Pese al fracaso de su política automotriz, el Gobierno se adueña de la ensambladora Civetchi

Por Roberto Deniz @robertodeniz.- Nicolás Maduro decretó la “adquisición forzosa” de la empresa Consorcio Industrial Venezolano de Tecnología China (Civetchi). Pese al fracaso de su política automotriz, el Gobierno asume otra compañía ensambladora.


Por Roberto Deniz @robertodeniz.- El Gobierno retoma las expropiaciones. El pasado 23 de febrero se oficializó la de la ensambladora Consorcio Industrial Venezolano de Tecnología China (Civetchi). Un decreto presidencial, contenido en la Gaceta Oficial 41.102, confirmó lo que este portal adelantó hace dos semanas y que era un secreto a voces desde hace meses.

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El artículo 1 del decreto establece que se declara “de utilidad pública e interés social, y en consecuencia, ordena la adquisición forzosa de los bienes muebles, inmuebles, tangibles e intangibles, bienhechurías, instalaciones, maquinarias y materiales presuntamente propiedad de la empresa Civetchi”. Los ministros de Economía y Finanzas, y el de Industrias Básicas, Estratégicas y Socialistas quedaron encargados de la resolución presidencial.

La decisión contra Civetchi consolida el poder del Estado en la industria automotriz. Hoy es el principal actor en esa área, aunque con resultados más bien desalentadores. Al pasar a manos estatales, Civetchi se suma a Venirauto, Mazven, Chery o Yutong en las que el Estado posee, al menos, la mayoría accionaria. Se trata de compañías que surgieron en el Gobierno de Hugo Chávez como fórmula para crea una “nueva industria” automotriz, distinta a la tradicional dominada por multinacionales de origen americano como Ford, General Motors o Chrysler.

Los resultados de esa experiencia son discretos y hoy se conjugan con el colapso de las automotrices tradicionales que en 2016 cerraron su peor año en más de cinco décadas de actividades en Venezuela, aquejadas por la falta de divisas para importar el material de ensamblaje.

Pero el caso de Civetchi también destaca por lo ocurrido con la propia compañía. En teoría fue una de esas “empresas mixtas” surgidas en el Gobierno de Chávez y en la que el Estado controlaría el 51% de las acciones. Fuentes ligadas a la industria automotriz aseguran que la firma del acuerdo, que debió suscribirse en 2011, nunca se materializó y el grupo privado Falsiroli continuó siendo el propietario de la totalidad de las acciones.

Sin embargo, hace dos años el grupo Falsiroli fue desplazado de la empresa. A comienzos de 2015 organismos gubernamentales iniciaron una inspección que derivó en junio de ese año en la conformación de una junta administradora. Formalmente ninguna autoridad explicó la decisión, pero la razón oficial indicaba que la medida obedecía a supuestos hechos de corrupción en la compañía.

La junta administradora tampoco rindió explicaciones sobre sus actividades. Posteriormente, en 2016 se creó una junta interventora presidida por Juan Ramón Hernández. Aunque desde el Gobierno y el propio Hernández aseguraban que la producción de la ensambladora se había recuperado, el pasado 4 de febrero Hernández fue detenido por funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Digecim). De acuerdo al Ministerio Público, se le acusa por haber cometido “presuntas irregularidades en la venta de 89 vehículos” a la empresa estatal Venezuela Productiva.

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Fuentes de la industria automotriz interpretan lo ocurrido con Civetchi como un caso en el que han prevalecido las “pugnas de poder” dentro del Gobierno. Pocos días antes de su detención, el propio Hernández apareció en un programa de VTV declarando que la compañía estatal Venezuela Productiva no pagaba los vehículos que le despachaban desde Civetchi. “Le he enviado una serie de vehículos desde hace varios meses que no he logrado la cancelación en su totalidad”, dijo Hernández, quien se definió como muy cercano al magistrado Héctor Coronado Flores.

Con el decreto de Maduro se cierra la intervención iniciada hace dos años y el Gobierno asume el control de otra ensambladora, mientras la industria automotriz tradicional agoniza.