Tareck El Aissami quiere multiplicar los panes a la fuerza

Por Oscar Medina @oscarmedina1.- Insiste el Gobierno en profundizar sus errores: en el fantasma de la guerra económica que primero acabó con las arepas y después con el pan.


Por Oscar Medina @oscarmedina1.- El Vicepresidente Ejecutivo, Tareck El Aissami, tiene un sueño: que haya pan a toda hora en las panaderías venezolanas. Es decir, que vuelvan a ser como eran antes de la llegada del chavismo al poder. Porque nada puede hacer más feliz al pueblo que encontrar canilla –y pan sobao- en la mañana, a mediodía y hasta a golpe de tres de la tarde. Sin colas, sin condiciones. Nada de “solo dos por persona”. Se acabó. El Gobierno decretó la obligatoriedad del pan. Y posiblemente la quiebra de unos cuantos.

Tareck El Aissami, Vicepresidente Ejecutivo de la República.

Tareck El Aissami, Vicepresidente Ejecutivo de la República.

Si el Vicepresidente tiene un sueño, el Presidente delira con la excusa de una pesadilla: la “guerra del pan”. Otra etiqueta. La especialidad del Gobierno: producir etiquetas, posicionarse en redes sociales. Y vender la idea de un enemigo que le asedia, al que siempre tiene “identificado” y al que nunca termina de vencer del todo.

Este conflicto bélico, al parecer, se limita a territorio capitalino. El presidente Nicolás Maduro, claro, lo sabe: “En la Gran Caracas es donde se ha concentrado esta guerra maníaco-asesina y criminal contra el pan del pueblo”. En el resto del país, supone uno, hay abundancia de canillas, campesinos y hasta gallego.

Ya el comandante que se ha puesto al frente de la contraofensiva anunció –domingo 12 de marzo- el despliegue de las fuerzas que desde ayer lunes vigilan las 709 panaderías que existen en la zona de combate: comandos entrenados por la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde) e integrados por miembros de la Milicia Bolivariana, de los Clap y de las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez.

El Vicepresidente y estratega del pan detalló las nuevas órdenes que deben cumplir los panaderos: “Producción continua. Debemos garantizar que desde las 6 de la mañana hasta el cierre de la panadería se produzca pan canilla y también pan francés, incluyendo el pan sobao y pan salado. Los primeros panes deben ser vendidos a más tardar a las 7 de la mañana. Y el 90 % de la materia prima que la entrega el Gobierno, me refiero al trigo, debe destinarse a la elaboración del pan en sus diversas presentaciones y el 10 % a cachitos, dulces o cualquier otro derivado del trigo. Al final de la jornada laboral, deberá quedar pan elaborado para el día siguiente”.

Y el desobediente podría quedarse sin negocio. Así de simple. El Gobierno quiere panaderías Clap y arrebatar siempre ha sido una opción.

PanadaraColasEl lunes todo fue pan y felicidad. Gente con bolsas repletas de canillas por toda la ciudad. Una cosa hermosa de esas que se logran solo en revolución. Antojarse de un pan a las 4 de la tarde y conseguirlo: solo gracias al dúo presidencial. Pero el enemigo no descansa. La patria está constantemente bajo fuego. Y el pueblo comienza a ser bombardeado con preguntas y planteamientos incómodos.

Ahí está el diputado José Guerra vaticinando que las panaderías Clap, para las cuales el Gobierno aprobó una inversión de 5 mil millones de bolívares, irán a la quiebra como las “areperas socialistas”. Y luego otros asuntos igualmente obvios: ¿hasta ahora no había pan suficiente por falta de materia prima para hacerlo o por que a los capitalistas de origen portugués les resulta mejor negocio racionarlo? Si solo 10% del trigo podrá usarse para otros productos, ¿veremos rápidamente escasez de cachitos y pasteles? ¿Qué futuro le espera al mini-lunch? ¿De verdad el Gobierno puede traer el trigo con suficiente rapidez y cantidad como para lograr la meta de 709 locales produciendo pan a toda hora? Si es así, ¿por qué no lo hizo antes?

De acuerdo a las instrucciones de El Aissami, ¿el pan que se compre a primera hora será del día anterior? ¿Pan viejo en la mañana es la orden? ¿Quién garantiza que los comandos de la guerra del pan no cederán a la tentación del guiso y la extorsión? ¿Cuánta discrecionalidad tienen esos comandos a la hora de acusar y meter en problemas al dueño de una panadería? ¿Cuántos negocios productivos terminarán en manos ajenas y acabarán languideciendo pintados de rojo?

Y la gran interrogante que se plantea todo conspirador: ¿quién saldrá beneficiado de todo esto?