Nicolás Maduro ha llegado a un punto sin retorno

Por César Morillo @cesarmorillo7.- La cuerda se ha tensado como nunca, el juego está trancado. La salida es electoral, sin duda, pero en la medida en que Maduro la siga posponiendo hará más difícil su futuro más allá del poder. Ha colocado la situación en un camino sin retorno. El chavismo corre el riesgo de sepultarse con su liderazgo. ¿Valdrá la pena semejante sacrificio por una cúpula enriquecida y corrompida?


Por César Morillo @cesarmorillo7.- Hoy la realidad venezolana se aprecia con mayor nitidez, ya no hay lugar a medias tintas. Lo que era tan obvio para buena parte de los venezolanos pasó a serlo también para la comunidad internacional. En Venezuela está instaurada una dictadura. De origen electoral, sí, pero cuyo desempeño posterior ha derivado en un régimen autocrático, y ello impone una perspectiva analítica distinta.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Después de ser derrotados de forma contundente en las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015, comenzaron a develar su rostro más autoritario y fascista. Diosdado Cabello, aún presidente de la Asamblea Nacional, convocó a su bancada mayoritaria para sesiones extraordinarias justo tres semanas antes de cesar funciones. Nombró a magistrados al TSJ, máximo tribunal del país sin respetar los procedimientos, requisitos y condiciones mínimas que la ley exige. El propósito era claro, impedir el funcionamiento del Poder Legislativo anteponiéndole al Poder Judicial por ellos controlados.

Desde el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) emanaron sentencias que anularon las iniciativas del Parlamento hasta sentenciar su aniquilación absoluta. Golpe de Estado, claro y rampante. Desde entonces el mundo entero, salvo los socios de proyecto autocrático -beneficiados de las bondades del petróleo venezolano y de los dadivosos gobernantes- se levantó a señalar la dictadura. La OEA, Mercosur, la Unión Europea y diversos parlamentos del mundo se han pronunciado en contra del gobierno de Nicolás Maduro. Luego vino el deslinde de la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, quien denunció la ruptura del hilo constitucional.

El régimen está acorralado. Mermada su influencia popular se niega a aceptar la realización de las elecciones que la Constitución obliga. Comenzando por las de gobernadores, cuyo período está vencido desde el año pasado, y las de alcaldes que la ley obliga a realizar este año.

Desnudo como está, el régimen enseña su rostro más terrible, amenaza, amedrenta, y pone preso a líderes opositores. Acusa de conspiración sin mostrar pruebas o inventándolas, sin respetar a la Fiscalía y los procedimientos que la Constitución establece. Arma a milicianos, que son militantes sin empleo, la mayoría de la tercera edad y sin experiencia militar alguna, a cambio de un salario.

Sin apoyo popular, con una economía en el suelo, con inflación ínter anual de tres dígitos y con una delincuencia desbordada, es razonable preguntarse: ¿Qué mantiene a Maduro en el poder?

La respuesta es obvia y desalentadora a la vez. Por un lado la Fuerza Armada que perdió su tradicional postura institucional y cuyo Alto Mando se declara militante del Socialismo del Siglo XXI ejerciendo, sin escrúpulo alguno, una represión brutal contra los ciudadanos.

El otro factor que explica el mantenimiento del régimen y su relativa cohesión es la corrupción. La cúpula en el poder ha devenido en una especie de camarilla delincuencial que se reparte el botín, en un mecanismo perverso donde el negociado con las importaciones de alimentos, medicinas y otros rublos de la economía sirven para la acumulación de riqueza. Han construido una red de complicidad delictiva en donde todos tienen las manos metidas. Eso explica el enorme temor en quedar sin poder. Saben que en una sociedad donde funcionen las instituciones y la justicia recobre su autonomía, tendrán que dar cuenta de sus súbitas riquezas y de sus delitos de lesa humanidad, y por eso se sienten obligados a jugárselas por completo.

Así llegamos al 19 de abril, fecha histórica que conmemora la Independencia, con el anuncio de dos marchas simultáneas, la opositora y la oficialista. El Gobierno haciendo un esfuerzo por arrastrar lo que su liderazgo no puede, mueve a los funcionarios públicos de todo el país bajo amenazas de cualquier tipo. La Oposición anuncia marchas en todos los estados, y en Caracas se realizará la principal que presagia ser la más concurrida de la historia.

A diferencia de otros tiempos, nunca la Oposición se presentaba tan unida y con tan claros planteamientos. La realización de las elecciones vencidas, la liberación de los presos políticos, la restitución de las competencias constitucionales de la Asamblea Nacional, lo que seguramente supondrá la destitución de los magistrados responsables del golpe de Estado, así como la reestructuración del árbitro electoral, requisito indispensable para garantizar elecciones transparentes.

Aunque la marcha de este miércoles no supone un cambio de gobierno, su magnitud y civismo podría marcar un hito en la lucha por la restitución de la Constitución y la democracia.

Por el lado del régimen, Maduro ha hecho esfuerzos por atemorizar con la fuerza y amenaza con cárcel a los opositores. Este martes ordenó activar el “Plan Zamora” que evoca el macabro “Plan Ávila” activado por Chávez aquel fatídico 11 de abril de 2002. No conforme con la activación de todo el aparato represor, ha ordenado armar a las llamadas milicias, y ha anunciado la compra de 500.000 fusiles, justo cuando la escasez de medicinas y alimentos azota a los ciudadanos.

Hay formas de intentar esconder el miedo, una de ellas es amedrentando y amenazando al adversario, tal parece ser lo que pretende el régimen, pero esa táctica se le agotó.

La cuerda se ha tensado como nunca, el juego está trancado. La salida es electoral, sin duda, pero en la medida en que Maduro la siga posponiendo hará más difícil su futuro más allá del poder. Ha colocado la situación en un camino sin retorno. El chavismo corre el riesgo de sepultarse con su liderazgo. ¿Valdrá la pena semejante sacrificio por una cúpula enriquecida y corrompida?