Para cambiar el modelo rentista empecemos por abrir la industria petrolera a la inversión privada

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Dicen que hay que cambiar el modelo rentista pero apuestan a que la renta generada por el aumento del precio del petróleo y el Arco Minero nos salve, o los salve a ellos. Esas son las dos grandes apuestas del chavismo. Pero más allá del poder chavista, para una parte de la conciencia nacional vivir del rentismo es consustancial a su propia naturaleza. Eso es lo que hay que cambiar.


Pedro Benítez.

Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Los voceros del Gobierno y del PSUV suelen hacer una tímida autocritica que se resume en: “Debemos cambiar el modelo rentista por uno productivo”. A continuación, siempre, siempre, afirman que no obstante lo anterior, este 2017 será mejor por el aumento del precio del petróleo y el Arco Minero. No por producir más petróleo, gas, maíz, arroz, carne, acero, cemento o vehículos. ¿Incrementar la inversión privada, el empleo, el ahorro, las exportaciones no petroleras o atraer turismo internacional? De vez en cuando a algún vocero poco dogmático se le escapa algo parecido. Normalmente dicen que hay que cambiar el modelo rentista pero apuestan a que el rentismo nos salve, o los salve a ellos. La serpiente siempre se muerde la cola.

Aumento del precio del petróleo y el Arco Minero. Esas son las dos grandes apuestas chavismo. Me pega pero no puedo vivir sin él. Esa es la relación del chavismo con el rentismo petrolero. O para ser más precisos, con el rentismo derivado de los precios del petróleo. Porque durante en estas casi dos décadas sí ocurrió un cambio en la económica venezolana, pasamos de depender de las exportaciones de petróleo a depender del precio del petróleo. Pequeño detalle. 

Recordemos que el último gobierno de los tan vituperados 40 años, la administración del presidente Rafael Caldera, terminó con la cotización del barril de exportación venezolano en menos de 8 dólares. Y si bien es cierto que, según cifras del INE, en 1998 el 49% de la población se encontraba por debajo de la línea de pobreza y que el desempleo abierto estaba por encima de 10%, es decir, la situación no era buena, sin embargo no había colas para comprar comida o gente masivamente rompiendo bolsas de basura para llenarse el estómago.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

En ese 1998, el 33% de las exportaciones venezolanas eran cosas distintas al petróleo. Lo que quiere decir que pese a todos los inconvenientes de por medio, los saqueos de 1989, dos intentos de golpes de estado militares, la destitución de un presidente y la crisis bancaria, la apertura comercial en Venezuela estaba dando sus frutos. El empresariado privado venezolano (fundamentalmente) se comenzaba a abrir en mercados internacionales.

Por otro lado, para 1998 ya el Impuesto al Valor Agregado (IVA) empezaba a ocupar un espacio importante en los ingresos fiscales y gracias al último ajuste de la Agenda Venezuela el precio de la gasolina (aunque ahora no suene increíble) cubría sus costos.

De modo que lo anterior explica (en parte) como aquel gobierno se las arregló para que el país caminara con unos precios de los hidrocarburos ridículamente bajos según los parámetros de hoy. Había que agregar que comparado con lo que tenemos, aquel fue un ejemplo de eficiente administración.

Entonces, llegó la “revolución” con toda su retórica en contra del “neoliberalismo” y los ajustes, y en particular dos situaciones clave: La instauración del control de cambio a partir de enero de 2003 y el inicio del auge de precios del petróleo más largo y sostenido de la historia económica moderna. La cotización promedio por año del barril de exportación venezolano pasó de 25 dólares en 2003 a 86 en 2008 y en algún momento llegó a la increíble cifra de 126. Se incrementó sin pausa año tras año. Chávez llegó a creer seriamente que podría alcanzar los 200 dólares y con ello que su poder sería ilimitado.

No sólo eso, cuando los precios del crudo se desplomaron como consecuencia la crisis económica mundial de 2008 (de 94 a 61 dólares), Arabia Saudita sacó 2,2 millones de barriles del mercado, logrando revertir la caída y la cotización de la cesta remontó hasta los 107 dólares en los siguientes años.

¿Qué más se podía pedir? En la lógica chavista el sector privado era prescindible en esas circunstancias. Vinieron nacionalizaciones, expropiaciones, importaciones públicas subsidiadas y la demolición del sector productivo nacional.

Así fue como el camino para independizar a Venezuela del petróleo se revirtió, pero no para volver a depender de él como había ocurrido desde los días del general Juan Vicente Gómez, sino de su precio. Cuando dejara de subir empezarían los problemas como efectivamente ocurrió. En este país de memoria corta se olvida que Nicolás Maduro devaluó por primera vez en febrero de 2013 con el barril en 114 dólares.

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Pero Maduro sigue esperanzado en que los años dorados del chavismo regresen de una u otra manera. Si no es petróleo alguna otra cosa se podrá subastar de esta rica tierra. Allí está el Arco Minero, la quimera que algún vivo le ha vendido, un negocio que evidentemente le dejará poco a la nación pero va a llenarle los bolsillos entre otros a ese vivo.

Mientras tanto, increíblemente insiste en resolver los problemas haciendo lo mismo que viene haciendo, invirtiendo en controlar la inflación con más controles de precio.

Esto lo que nos revela es que el chavismo no tiene claro cómo llegamos hasta aquí y mucho menos como salir del hueco. Su concepción económica sigue siendo la de la explotación de la riqueza no trabajada. La de darle palo a la piñata. Vamos para cinco años en esto y está más que claro que por allí no hay salida.

Lo que nos lleva otra inquietante pregunta: ¿El otro país sí lo tiene claro?

Las respuestas pasan por decir claramente ciertas verdades, entre otras que el petróleo venezolano tal como se maneja, como un monopolio estatal, ya no nos alcanza. Que tiene que abrirse a la inversión privada. Dar ese paso no es suficiente, pero es necesario. Es absurdo desde todo punto de vista que mientras nos preciamos de tener las mayores reservas de petróleo del planeta, en la superficie millones de venezolanos padezcan de hambre.