El nuevo reto de la fiscal Luisa Ortega Díaz

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Su línea ha incomodado al Gobierno, al poder chavista, que entre ceja y ceja se ha planteado no sólo borrar a la Asamblea Nacional sino también a ella de la Fiscalía. Pero la historia avanza en otra dirección. Los críticos a la constituyente convocada por Nicolás Maduro se hacen más numerosos, mientras que los aliados son menos.


Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República.

Por Juan Carlos Zapata @periodistajcz.- Quienes la visitan observan a una mujer relajada. Tranquila. Segura de lo que ha hecho. Lo apuntó KonZapata a raíz de cuando ella señaló que las sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional tenían elementos que rompían con el hilo constitucional. Sí, la Fiscal dijo lo que dijo convencida, a conciencia de lo que afirmaba. Lo apuntó entonces una fuente cercana al Palacio de Miraflores. Así, la Fiscal se mantiene en posición. Las presiones no mueven las estructuras del Ministerio Público. El equipo la acompaña. La respalda. Ese equipo estaba presente cuando ella habló de la ruptura del hilo constitucional y del respeto al debido proceso y de la necesidad de ir al diálogo, al encuentro de la política para evitar un conflicto, una guerra civil. Ese equipo la apoya en lo que luego le declaró a The Wall Street Journal: Que la Constitución de Chávez es imbatible. O sea, para qué cambiarla, para qué constituyente. Como se ve, es su línea. Y esa línea ha incomodado al Gobierno, al poder chavista, que entre ceja y ceja se ha planteado no sólo borrar a la Asamblea Nacional sino también a ella de la Fiscalía. Pero la historia avanza en otra dirección. Los críticos a la constituyente convocada por Nicolás Maduro se hacen más numerosos, mientras que los aliados son menos. De modo que a la Fiscal parece no robarle el sueño que se diga que está en la mira. El diario El Nacional informó este 14 de mayo que “trascendió que el jueves pasado el presidente Nicolás Maduro tuvo una reunión con la institución militar para tratar el tema de la convocatoria a la constituyente comunal. En ese conclave Maduro planteó la salida de Ortega Díaz de su cargo de fiscal general de la República. El jefe de Estado señaló que hacía falta “un fiscal que cumpliera las órdenes que daba a favor de la revolución”. Es decir, aquello que dijo el Presidente hace un mes -a propósito de las sentencias del autogolpe- de que entre el Fiscalía y el TSJ lo que hubo fue un “impasse” y que el mismo había sido superado, no es verdad. La verdad es que la contradicción y la diferencia lucen hoy insalvables porque se mantiene el fondo: La ruptura constitucional, la falta de garantías al debido proceso de los manifestantes, la represión, el juicio a civiles por tribunales militares y el llamado a una constituyente que persigue desmontar la Constitución de Hugo Chávez. Pero la Fiscal como si nada. ¿Está blindada? Eso nos preguntábamos semanas atrás. Su fortaleza es la información. Y también su condición de chavista, libre de sospecha de formar parte de cualquier tramoya opositora. Y también el equipo, ganado para la nueva etapa que debe desempeñar el Ministerio Público. De hecho, a buena parte de las visitas Luisa Ortega Díaz las recibe en su despacho rodeada de funcionarios, confirmando el nivel de confianza que mantiene con ellos. Sin embargo, debe saber que no será sencilla ni fácil la tarea. Conoce al poder por dentro. Y sabe que ese poder es implacable. Pero ese poder también está dividido en torno al proyecto y en cuanto a lo que piensan de ella misma. En Palacio es donde se concentran los más duros adversarios, lo sabe; los que imparten órdenes hacia los otros componentes del Poder Moral y el TSJ. Por lo pronto corre un reto inmediato. El de la credibilidad. Y en cuanto a ello, las debidas comparaciones con Tarek William Saab, con Manuel Galindo, con Maikel Moreno y los magistrados de la Sala Constitucional, con el mismo Maduro y Cilia Flores, con Vladimir Padrino López y también con Julio Borges, con Henry Ramos Allup. No hay que olvidarlo. La Fiscal también habló de la necesidad de que las instituciones recuperen la credibilidad. Ella está en lo suyo. Relajada.