El billete de 100 y el autogolpe son frías políticas de Estado

Por Orlando Zamora.- El chavismo, en su larga agonía terminal, es incapaz de articular y adelantar un camino que enrumbe al país hacia la superación de la peor crisis político-social-económica. Por el contrario, agrega otra crisis, la judicial. Es que están negados a adoptar las más elementales y sensatas medidas macroeconómicas, monetarias, cambiarias y de orden político institucional, y mucho menos a revisar el infeliz modelo.


Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Por Orlando Zamora.- Para sobrevivir, en el chavismo confían más en las artimañas sugeridas por el asesor español Alfredo Serrano Mancilla. De allí las medidas del billete de 100 bolívares y la sentencia del autogolpe.

Este Gobierno actúa en bloque. Ningún poder se activa si no recibe instrucciones del poder mayor. Estas torpes, y peor ejecutadas  tácticas,“fueron frías y torpes políticas de Estado”.

Lo que pasa es que tanto en una, la del billete de 100 bolívares, como en la otra, la sentencia del TSJ, fallaron por igual los ejecutores materiales del delito y los autores intelectuales.

El violento retiro del billete de 100 bolívares procuró un reventón político-económico

Cada día se evidencia que el violento retiro del billete de 100 bolívares obedeció a metas de contención de los precios, del dólar fronterizo (bumerán, siempre), contraer el consumo, ralentizando el uso de los diversos medios de pagos, estimular uso de tarjetas de débito, arrinconar a los opositores, hundirlos más, luego del “éxito” de anular o postergar todo evento electoral y ganar tiempo sin riesgo de medición alguno.

Para ello, fueron capaces de falsear la realidad, de mentir, desde la escena montada, hasta en los montos reales de billetes supuestamente arribados al país, en 12 aviones y buques repletos de dinero en papel, en menos de 90 días. Lo afirmó un Gobierno bueno en denunciar con muchos bríos las culpas eternas de la automatización bancaria (culpa de terceros, nunca responsabilidad propia).

En nueve años se imprimieron 6.800 millones de piezas de billetes de 100 (es decir, 680.000 millones de bolívares), y si usted junta en hileras esos billeticos de 100, alcanza a cubrir dos veces y media la distancia entre la Tierra y la Luna. Es físicamente imposible imprimir en meses lo que ameritó nueve años. El Gobierno mintió una vez más.

Hoy lo más próximo a la verdad es pensar que no hubo ni hay suficientes dólares para imprimir y costear en tiempo récord, ni siquiera en 180 días, 400.000 millones de bolívares en diversas denominaciones, para reemplazar los 680.000 millones de bolívares de 100 “desalojados” del torrente circulatorio. El costo de todo el proceso, incluyendo seguros, transporte vigilancia, en dólares es cercano a los 8.000 millones de dólares ¿Con cuáles reservas se imprimen tantos billetes en el exterior, en qué tiempo y oportunidad? No hay divisas ni para remedios.

Reuters informa que Venezuela acude sin éxito al auxilio financiero de la petrolera rusa Rosneft para completar pagos de PDVSA por 3.000 millones de dólares en abril. Incluso le ofrece negociar participación accionaria en Petropiar. El corresponsal de The Wall Street Journal, Anatoly Kurmanaev señaló que existe poco interés de los rusos por ampliar su presencia en nuevos proyectos petroleros venezolanos.

Otras divisas ausentes, son aquellas que no llegan en forma oportuna para cancelar los 12 buques cisternas cargados de gasolina en el Mar Caribe. El billete de 100 aún predomina como ningún otro, en consecuencia las prórrogas proseguirán este y los meses venideros.

La banca toda, comenzando por los seis megabancos, acusa hoy una visible iliquidez de dinero efectivo; era ese uno de los objetivos buscados por el artilugio del cono. No hubo tampoco voluntad sincera de que llegara la totalidad de los billetes requeridos a los aeropuertos o puertos. Asimismo, continúa el cierre silencioso de agencias y sucursales (3.600), se sigue achicando el sistema bancario, las entidades financieras reducen los montos solicitados de créditos al momento de otorgarlos, ni sueñan con la ampliación de límites de tarjetas de créditos. Contados bancos han ajustado su capital social en concordancia con la indetenible inflación.

Todo esto conlleva a mayores dificultades en la inversión en equipos dolarizados, en el uso de los medios de pagos, lo que se traduce en lenta movilización de billetes en las redes bancarias, pues el objetivo perseguido en la cruel política oficial es paralizar o diferir parte del consumo diario. Que la gente se planifique, desestimular la propensión al consumo. Todo bajo el control brutal de algunos precios.

El autogolpe de la Sala Constitucional del TSJ intentó blindar el tramo final del modelo

Fue un “sesudo cálculo estratégico” de la sala situacional principal, encabezada por el presidente Nicolás Maduro y sus principales asistentes. Estimaron como maduras y adecuadas las condiciones para marginar y contener el potencial auge de las fuerzas que pugnan por el rescate institucional de la República, donde impere el equilibrio de los diversos poderes nacionales.

Fue también un plan urgentísimo, con una evidente y mucha mayor carga política que en plano económico, ejecutado a paso de vencedores, a semejanza del rápido y violento retiro del billete de 100, que al final luce con más vidas que las de un gato. Las órdenes fueron tajantes. De una vez por todas gobernemos solos, obviando las facultades constitucionales de la Asamblea Nacional. Pero falló en su ejecución, además, de la escasa prestancia jurídica, el cálculo político y su estrecha repercusión con el resto del mundo, donde se jerarquiza la división de poderes y el respeto a los contrapesos de poder.

Tareck El Aissami, Vicepresidente de la República.

La última sentencia de la Sala Constitucional pretendió también facilitar fuentes de recursos

El régimen está tan necesitado de asentar su débil gobernabilidad, como de urgentes suministros de divisas que requieren, generalmente, por exigencia constitucional la debida autorización de la Asamblea Nacional por ser considerados en la mayoría de los casos, endeudamientos de la Nación. Así, la asistencia financiera prestada por los bancos multilaterales como el BM, BID, CAF y otros deben ser aprobados por el Parlamento Nacional, igual con posibles empréstitos elevados.

La constitución de empresas mixtas, convenios operativos y las condiciones que regirán la realización de actividades primarias (petroleras, otras), requerirán la aprobación previa de la Asamblea Nacional, ésta deberá ser informada de las circunstancias relativas a la constitución, condiciones y ventajas especiales a favor de la República. En otras palabras, el modelo de empresas mixtas lo aprueba la Asamblea Nacional con toda autonomía. Esto se pretende vulnerar con la sentencia del TSJ suspendida.

Igualmente, el Ejecutivo que arrastra un elevadísimo déficit en divisas, aspira en el muy corto plazo la obtención de dólares por la vía de las empresas que operarán en una vasta región que rodea al Río Orinoco, en el llamado Arco Minero del Orinoco. El TSJ pretende que la Asamblea Nacional no interfiera en forma alguna en materias que le incumben relacionados con las condiciones en que operarán las empresas que explotarán la extracción de minerales valiosos en la zona.

A pesar de la suspensión de la redacción original de la sentencia 156 del TSJ, aspectos relacionados con la negociación en las áreas del llamado Arco Minero permanecen intactos, manteniendo el Ejecutivo nacional una elevada discrecionalidad en los asuntos operativos y financieros.