Los CLAP son el gran aliado de la MUD 

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Con la consigna de todo el poder para los CLAP en las barriadas de Caracas se está montando una auténtica bomba de tiempo. Detrás de las protestas que se han dado en La Vega, El Valle, la Cota 905 (y las que vienen) está la indignación provocada por la humillación en que se ha constituido el arbitrario reparto de bolsas de comida por parte de los activistas del Oficialismo. Que además, en medio una situación de hambre generalizada, cobran primero y luego repartan si quieren.


Pedro Benítez.

Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Es y ha sido la economía el principal factor que al final del día ha demolido el apoyo popular al proyecto de poder absoluto que Nicolás Maduro heredó de Hugo Chávez.

Como ocurrió en el siglo XX con todos los ensayos socialistas, cuando estos no trajeron la prometida abundancia material, terminaron por repartir la miseria como mecanismo de control social. El chavismo obtuvo sus grandes victorias electorales repartiendo lavadoras, neveras, televisores, autos Chery, apartamentos, becas, bonos, incrementos salariales y prometiendo que en el futuro se repartiría todavía más. En 2006 las misiones sociales como mecanismo de subsidio del consumo e instrumentos para solucionar todos los males terrenales fueron las grandes promesas. En 2012 se aumentó esa apuesta y se agregó una adicional: La Gran Misión Vivienda, la que, por cierto, hace ya algunos meses los voceros del Gobierno han dejado de mencionar.

Con Maduro la gran promesa es repartir bolsas de comida. A eso ha descendido el petropopulismo rentista. El gran proyecto político-económico del mandatario venezolano son los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), un sistema de distribución de alimentos con la modalidad de casa por casa, pero con una particularidad adicional: La entrega la realizan los activistas del partido de gobierno previo empadronamiento de los beneficiarios. Con ello la estructura política nacional del régimen venezolano ha pretendido asegurarse la lealtad, o más el buen control político de los sectores sociales más pobres de la sociedad, justamente los más castigados por la actual crisis económica y en los que hasta hace no mucho obtenía su apoyo mayoritario.

Nicolás Maduro, Presidente de la República.

Sin embargo, los CLAP no han escapado al estilo autoritario, arbitrario, corrupto y sectario que ha caracterizado la gestión chavista.

Los activistas del Partido Socialista Unido Venezuela (PSUV) en las distintas comunidades se comportan como auténticos comisionarios políticos que deciden a su real saber y entender a quién atienden.

El criterio político partidista que viene aplicando es el que concibe la política como una guerra contra el enemigo. Y a los enemigos ni el agua. Recordemos que según la versión gubernamental en Venezuela estamos en una guerra interna.

Pero a lo anterior hay que sumar que así como el Gobierno creó la necesidad con la crisis alimentaria, también creó una expectativa de atender la coyuntura con los CLAP, expectativa que está demostrando tampoco es capaz de cumplir. Una caja de sus productos se está vendiendo hoy en Caracas a 20 mil bolívares y una bolsa en 10 mil; el “beneficiario” debe cancelarlo primero con la promesa de recibirlo una semana después. Las quejas por las fallas en la distribución son constantes, la irritación permanente, sobre todo cuando se hace evidente que los encargados de la distribución tienen allí un nada despreciable negocio personal.

Política y negocios, esa combinación capitalista que el chavismo practica pero denomina socialismo.

Con la consigna todo el poder para los CLAP, se ha puesto en práctica una nueva modalidad de humillación colectiva.

Los CLAP se concibieron como mecanismos de control social, sólo que en estos momentos la población venezolana se está rebelando contra el sistema de dominación que encabeza Nicolás Maduro.

Se suponía que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción serían la coronación del proyecto de dominación de los más pobres, pero resulta ser que los habitantes de los cerros cada vez se identifican más con la lucha que está dando la Oposición. Los CLAP son el ejemplo palpable de todo lo que se rechaza del gobierno de Maduro.