El gobierno de Maduro profundiza la agonía económica

Por Orlando Zamora.-El desenlace político resulta más complejo de adivinar.  Tiene su propio vaivén, aunque va unido al económico. El serrucho del poder se tranca y se convierte en pelea de resistencia y desgaste. Es la gran piedra de tranca del desenvolvimiento económico inmediato y futuro.


Por Orlando Zamora.-Nada es más predecible que los pasos que siguen a un derrumbe en su libre caída, en su descenso fatal. Nos referimos al acelerado deterioro de la economía venezolana. Los elementos de análisis saltan a la vista: la persistente movilidad de los precios, el nivel de las reservas en poder del BCV, cierre definitivo de la General Motors, pronósticos del FMI, colas por objetivos precisos como papel sanitario, aceite,  pan o leche.

El desenlace político resulta más complejo de adivinar.  Tiene su propio vaivén, aunque va unido al económico. El serrucho del poder se tranca y se convierte en pelea de resistencia y desgaste. Es la gran piedra de tranca del desenvolvimiento económico inmediato y futuro.

Todo esto bajo el marco de un optimismo que pregona el presidente Nicolás Maduro, en el sentido, de que todo irá bien. Destaca también el Presidente: se aceptan propuestas, sugerencias de diversos sectores, y agregamos nosotros,  siempre y cuando se revise más una década de socialismo improductivo, causante principal de la destrucción de la anterior economía.

Lo que Maduro debe cambiar y no posponer más

Los esfuerzos señalados se ven truncados por las acciones del Gobierno central, tanto políticas como económicas. En ambos casos se ha pretendido buscar soluciones a través de las mismas prácticas hegemónicas de siempre: los 15 motores que intentan arrancar un país cuyo PIB caerá en 2017 en 7,4% según el FMI.  Se coloca al Estado como escenario y sujeto  principal, sin liberar las riendas a la economía real a todos los venezolanos.

Recurrir a los boliburgueses, que no aportan capitales propios, sino que van por los diezmados fondos públicos. Es cocinarse en su propia salsa estatal. Otorgar concesiones mineras a la FANB, para soportar el poder político en esta hora crucial donde la propia FANB discute en silencio el futuro inmediato de su alianza con Maduro. Se cuidan ahora del previsible desenlace, electoral o no.

Para que un Dicom sin confianza, libertad, transparente ni dólares funcione debe colocarlo con la anuencia del BCV en manos de los factores privados, porque las divisas ya no las mueve la revolución. Las tienen los ahorradores privados. Hay que apurar un mercado que funcione bajo un régimen cambiario que garantice la libre tenencia.

Escenario posible, siempre y cuando PDVSA se mantenga bien lejos del poder que la corrompió, que no toque los dólares, que se los venda 100% al BCV y se dedique en cuerpo y alma a recuperarse como corporación.

Insistir en  tratos denigrantes con rusos chinos, mediantes convenios y condiciones, empeoran el cuadro terminal de la muy enferma economía. La misma, que finalmente, no podrá cancelar el servicio total de deudas en el venidero 2018, año crucial para el destino venezolano.

Acordar una pausa en la confrontación y control de la actividad económica, que abandone la vigilancia del destino de cuanta mercancía rueda por las carreteras nacionales, práctica que distorsiona la atención adecuada de la demanda nacional de productos y que ha corrompido a la GNB.

La encrucijada política paraliza el viraje económico

Como sostienen todavía los escasos defensores del casi extinto pensamiento económico marxista: la economía y la política son una misma expresión práctica que se retroalimenta. Y tienen razón, Venezuela hoy es una evidente demostración de ese fenómeno, el estado al intervenirla en exceso la obstruye, la minimiza, no la deja emplear todas sus fuerzas para levantar al país.

De paso, la experiencia vivida bajo el chavismo, aclara la insostenibilidad de un sistema donde predomina el Estado y subordina los sueños de vida del hombre, a las cadenas de una cúpula estatista diseñadora del esquema económico preponderante, donde no hace ni falta que el hombre opine o sueñe individualmente, porque el Estado todo lo “resuelve” salud, educación, empleo, seguridad, vivir, arte, diversión.

Maduro tiene paralizada la economía nacional. Lo que funciona es gracias a los limitados barcos que mueve el Gobierno y los buques privados que llegan a pesar  de los precios de locura que impone el socialismo burocrático-improductivo que maneja el 40% de la economía.

Si Maduro y su entorno no producen un viraje de rumbo, la nave de la Nación llegará al puerto en muy precarias condiciones bajo un cuadro político impredecible.