Con la guerra el chavismo sustituye a la política

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- Y es que para el militarismo y su séquito, nutrido por la izquierda borbónica, el acto electoral siempre fue un asunto táctico. Un medio, nunca un fin.  Se acude a las urnas cuando la victoria es altamente probable o cuando la derrota se puede revertir en un mayor control político.


Ezio Serrano Páez.

Por Ezio Serrano Páez @EzioNoc.- El siempre recordado historiador Manuel Caballero, fue uno de los intelectuales que más tempranamente advirtió sobre la verdadera naturaleza del chavismo. Mientras el grueso de las élites venezolanas en días posteriores al 4F, producían su bochornoso striptease ante el militarismo, Caballero en cambio señalaba, tan agudo como aguafiestas: El chavismo significa el regreso de la guerra como forma de hacer política.

Al momento, los venezolanos estaban maduros para renegar de su mayor logro civil del siglo XX, el diálogo y la concertación como formas específicas de la vida política civilizada. Había que matar el Pacto de Punto Fijo, y una tanqueta irrumpiendo en Miraflores resultó la metáfora  más apropiada para aquél acto de barbarie aplaudido por las mayorías. De habernos tomado en serio la advertencia de Caballero, tal vez hoy la amenaza de la guerra no sería tan cierta como aterradora.

La gran paradoja del liderazgo democrático

Y es que para el militarismo y su séquito, nutrido por la izquierda borbónica, el acto electoral  siempre fue un asunto táctico. Un medio, nunca un fin. Se acude a las urnas cuando la victoria es altamente probable o cuando la derrota se puede revertir en un mayor control político. El famoso ¡No volverán! resultó una franca declaratoria de principios que niega un factor esencial del orden democrático: La alternabilidad.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Mientras los demócratas convierten las elecciones en dogma o ritual sagrado que permite ahorrarse los cañonazos a la hora de resolver diferencias, el chavismo en cambio, utilizó las contiendas electorales para socavar las bases del orden preexistente. Para cuando ya se agotara el artilugio, la fiebre de poder debería estar consolidada. Y ya no harían falta las máscaras.

El liderazgo democrático, debió aferrarse a los métodos pacíficos para enfrentar un adversario armado. Ha procurado imponer la política a quienes sólo hablan el lenguaje de la guerra. Así,  el chavismo hasta cuando dialoga no cesa en el uso de su artillería. Mientras el militarismo destruyó la democracia con procedimientos democráticos, ahora se debe franquear el muro de la guerra para restituirla. De eso trató la advertencia desoída a Manuel Caballero: El militarismo y el espantajo de la guerra, van de la mano.

Empujando hacia la guerra 

Hacer política declarando la guerra no es la simple remembranza de Carl Schmitt, Mao Zedong o Joseph Goebbels. Aparte de la consabida relación que convierte al adversario en “el enemigo”, los mentores del desaguisado suelen empeñarse en construir jaulas políticas de hierro. Es el mejor modo de encerrar las aspiraciones democráticas de los ciudadanos.

Hugo Chávez, ex presidente de Venezuela.

El nunca bien ponderado “comandante eterno”, comenzó la construcción del encierro, nada nuevo, aboliendo los vínculos de pertenencia abstractos e institucionales, para sustituirlos por vínculos personales: Es la fidelidad a la figura del caudillo y su causa política. El paradigma de fidelidad luego se trasladó desde el partido a las instituciones del Estado, esencialmente a la Fuerza Armada, los ministerios, los medios de comunicación, y hasta los grupos vecinales se vieron compelidos a proclamarse “amigos o enemigos” de la justa causa, en lugar de fieles seguidores de la Constitución y las leyes. Se procuró levantar una legión de esclavos prestos a la obediencia ciega, autómatas incapaces de discernir sobre la justicia y la libertad. Es el ejército patrimonial, siempre a la orden del jefe máximo.

¿Puede haber mejor estímulo para la confrontación y la guerra que estigmatizar a los infieles y asfixiar a quienes desean ser libres y autónomos? En la práctica, el chavismo trastocó su proclamado humanismo en segregación, humillación, expatriación, persecución, intolerancia y otras taras afines a la polarización. En tal cuadro, la mesa está servida para la guerra. Porque no es exagerado esperar diversas formas de rebelión en una sociedad que en algún momento ha podido abrevar en las aguas de la libertad.

Dejar abierta una salida para conjurar la guerra

Maduro recibió la jaula de hierro casi a ser culminada. Pero los avances en su construcción habían contado con la mascarada electoral que ahora no es funcional. ¿Cómo continuar el dominio? ¿Cómo justificar la permanencia en el poder? Los guerreristas utilizan la fuerza, la represión. Cuando el reclamo a favor de una solución electoral es respondido con bombas, cuando las jornadas cierran con balance de muertos, heridos, torturados, encarcelados y humillados, ya es ostensible la primacía de la guerra sobre la política.

El bloqueo de la salida electoral es una declaración contra la paz, aunque se formule en nombre del amor. La clara identificación de la dictadura venezolana podría conducir al surgimiento de fuerzas insospechadas en el campo democrático, capaces de asumir el reto a favor de la libertad. Los guerreristas, constructores de la jaula, deberían recordar la conseja de Sun Tzu, justamente en el Arte de la Guerra: “Hay que dejarle una salida a un ejército rodeado. Muéstrales una manera de salvar la vida para que no estén dispuestos a luchar hasta la muerte. No presiones a un enemigo desesperado. Un animal agotado seguirá luchando pues esa es la ley de la naturaleza”.

Pero en la Venezuela de nuestros quebrantos, el drama no parece tener un final feliz. Porque la frase de Sun Tzu podría aplicarse a la cúpula corrupta en el poder. Y acaso ¿No podrían estar   dispuestos a luchar hasta la muerte quienes tienen cuentas pendientes con la justicia internacional? Quienes se vinculan con el terrorismo, el narcotráfico y pueden perder inmensas fortunas, ¿No podrían tener una reacción animal? ¿Cómo mostrarles una salida para que salven su pellejo sin vulnerar la ansiada justicia? Semejante atolladero contiene el rumbo de nuestro futuro como nación. Lástima no haber atendido a tiempo la advertencia de Manuel Caballero.