Maduro pasó de la fantasía de La Habana al susto de San Félix

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Maduro dijo en La Habana que en las calles de Venezuela la gente le grita que “no te rindas”, y 24 horas más tarde San Félix lo desmentía con un baño de cruda realidad.


Juan Carlos Zapata.

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- El lunes 10 de abril en La Habana, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se ufanaba ante los colegas del Caribe y Centroamérica que el pueblo le grita en la calle que resista, que no se rinda. El martes 11 de abril, apenas 24 horas después, el pueblo de San Félix le ofrecía un baño de realidad, repudiándolo con huevos o con objetos varios. ¿Qué importa qué lanzó la gente?

Los delegados, los otros mandatarios que asistieron al encuentro de los países que conforman el Alba oyeron un relato que sólo cabe en la cabeza de Maduro. La misma cabeza que la anoche de este martes intentaba protegerse ante el evidente rechazo. Y justo, en el preciso instante que el mandatario se llevaba la mano a la cabeza, quizá para limpiarse de alguna salpicadura, el comentarista oficial del evento, apuntaba: “Este acto ha concluido”.

Maduro dijo en La Habana que la semana anterior había visitado 4 estados y el día previo estuvo en Barquisimeto y la gente que “se agrupa en las esquinas, en las calles, en las avenidas, cuando se entera que hemos llegado, que yo he llegado a un estado, me grita, un solo grito, y yo se lo traigo a ustedes aquí para darles las gracias a tanto amor, a tanta solidaridad, a tanto apoyo; a tanta valentía, hermanos del Caribe; a tanta valentía, hermanos de Centroamérica, el pueblo me dice: «Maduro, no te rindas, que nosotros no nos vamos a rendir».

El discurso terminó siendo desmentido por la realidad. Por la lluvia de objetos y por la cantidad de personas que se acercaron al evento no para gritar que resista, que no se rinda, sino para gritarle “maldito” y echarlo, tal como en efecto ocurrió. El pueblo no resiste por Maduro, no se inmola por Maduro. El pueblo quiere otra cosa. De allí los insultos.

Nicolás Maduro, Presidente de la República y Cilia Flores, primera dama.

Ya la sola aparición de la gente entrando sin permiso al área del desfile militar por los 200 años de la Batalla de San Félix, mientras Maduro daba su discurso, puso sobre aviso al gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez, quien le hizo una señal de advertencia a la custodia civil y militar. Luego comenzó la protesta que terminó en retirada y en el corte abrupto de la transmisión. Antes, Maduro había señalado que tenía que estar a la altura de los retos, pronunció su manida frase de la unión cívico-militar, e hizo una referencia al pueblo del estado Bolívar. No tomaba en cuenta que en el estado Bolívar fue donde precisamente ocurrió el año pasado uno de los episodios más violentos a raíz de la retirada de circulación del billete de 100 bolívares. ¿Está Maduro fuera de la realidad? ¿Es consecuencia de la soledad del poder?

Antes del corte y la precipitada retirada del Presidente en un vehículo militar, se escucharon los gritos y fue posible observar la trayectoria de objetos, y aunque no tantos como las bombas lacrimógenas que en los últimos días han disparado la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana contra los manifestantes en Caracas y otras ciudades del país, aunque sí más contundentes por el simbolismo que expresan. Un huevo dice más que las miles de bombas lacrimógenas lanzadas por la maquinaria antiprotesta, represora, que montó el general Néstor Reverol para proteger al “inquilino” del Palacio de Miraflores. Maduro saluda y a cambio recibe gritos y huevos.

El centro del poder civil y militar estará tomando nota. Lo ocurrido en San Félix tiene un mayor significado que lo que pasó en Villa Rosa, Nueva Esparta, en septiembre de 2016. Este abril es otro contexto. Es otra realidad. La crisis se ha profundizado. El Gobierno no es visto como gobierno sino como dictadura. El repudio de la comunidad internacional es casi unánime. La Oposición luce unida y moralizada. El Gobierno reprime a mansalva para sostenerse, y entrega los últimos activos con el fin de pagar la deuda y no caer en default. Ayer adelantamos que en el centro de mando de Maduro hay indicios de fractura.

En La Habana, Maduro dijo: “¡Venezuela no se va a rendir, Venezuela va a seguir el curso de una revolución fundada por un gigante, Hugo Chávez, y ese curso seguirá su camino más allá de las amenazas, más allá de las agresiones!”.

En efecto, Venezuela no se rinde. No se va a rendir. Fue Maduro quien anoche se rindió. Por lo que el discurso de La Habana se suma al inventario de la manipulación.

Dijo Maduro: “No será la OEA y no será la derecha proimperialista la que corte el curso victorioso de una revolución que ha nacido de la historia y que tiene llamada por la historia un solo destino: ¡La victoria, la victoria y la victoria!”. Tiene razón. No es la OEA. No es la derecha. No es el imperio. Fue el pueblo de San Félix, el mismo San Félix que era bastión chavista. ¿Desconoce esta realidad Maduro? ¿Vive aislado? ¿Lo han aislado? ¿Es la enajenación del poder?

“¡Ya al Pueblo de Bolívar no lo engañas más! Venezuela entera te aborrece”, escribió en su cuenta Twitter el gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonski. Por su parte, el ex presidente de la Asamblea Nacional escribió: “Gobierno sabe que cuando se hagan elecciones las perderá de calle y por eso se niega a desnudar su precaria falta de apoyo”. Maduro gritaba ¡Victoria! en La Habana. Pero la realidad es la que señalan las encuestas, la que apunta Capriles, la que confirma Ramos Allup: Rechazo, repudio y derrota electoral. Ramos ironizó: Epa Nicolás, te corretearon a ti y a la gloriosa FANB.