Las contradicciones que pondrán punto final a la tiranía

Por César Morillo @cesarmorillo7.- Puede haber mucha lealtad en la cúpula militar, esa que se reunió con Maduro, pero las bases están descontentas igual que el resto de la población, y ese hecho se hará notar en la medida que avancen los días y la gente persevere en la protesta.


Por César Morillo @cesarmorillo7.- En días pasados se produjo una reunión en Fuerte Tiuna entre Nicolás Maduro y el generalato, ¿Chequeando lealtades? A estas alturas es el generalato quizás el único apoyo que lo mantiene en el poder. Si hacemos una evaluación del conflicto, desde que Maduro lanzó su propuesta de constituyente, no ha sumado un apoyo, más bien ha restado. La resta más importante es el resquebrajamiento del chavismo. Su propuesta supone dinamitar la Constitución de 1999, y eso es un partir de aguas para quienes tienen a Hugo Chávez como líder inspirador.

Maduro insistirá en imponernos su constituyente fraudulenta, pero mientras persista por ese camino irá profundizando su aislamiento. A las disidencias ya conocidas se irán sumando otras. Porque si algo se concluye de esta etapa de la lucha, en donde las calles se llenan de ciudadanos protestando, es que no se puede gobernar indefinidamente contra la voluntad mayoritaria de la gente.

El viernes pasado me aproximé a la marcha de la tercera edad en Caracas. Lo hice por la avenida Libertador, a la altura del Hotel Crillón, otrora hotel próspero y hoy convertido en alojamiento para la legión de cubanos que nos invaden. Estaba del lado de los uniformados y junto a otros ciudadanos conversamos con funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana y de la Guardia Nacional. Ya entrados en confianza, uno de ellos nos dijo que estaban conscientes de la situación, que al igual que nosotros ellos también leían noticias e iban al mercado, y que entre los muchos que ahí marchan se encuentran amigos y hasta familiares.

Uniformados o no, son las carencias y necesidades las que unifican

No puede ser más drástico el contraste y la distancia entre esos muchachos uniformados, con sus salarios de sobrevivencia, y la cúpula de militares enchufados que disfrutan del poder y sus privilegios, con sus hijos fuera, en ciudades del primer mundo, ostentando todo tipo de lujos y gastos, que en ningún caso pueden explicarse a partir del salario de sus progenitores.

Hay tres contradicciones gigantescas, difíciles de defender por el régimen.

La primera es la enorme e inocultable corrupción de la cúpula que manda, mientras a la base militar y policial y a la mayoría de la población no le alcanza el salario para comer.

La segunda es ser mandados a reprimir a ciudadanos que protestan pacíficamente por problemas que ellos también padecen. Muchos recordaban lo que les decían al comienzo: “Contra el pueblo no se dispara”.

La tercera es ver cómo le escurren el bulto a elecciones universales y directas, como estipula la Constitución, mientras pregonan defender una democracia participativa y protagónica.

Puede haber mucha lealtad en la cúpula militar, esa que se reunió con Maduro, pero las bases están descontentas igual que el resto de la población, y ese hecho se hará notar en la medida que avancen los días y la gente persevere en la protesta.

Perdido el apoyo popular, el régimen se aferra a la represión militar, pero ese apoyo está débil. Viendo la marcha del lado de los uniformados, imaginé una escena donde en un momento los soldados, en vez de reprimir a los marchistas, voltean y se colocan al frente de ellos. Ese día se acaba la tiranía.