La inhabilitación de Capriles lo crece y alimenta

Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- La medida del Gobierno convierte al gobernador en víctima, algo que adoran las masas, y le da más oxígeno a una Oposición unida, fuerte y decidida a que Venezuela vuelva a ser un país democrático.


Por Elizabeth Fuentes @fuenteseliz.- La esperada inhabilitación del gobernador de Miranda, Henrique Capriles -siguiendo el guión que le aplicaron a Leopoldo López-, es una medida muy equivocada, pero no porque signifique una injusticia más de un gobierno antidemocrático, sino porque se le puede revertir en poco tiempo. Primero, porque en este momento el país no es el mismo de cuando inhabilitaron a Leopoldo López -de hecho, Hugo Chávez estaba vivito y coleando-, y luego porque semejante escalada desde el poder sólo va a lograr que el gobernador Capriles se transforme, nuevamente, en una figura pública de mucha fuerza, suficiente para lograr sólo con su apoyo, que cualquiera otro gane cualquier elección.

Y, para colmo, el Contralor -un hombre absolutamente desprestigiado desde que aceptó que ha contratado a familiares suyos en el despacho porque hay “nepotismo positivos”-, le regala hoy a la Oposición, unida, reforzada y con ánimo triunfante, una víctima que, como saben los expertos en marketing político, siempre son adorados por las masas. Ahora los opositores cuentan con una bandera más para su lucha, similar si se quiere a la barbaridad cometida desde el TSJ y su golpe judicial.

Pero como si fuese una batalla militar -y en eso los golpistas del 4F no fueron precisamente exitosos- , el Gobierno insiste en avanzar contra la voluntad popular, armado de esos Kaláshnikov que han puesto en manos del Contralor y la Sala Constitucional del TSJ, cegado en sus ambiciones de mantenerse en Miraflores para siempre, como dijo Diosdado Cabello, sin considerar que, como el viejo chiste, los rusos también juegan. Y en ese campo resulta difícil imaginar que un gobierno que mantiene a un país hambriento, sin medicinas, con una inflación mayúscula y ningún líder que logre ni siquiera acercarse a la puntuación de cualquier opositor, logre mantenerse en el poder 15 años más, toda una eternidad para el país que los sufre.

15 años durante los cuales Capriles deberá permanecer inhabilitado para ocupar algún cargo político, pero casi nada para un hombre que, con sólo 44 años, tiene mucho tiempo por delante para esperar por el destino que anhela.