Esta es la historia del turista pobre y el turista rico

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- Según la más reciente data del Instituto Nacional de estadística de España, los turistas venezolanos se han reducido y los pocos que van, gastan un promedio de 1.200 dólares al año, una cifra miserable si se compara con lo que puede haber costado uno de los 340 jets privados que existen en el país o el precio de una habitación en el Hotel Ritz, el favorito de algunos amigos del Gobierno.


Elizabeth Fuentes.

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Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- La danza de dólares provenientes de la corrupción en PDVSA, Cadivi, Cencoex o los CLAP, por nombrar cuatro peces gordos, es tan voluminosa y diversa que se exhibe sin pudor en todos los escenarios posibles. Recientemente, la revista Forbes reveló que, de acuerdo a la organización Knight Frank, Venezuela ocupa el sitial número siete en propietarios de jets privados, con 340 unidades en manos de quién sabe quién. Dato que nos ubica por encima de China -donde se encuentran los millonarios más millonarios del mundo-, y otros países desarrollados como Francia y Australia.

Nada de qué asombrarse si, como develó la periodista venezolana Maibort Petit, el taxista Franco Tortolani de Puerto La Cruz, devino en “empresario“ gracias a los contratos millonarios que logró con PDVSA. Hoy posee dos jets, una colección de vehículos Ferrari, siete empresas en ocho países y bienes raíces en medio mundo, sin contar con el apartamento de 1 millón 300 mil dólares que le regaló a su “novia”, como la define con elegancia Maibort, más las tres empresas que maneja con su esposa, todas ligadas a PDVSA y ubicadas en Estados Unidos, Asia y Colombia.

Tortolani es otro de los investigados por la Fiscalía de Nueva York en relación al esquema de sobornos, lavado de dólares y corrupción que han llevado a cabo las mafias enquistadas en la industria petrolera venezolana, calificada como la peor del mundo, según lo acaba de revelar nada menos que Steve Hanke.

Madrid.

Madrid.

Ahora ocurre que en medio de este asombro, surge un dato que merece mirarse con cuidado pero en sentido contrario. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística de España, en 2016 se redujo el número de turistas venezolanos que visitaron España así como la cifra del dinero que gastaron: 76.262 venezolanos lograron viajar a España como turistas y, estadísticamente, gastaron una media de 168 dólares diarios. “… la mala situación económica en la que está inmersa Venezuela, -escribió Patricia J. Garcinuño en el portal www.alnavio.com -, ha hecho que sus turistas reduzcan lo que gastan a la mitad: 159 euros de media (168 dólares) y 88 millones de euros (93 millones de dólares) anuales”.

Hasta aquí todo bien. O más o menos bien. Porque con una calculadora a mano, estas estadísticas revelan lo siguiente: Si 76.262 venezolanos gastaron 93 millones de dólares en 2016, se podría decir que, proporcionalmente, cada turista venezolano se gastó apenas 1.219 dólares en un año. Y si nos ponemos a dividir ese dinero entre tres -digamos vacaciones de Semana Santa, escolares y navideñas-, pues el asunto sigue igual de dramático porque significaría que cada turista venezolano “disfrutó” de 400 dólares en cada temporada. Seguramente llegaron a casa de familiares o amigos, de los miles que se han exiliado allá, porque solamente así semejante cifra podría cubrir unas vacaciones medianamente decentes.

Plaza de Cibeles, Madrid.

Plaza de Cibeles, Madrid.

Aunque también se podría especular imaginando que una cuarta parte de esa cifra -y sus gastos- estaría compuesta por boliburgueses y millonarios de toda la vida, que viajan con frecuencia y cuando les apetezca. Unas 20 mil personas aproximadamente, quienes estadísticamente se pudieron haber rumbeado la gran mayoría de esos 90 millones de dólares que le entraron a España vía Venezuela.

Ya me dirán que esos cálculos son una barbaridad, que las estadísticas no se pueden conducir de manera tan pirata. Pues todo depende, porque basta con alojarse por diez días en la mejor habitación del Hotel Ritz, el favorito de algunos chavistas adinerados, como Hermann Escarrá -según lo atestiguan las gráficas que lo localizaron allí-, pedir una botella de champaña en la habitación y solicitar que nos busquen en un Mercedes Benz al aeropuerto, para que en semejante lujo se derrochen 70 mil dólares, sin comer ni hacer compras nerviosas. Y que luego cenemos en DiverXOZalacaín, donde sentarse a comer no baja de los 150 dólares por cabeza. O que nos larguemos a Ibiza para cenar en el Sublimotion, donde el menú comienza en 1.500 dólares por cabeza. Y así sucesivamente es como se irían diluyendo buena parte de los 90 millones de dólares que dejaron algunos venezolanos en las arcas españolas. Porque si algo han demostrado los chavistas, boliburgueses y nuevos ricos, es que la millonada que se han ganado en sus “negocios” sucios con PDVSA, Cadivi, Cencoex o los CLAP, la derrochan públicamente y a manos llenas, sin prudencia ninguna, como el taxista devenido en empresario multimillonario, retratado frente a la colección de sus Ferrari.