El otro golpe que mueve a la gente en la calle

Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD.- Son varios los motivos que han movilizado a la gente para salir a protestar pacíficamente. La difícil condición en que se encuentra el país, el cansancio y la rabia que se mezclan como producto de la pérdida veloz y dura de la calidad de vida. La inseguridad y la escasez, la inflación y desolación que provoca el sólo caminar por las calles y ver al otro en su angustia. Pero el activador final de la movilización ha sido el cambio de actitud de la dirigencia política, y en especial de los diputados de la Unidad Democrática frente a un real golpe de Estado contra la Asamblea Nacional y quienes votamos por ella.


Angel Medina Devis.

Por Ángel Medina Devis @AngelMedinaD.- Vivimos el reencuentro de todos los venezolanos. Luego de varios meses de diatriba, criticas sustentadas y muchas otras irracionales, está la propia crisis que llevó a la reestructuración de la Mesa de la Unidad. Luego de tantos conflictos que nos colocaron a los políticos, empresarios, gremios, asociaciones y al pueblo en general en una situación de angustia quieta, volvemos a retomar el ánimo por un movimiento que nos conduzca al cambio que necesita el país.

Cada quien podrá argumentar las razones que nos han remotivado a organizarnos y enfrentar la crisis que hoy padecemos. Algunos se inclinan por darle la causa a los errores cometidos por quienes hoy están en el poder, promoviendo con ello que la fuerza del pueblo reside en la debilidad del poder, y por tanto es justa la magnitud de las protestas en la misma medida que las acciones desacertadas del Gobierno. Otros achacan este despertar a la difícil condición en que se encuentra el país, al cansancio y la rabia que se mezclan como producto de la pérdida veloz y dura de la calidad de vida. A la inseguridad y la escasez, a la inflación y desolación que provoca el sólo caminar por las calles y ver al otro en su angustia.

Es esa dinámica de destrucción la que se comienza a expresar en forma de rabia y depresión activa. Y también están los que tienen comoactivador de la movilización el cambio de actitud de la dirigencia política, y en especial de los diputados de la Unidad Democrática frente a un real golpe de Estado contra la Asamblea Nacional. Al arrojo de los partidos, y en especial a las acciones de fuerza y vanguardia del propio presidente de la Asamblea Nacional, diputado Julio Borges. Esta nueva condición de lucha política pone al resto de los ciudadanos en ánimo de militar en la calle, de responder a la convocatoria y de reactivar su acción personal frente a un Gobierno que se pretende hegemónico.

La gran verdad es que todo lo que hoy sucede es el producto de la mezcla de cada una de estas tesis, es la respuesta natural de un país que se siente frustrado en sus aspiraciones y que de a poco se va convenciendo que por más poder que tenga el poder, este al final es débil cuando incumple con el pacto social. Que se pretende como opresor de todo lo que se le oponga, de una Venezuela que se saca el lastre terrible del miedo paralizante y comienza a moverse con destino propio y fuerza. Sin duda, irá creciendo a pasos agigantados.

Esto es un proceso social y político que se da en medio de una crisis estructural real de la sociedad, de nuestra economía y de nuestra condición como ciudadanos, en medio de un severo aislamiento internacional que hoy sufre el Gobierno, que lo deja solo en medio de las declaraciones de rechazo de toda la región. Que lo condiciona a niveles casi imposibles de obtener financiamiento internacional, y que se presenta ya como un dictador frente a todos los espacios de opinión y decisión mundial.

Un proceso que no tiene nada de elaborado, que se ha gestado a fuego lento como consecuencia de un poder que no comprendió su responsabilidad real en medio de un tiempo de abundancia y derroche. Que se nubló en el dogma ideológico que le impidió reconocer al otro.

Asistimos a una etapa que se nota complicada, donde nadie posee la llave mágica para conseguir una ruta de cambio milagroso. Pero si de algo hoy tenemos mayor conciencia es de que se hace imperativo empujar ese cambio, e ir construyéndolo en el propio camino de lucha. No existirá un nuevo país si este no es el producto de la voluntad expresa de los millones de hombres y mujeres que habitamos esta tierra.

Si algo tenemos claro, es que una elección pasa a ser el camino para iniciar el desmontaje de esta crisis. Que todo cambio para que sea sostenible en el tiempo, estable y con posibilidades de progreso, necesita inexorablemente que la voz de cada uno de nosotros se transforme en un voto por el futuro. Es un momento complicado como tantos otros que nos ha tocado vivir, pero Venezuela merece el esfuerzo.