Que la diáspora venezolana se convierta pronto en oportunidad de futuro y retorno

Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD.- Las colas, el desabastecimiento, la inseguridad, forman parte del rosario de causas que empujan a tantos a buscar la vida fuera que no se promete en el país. Somos demasiados los venezolanos que a pesar de nuestras distancias de vida geográfica, económica, política y social, sentimos y queremos que ellos vuelvan. Los que nos quedamos trabajemos unidos y hagamos posible los venezolanos del retorno.


Angel Medina Devis.

Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD.- Existen razones suficientes para buscar destinos fuera de nuestras fronteras. Razones todas justificadas en las cifras, la cotidianidad y costumbres de vida que cada uno de nosotros se ha visto forzado a aceptar o en todo caso a  padecer. Las colas, el desabastecimiento, la inseguridad, forman parte del rosario de causas que empujan a tantos a buscar la vida que no se les promete en el país. Millones se cuentan entre los que han decidido emigrar, canciones, foros, artículos, videos, testimonios, redes, organizaciones no gubernamentales, historias aun desconocidas, forman parte de este nuevo transitar de nuestra maltrecha sociedad, que repito, cuenta ya con más de un millón de protagonistas.

Doctores, abogados, ingenieros, profesionales de todas las áreas fueron los pioneros de este desencuentro forzado con la nación, algunos datan del paro petrolero y del golpe de 2002, de aquellos tiempos de la Coordinadora Democrática. Fueron principalmente el recurso mejor formado quienes comenzaron a salir del país. Significó la primera oleada de hombres y mujeres que con sus muchachos y vendiéndolo todo salieron a buscar opciones. Luego la fiebre se fue contagiando y tomó forma de epidemia en las universidades, en los jóvenes recién graduados o por graduarse. Con el título en mano se fueron agolpando a las puertas de los ministerios para registrar, certificar y apostillar los títulos. Ya no eran familias sino historias, no eran trayectorias sino ilusiones y buenas ideas las que se fueron y que hicieron que hoy hablar de futuro del país en un noveno semestre sea una tarea titánica.

Siendo así las cosas, los días pasaron y a esta fila de buscadores de otra cosa, se han sumado taxistas, obreros, profesionales medios, desempleados, maestros, divorciados, casados, viudos, deportistas y hasta políticos de bando y bando. Lo de emigrar se hizo costumbre, se transformó en una forma de vida, la despedida se hizo rutina y las lágrimas de a poco ya no son tantas como antes, porque hasta ellas se adaptaron a este desmembramiento. Ya no son sólo aviones, ahora se suman autobuses y barcos a esta estampida de emociones. Se suman los que van legales y los ilegales, los que van y vienen en un afán de sobrevivir burlando los sistemas migratorios. Ahora somos muchos los que formamos familias por Skype y otras tantas redes que nos unen en la distancia.

Y qué pasa entonces con el que se queda, esos que toman su ruta del aeropuerto a la casa con el llanto y la tristeza hecha esperanza. Dónde queda la vida del que añora y ve en las fotos de la sala una historia de recuerdos. Cómo están aquellos que hoy son padres y abuelos de la distancia. Dónde quedó el calor de la sangre que sólo podrá ser percibido de forma real de cuando en cuando cada año, en las fiestas, en ese regalo de amor que llega con el Niño Jesús o con los cumpleaños anotados de agenda en los aeropuertos.

Son millones más los que se quedan, los que despiden y los que se dan a la tarea de continuar sus vidas en un país que decidió expulsar por las circunstancias a los suyos. Esos millones que hoy deben transformarse en una fuerza social, deben salir de esa dispersión del devenir personal y pasar a ser un grupo con identidad, con sello de afectados sobre la obra de Cruz Diez. Porque cuántos de nosotros no han experimentado esta partida. Cuántos no anhelamos reunificar a los nuestros en la calle y casa de siempre, esa de la niñez y no como una visita sino como una permanente familia.

Somos millones los que debemos pasar a opinar en conjunto, a luchar en conjunto, a pedir en conjunto. Somos demasiados los venezolanos que a pesar de nuestras distancias de vida geográfica, económica, política y social, sentimos y queremos que ellos vuelvan. Vamos a construir entonces una fuerza, vamos a formarnos como dolientes de la misma ausencia y seamos los venezolanos del retorno.