El Dakazo panadero es un punto de quiebre en la perversión del sistema

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Los que hoy gobiernan, han promovido la épica del saqueo ocurrido en los días del Caracazo por allá en febrero de 1989. Porque la actuación del Gobierno no distingue las tiendas de electrodomésticos, de juguetes, ropa o panaderías. Su misión destructora se cumple igual sea en un predio agrícola o ganadero, aunque el ‘Dakazo panadero’ anuncia un punto de quiebre en la perversión del sistema.


Ezio Serrano Páez.

Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Tenía que ser un cultor del romanticismo quien dijera  aquello de “la justicia es el pan del pueblo, siempre está hambriento de ella” (René de Chateaubriand). Si por lo menos hubiese añadido la condición de dignidad, hasta podríamos estar de acuerdo. Porque para sentir lo que se dice del hambre tal, antes se debe creer con razón y fe en la justicia. Pese a que las tripas estén vacías, ellas no deben imponer su gobierno. Es decir, sólo los pueblos que no ofrendan su dignidad, ni por pan ni por arepa, pueden experimentar el hambre asociada a la rectitud, la probidad, la imparcialidad y el equilibrio, de eso trata la justicia. De no ser así, tendríamos que admitir un acto justiciero en el saqueo de una gandola de harina, mientras su conductor y el ayudante perecen o agonizan. Tendríamos que hacer estatuas ciegas con balanza, en las súper colas de los repartos del Gobierno, en los basureros pero, sobre todo, en el saqueo de las panaderías, por años al servicio de sus saqueadores.

Ayer tu pan comí, y hoy no te conocí

Porque la actuación del Gobierno no distingue las tiendas de electrodomésticos, de juguetes, ropa o panaderías. Su misión destructora se cumple igual sea en un predio agrícola o ganadero, aunque el ‘Dakazo panadero’ anuncia un punto de quiebre en la perversión del sistema. Lo realmente importante es evitar la mora en el pago de la deuda externa para mantener el negocio de los militares importadores. Sin teta estatal no hay paraíso fiscal. El ardid empieza con la leyenda urbana de los dólares preferenciales entregados al sector privado. El padre benefactor ya entregó la mesada de la merienda, cumplió con su deber. A partir de allí, pasamos a la regulación de precios y la emergencia económica. Con esto se le atribuye supra poderes a un genio del reposo laboral macro económico: Nicolás Maduro. Luego viene la propaganda de siempre para la liquidación moral del emprendedor, aunque en algún momento haya actuado como aliado. El gobierno de Nicolás Maduro crea los negocios, pero también decide a quién otorgarle los beneficios. Lo demás es la economía política mediática, la del show popular en la que no puede faltar el menesteroso hambriento con su camisa roja, junto al indigno mercader de sí mismo. Si tuviesen hambre de justicia, no se prestarían para el robo.

fiscalEl sumo de la maldad

Los que hoy gobiernan, han promovido la épica del saqueo ocurrido en los días del Caracazo por allá en febrero de 1989. Fue “el despertar de un pueblo hambriento de justicia”, a decir del líder intergaláctico, romántico y muy “conocedor” de Chateaubriand. Sin duda, un gran avance en la materia es la sistematización fascista del asalto, superando el saqueo de los particulares. Para ello se cuenta con los camisas rojas y los vecinos cooperantes, acusetas, milicianos algunos, militantes del partido, valga la redundancia. Miembros de consejos comunales y por supuesto, la inefable Guardia Nacional con los fiscales del Gobierno encabezando el cortejo. Y es que, si de algo puede ufanarse la gloriosa revolución, es de esa incuestionable habilidad para extraer la hez del alma venezolana. De su cohorte de abyectos, oportunistas, traidores y náufragos políticos.

En 2012 pudimos ver de cerca el procedimiento fascista contra una panadería: Un miliciano pide dos canillas a golpe de 11:00am. El panadero le explica que el regulado se vende temprano en la mañana y en la tarde. ¿Y por qué tienes campesino y tortas en lugar de canillas reguladas? Pregunta el becado oficial. Porque debo pagar la nómina, y el regulado sólo me da pérdidas, responde el “el portu” a la vez que le hace notar en forma de chiste: ¡“Que va Miguel, te embromaron con el uniforme, te lo dieron con sobre medida! Pero el acusete ya tenía la “prueba”. Llamaría a los superiores, cercanos en otra panadería, para iniciar el procedimiento. Sólo algunos minutos pasaron para que la comitiva oficial ocupara el recinto, vitoreada por la cohorte a ritmo de ¡Así es que se gobierna! Regulando precios y decretando sucesivos aumentos de sueldo, añadiríamos.

fiscal02De semaneros a fachos

En aquella proeza cívico-militar presenciada en el 2012, participó un grupo nutrido de jóvenes “rebeldes” con franela roja. Eran los principales corifeos del atropello. La presencia de estos chicos, algunos casi niños, nos remontó a los tiempos del semanero en el liceo: Turno asignado para asumir la responsabilidad de la lista de inscritos en el curso, trasladar la tiza, el borrador y colocarlos a tiempo a disposición del profesor, la máxima autoridad en alguna hora precisa. Para el pícaro, representaba la ocasión para congraciarse con algún profesor dado al culto de su propio ego. En su ausencia, anotaba en lista a los mal portados. Sapo, le gritábamos al tener la ocasión. Algunos aprendimos a rechazar en su ejercicio, formas primarias de sumisión y de obediencia abyecta. Y lo más importante, comprendimos que la rebeldía juvenil difícilmente es compatible con el poder despótico.

Tales semblanzas regresaron a nuestra mente al observar el patetismo de los supuestos jóvenes rebeldes involucrados en los asaltos oficiales a los comercios. Infelices semaneros del Gobierno, algunos de los cuales cargan las listas de sus rehenes políticos a ser extorsionados. Algunos son simples funcionarios impávidos, otros operan por temor a perder alguna prebenda y deben hacer el coro de la adoración al poder. Los hay abiertamente sapos del sistema, empeñados en imponer sus prejuicios ideológicos, preñados de ignorancia y estupidez.

Son los fachos, los camisas rojas uniformados con el pensamiento único. Los fascistas en Italia eran camisas negras, los nazis camisas pardas, los de acá se creen originales de rojo. No son rebeldes un carrizo. Los jóvenes y los mayores, no tienen hambre de justicia pues la confunden con la venganza y no reconocen su envidia. Forman parte del gigantesco aparato clientelar que medra del presupuesto público y nos encarece el costo de la vida. Pues como bien reza el refrán, bien barato estaría el pan si antes no se lo comiera el holgazán.