandes eventos, familiares y comunitarios, a fin de recuperar el traje como símbolo de la Patria de Bolívar, así lo anunció el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro”.

El decreto, con todos sus errores de redacción, puntuación y sintaxis de lo más precisos, viene replicado por el departamento de prensa del Palacio de Miraflores, el cual añade -cuándo no-, dos o tres frases textuales del presidente Maduro donde asegura que “el liquiliqui es del pueblo, es de Zamora… el liquiliqui lo trajo el Comandante Chávez de nuevo”, equivocándose como es costumbre en el verbo y en las ideas, porque quienes resucitaron el liquiliqui hace siglos fueron el maestro Simón Díaz y el empresario Reinaldo Cervini, otro de los embaucados en el chavismo originario pero quien no vaciló en apretarse el liquiliqui para decirle públicamente a Hugo Chávez que el país no era un cuartel de chácharos, en una carta memorable donde le retó a que lo metiera preso:

“Si el presidente Chávez va a pretender que una persona, por el delito de ser ganadero, se le prohíba defenderse, lo mandará preso, es conveniente que ya me mande a poner preso porque ningún estúpido se va a dejar robar ni ultrajar sin defender sus legítimos derechos. El presidente Chávez ha prohibido que la Guardia Nacional actúe contra las invasiones y con ello está violando las leyes que ordenan a las Fuerzas Armadas mantener el orden en la República”.

Nicolás Maduro, Presidente de la República y Cilia Flores, primera dama.

Nicolás Maduro, Presidente de la República y Cilia Flores, primera dama.

(…) “Cualquier venezolano sensato lo que debe hacer es liquidar su actividad pecuaria y agrícola y convertirla en dólares. El planteamiento del Presidente impulsa el proceso desnacionalizante que hoy cubre Venezuela. La República hoy no es un cuartel de chácharos. Ni los ciudadanos somos borregos para obedecer órdenes cuartelarías”.

Así que el liquiliqui ni lo que significa en el territorio del machismo, no lo trajo Chávez de vuelta. De hecho, la incorporación del traje al closet del entonces candidato -quien se vestía y comía en la mansión que poseía un conocidísimo empresario de medios de comunicación en Los Chorros-, obedeció a una operación de marketing porque, en aquel entonces, el recién salido golpista de la Cárcel de Yare tenía prohibido el uso del uniforme militar y, pensaron sus bien pagados asesores, la prenda en color verde oliva lo haría lucir de lo más militarazo, un engaño- fashion para los millones de incautos votantes que se dejaron seducir por semejante disfraz de llanero mezclado con militar.

Y valga recordarle al hoy presidente de turno, que aquel liquiliqui del candidato quedó en el olvido muy pronto porque apenas agarró el poder, Chávez se disfrazó de Marcos Pérez Jiménez, luego de paracaidista, luego imitó las chaquetas anti balas de Fidel Castro y, de acuerdo al público, entonces se calzaba tremendos fluxes (confesó que llegó a tener 350), que combinaba con su maravillosa colección de relojes de lujo y un par de lentes, para pretender lucir de lo más ejecutivo.

Aunque en su afán de poner unas letras detrás de otras para rellenar el boletín de prensa, los redactores de Miraflores le incorporaron a la noticia sobre la Declaración del Año de la Recuperación del Liquiliqui una descripción detallada de la vestimenta, que bien merecería ser leída imaginando la voz de Maite Delgado detallando el traje de alguna Miss:

“De corte recto y de cuello cerrado. Es el traje llanero por excelencia, tanto para trabajo como de gala. Es principalmente una prenda masculina, aunque en nuestros tiempos, la mujer lo ha utilizado con falda y botas… un traje completo que incluye una blusa de tela de algodón o lino, de cuello redondo rígido sin solapa, mangas largas, cerrada con cinco botones grandes de hueso y cuatro bolsillos (dos arriba y dos abajo), se usa cerrada hasta el cuello, donde es abrochada con una yunta de oro…

El pantalón es de la misma tela y color de la blusa. Antiguamente sólo se usaban los colores blancos y beige, o crema, pero actualmente podemos encontrar liquiliquis de todos los colores.

Se acostumbra acompañarlo con un sombrero pelo e’(de) guama para galas o de cogollo para ocasiones más sencillas”.

poder03

Pero lo que no se molestó en averiguar el humorista periodista de Miraflores, es que un liquiliqui como el que lució el presidente Nicolás Maduro ayer, quien ya debe estar embutido en la talla Extra Large, puede costar, como mínimo, 300 dólares, porque quienes se encargan de venderlos vía Internet, aumentan el costo a medida que el traje aumenta en talla. Por ejemplo, el que lució Cilia Flores -que hasta se ve delgada al lado de Nicolás-, anda por el orden de los 200 dólares. Entonces si llevamos a dólar a donde lo lleva todo el mundo, la gracia de lucir la prenda del año puede resultar más cara que hacer un mercado.

También hay modelos usados en Mercado Libre, la mayoría de propietarios de estados llaneros y a precios nada accesibles. Entre 60 mil y 100 mil bolívares, sin la yunta de oro, por supuesto.

Y aquí es cuando una llora o se ríe al descubrir a cuántos años luz está el Ejecutivo y sus afectos del país que dicen gobernar. Porque mientras millares de personas humildes se aglomeran desde la madrugada en las puertas de los supermercados, porque las bolsas CLAP no les alcanzan para nada, el Presidente dedica una cadena a lucir su súper liquiliqui y tratar de ponerlo de moda sin imaginar siquiera el costo de semejante capricho, urdido seguramente como una estrategia de marketing que le permita verse menos rollizo en medio de un país de hambrientos o buscando a ver si la moda del liquiliqui lo regresa a él a las alturas de la popularidad de nuevo.

Pero como si los venezolanos tuviesen dinero y tiempo para salir a renovar el closet, Maduro decreta el año de la recuperación de una prenda de vestir que incluye, según Miraflores, el uso de una yunta de oro. Y ya se imagina una a más de un chavista obediente con su liquiliqui puesto, agarrado por el pescuezo en pleno día porque un malandro le está arrancando la yunta de oro. Y lo más gracioso: Porque el señor se dirigía a “un gran evento familiar o comunitario”, según dice el Presidente, olvidando que los venezolanos no asistimos a eventos de ninguna naturaleza, salvo a hacer mercado, porque la delincuencia, como Hugo Chávez, ha convertido al país en un cuartel de chácharos, en una cárcel de borregos.