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El caos eléctrico y el poder chavista

lunes 13 de junio de 2011, 01:00h

Por Pedro Benítez. En los primeros meses del 2010, el alto gobierno (es decir, el presidente Chávez) trazó una estrategia para enfrentar la crisis eléctrica nacional: PDVSA debía adquirir todas las plantas de generación termoeléctricas disponibles en el mercado internacional.

        Eso implicaba un incremento de la capacidad termoeléctrica del país en unos 4.000 megavatios adicionales, lo que hacía necesario aumentar la disponibilidad para el consumo interno nacional en algo más de 210 mil barriles por día de petróleo, equivalentes en fue oil, diesel y gas. Barriles que serían destinados exclusivamente al funcionamiento de las plantas eléctricas, y que, o se producían aquí o se dejaban de exportar o se importaban. Los conocedores del tema cuestionaron la viabilidad de ese plan. Se dijo que el problema central no estaba en la generación (la sequía era transitoria), sino en el deplorable estado de la red de transmisión y distribución. Pero el ejecutivo, decidido a resolver la crisis ese mismo año, actuó como creyéndose su propio discurso: la culpa la tenían (cuando no) los gobiernos anteriores por haber desarrollado el potencial hidroeléctrico del alto Caroní. Ya saben, el no volverán otra vez. Otro detalle: las inversiones en materia eléctrica se le impusieron a PDVSA, por un monto estimado en aproximadamente 10 mil millones de dólares a ejecutar en 2010. De modo que la secuencia era así: 1) PDVSA tenía que poner los reales. No sabemos si lo hizo. 2) En caso de conseguir las fulanas plantas de generación termoeléctricas, se requería mucho combustible, que se sabía no iba haber por los problemas de producción de PDVSA. 3) Si por algún milagro se consiguiera combustible en las cantidadesrequeridas, no habrían suficientes gandolas y logística para distribuirlo. Tal y como lo ilustra el conocido chiste del infierno venezolano: Si tienes una cosa, no tienes la otra que necesitas para que funcione la primera. El laberinto eléctrico en el que estamos metidos incluye, además, los problemas de coordinación y luchas de poder que caracterizan al chavismo. Hace un año ya se sabía que había que sustituir los transformadores causantes del mega apagón que dejó sin servicio eléctrico por horas a cincos estados del occidente y a la segunda ciudad de Venezuela. ¿Por qué no se hizo? Una versión afirma que PDVSA no ha dado los recursos en el tiempo y en las cantidades requeridas al Ministerio de Electricidad, como parte de la lucha de poder de Rafael Ramírez contra Alí Rodríguez. Un hecho curioso si se tiene en cuenta que el Ministerio de Electricidad se creó para salvar la responsabilidad de Ramírez como encargado directo del sector desde el 2004. Curioso, pero creíble, pues la táctica de poder del presidente Chávez de “divide y reinaras” ha creado un caos de gestión en el sector, donde distintos grupos pugnan unos contra otros: El grupo de PDVSA contra el de Alí Rodríguez. El de las muy socialistas Cadafe y Electricidad de Caracas entre sí, etc. Los sindicatos revolucionarios presionando por radicalizar el proceso, aunque no se sabe de qué servirá eso. Centralizar todo en Corpoelec fue meter todos los gatos en el mismo saco. Más del infierno venezolano. Por cierto, lo ocurrido nada más y nada menos que en Maracaibo, en pleno verano, ha sido para esa ciudad la gota que derramó el vaso. Así que para fines electorales que el chavismo se olvide del estado Zulia.

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