Alcalá Cordones: No cuenten con el Alto Mando militar

Por Oscar Medina @oscarmedina1.- Todavía hay quien cree en una reserva de institucionalidad dentro de la Fuerza Armada. Y cuando las cosas se ponen feas, la invocan sin obtener respuesta. Alguien que salió de lo más profundo de la militancia chavista de uniforme invita a perder la fe: Los oficiales lo tienen todo, no quieren cambiar el escenario por más crítico que sea para el pueblo.


Por Oscar Medina @oscarmedina1.- Por fin alguien que los conoce, alguien que viene de ahí, lo dice con absoluta claridad: “El alto mando militar está muy cómodo con Maduro”. Tanto análisis, tanta explicación, tanto detallar negocios, señalar lo que controlan y lo que no, denunciar el potencial de la empresa todopoderosa que les han permitido crear y hay que esperar a que sea el general retirado Cliver Alcalá Cordones quien baje de las nubes a esos que creen en la existencia de la criatura fantástica conocida como “militar institucionalista”.

Cliver Alcalá Cordones, general retirado.

Y son unos cuantos los actores políticos que tienen fe y de tanto en tanto, cuando las cosas se ponen más feas, lanzan exhortaciones, proclamas, ruegos casi, conjuros democráticos, para que aparezcan. Pero Alcalá Cordones les trae malas noticias: “La Fuerza Armada no responde a las llamadas de los políticos sino a los de su comandante en jefe que es el presidente de turno. Así ha sido desde 1958”. Eso le declaró al diario ABC de España en una muy breve entrevista -fechada el 17 de abril- que debería circular entre todas las organizaciones de la unidad opositora.

El general en retiro y hoy disidente sabe lo que dice. Formó parte del clan: Estuvo con Hugo Chávez en el intento de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, y le fue fiel en abril de 2002. En noviembre de ese año el entonces coronel Alcalá Cordones dirigió la toma de la Policía Metropolitana. En 2008 fue destacado en Valencia y allí le hizo la guerra a Walid Makled y -en consecuencia- al gobernador Luis Felipe Acosta Carlez. El ex magistrado Eladio Aponte Aponte -cercano a Makled- lo acusó desde Estados Unidos de tener vínculos con el narcotráfico. En agosto de 2010 pasó a ser comandante de la Cuarta División Blindada de Maracay y jefe de la Guarnición Militar de esa ciudad. Fue también uno de los primeros y más entusiastas oficiales en proclamar la condición “chavista y antiimperialista” de la Fuerza Armada. En 2013, siendo comandante de la Región de Defensa Integral de Guayana, se dio de baja del Ejército.

La exposición del resumen curricular no es caprichosa: Sirve para entender de dónde viene esta voz que acaba de decir lo siguiente: “Es que el alto mando militar está muy cómodo con Maduro. Para qué tumbarlo si los ha puesto a hacer negocios en áreas estratégicas de la economía, la minería y el petrolero”.

Todo un aguafiestas: “Los grupos de poder no están enfrentados entre sí porque a cada uno Maduro le ha permitido hacer grandes negocios con los fondos públicos. No hay diferencias entre ellos sino complicidad y hermandad, y lo han demostrado con las sentencias del Tribunal Superior (sic) de Justicia que se ajustan a los intereses de esos grupos. Son caimanes en el mismo pozo”.

Esos caimanes están contentos. Viven bien. Otro nivel. ¿Por qué van a querer cambiar la situación? El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, prácticamente le da la razón a Alcalá Cordones. En su discurso de ayer -17 de abril- en la celebración de los siete años de creación de la Milicia Bolivariana reafirmó su lealtad al presidente Nicolás Maduro y explicó que no sólo se debe al mandato constitucional sino que los de uniforme también se sienten agradecidos por “su constante preocupación por nuestro apresto, por nuestro bienestar”. Y Maduro le hizo carantoñas: “Amor con amor se paga”, le dijo al Ministro. Prometió recursos para darle un fusil a cada miliciano. Y serán 500 mil. Serán legión.

Maduro, como Chávez, ve en cada marcha opositora al fantasma del 11 de abril. Manipula, como su mentor. Trata de unificar lealtades haciendo sonar alarmas. Plantea la convocatoria a manifestar del próximo miércoles como una afrenta a su condición de gobernante. Le piden elecciones y él habla de golpistas, de traidores. Y exhibe a sus tropas. Azuza a sus caimanes.

Diosdado Cabello, por su parte y al mismo tiempo, promete más: Jura que 60 mil motorizados saldrán a las calles el miércoles a exhibir su apoyo a Maduro sobre sus corceles chinos y coreanos. Así es la “unión” cívico-militar. Tiene cara de amenaza y ruge. El Gobierno no quiere al país embochinchado -por usar la expresión de Henri Falcón-. Lo prefiere hambreado, enfermo, acosado, empobrecido. Pero no más bochinche: Quiere acabar rápido con la protesta. Al costo que sea: Ya nada más importa. Los caimanes no quieren que el pozo se agite más de la cuenta.