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El gran especulador

jueves 20 de mayo de 2010, 14:55h

Publicado en El mundo 20 de mayo de 2010

“Las finanzas de la Confederación representan una de las grandes decepciones de toda la historia estadounidense. ...porque …fue tanto la falta de dinero contante y sonante como la falta de capacidad industrial o de recursos humanos lo que vino a mermar el que en términos militares fue un impresionante esfuerzo por parte de los estados del Sur”. Niall Ferguson en el Triunfo del dinero.

I

    No miren a Giordani. Miren a Merentes. La sonrisa detrás del mostacho, o con el bigote, es indescifrable. ¿Es la de la Mona Lisa? ¿Es la de Lusinchi? Y qué significa. Qué desea transmitir. Para unos, expresa la risa nerviosa de quien admite pero no termina de creerse  el poder extremo de Giordani . Para otros,  expresa la mueca de quien sintiéndose incómodo, dice sin embargo que al final se hará lo que los técnicos recomienden. De hecho, terminando Giordani de explicar el “esquema perverso” de los operadores de las casas de Bolsa con el dólar permuta, y comenzando él, Merentes, a confirmar que el esquema de arbitraje escogido es casi el mismo que el cuestionado, o no es tan nuevo como parece, ya que en esto no hay mucho que inventar, así diga Chávez que los corredores se las saben todas, y por más que se haga lo que se haga, se inventan los mecanismos y los instrumentos para especular, en este caso, con la divisa.

     Cabe también otra interpretación. La del tipo que ve a su  colega hablar una cosa que les concierne directamente a los dos. Y por eso hay que reírse. O sea, que es la sonrisita de un cínico y bajo este Gobierno sobran los antecedentes. Pues atacando Giordani a los especuladores, a los bandidos, a los conspiradores, en ¿qué podía pensar Merentes? En cómo se arbitraron los bonos del sur. Y las notas estructuradas. Y las emisiones de PDVSA. Y que PDVSA  entre 2008 y 2009 se erigía como la reina del permuta . Que pasaba al olvido el valor subyacente de los papeles. Que de dónde salió la geopolítica de los bonos  Y cómo se ayudó a Argentina.

    Y claro, Merentes podía pensar que había un mensaje cifrado contra él; pero también le cabía señalar ¿y dónde estaba Giordani? ¿Acaso no es ministro de este Gobierno desde 1999, con la salvedad de un año de descanso? ¿Y quién dejó a Rojas y a Jesús Bermúdez en el cargo? ¿Y quién se trajo a Tobías Nóbrega? ¿Y las bicicletas financieras sólo son buenas cuando la intención es financiar al Gobierno?

II

    Pero Chávez escurre la historia reciente. Prefiere hablar del SXIX;  y más atrás. Por supuesto, Giordani no es tan viejo. Aunque puede parecerlo. Esta historia de sus ministros de Finanzas, y sus tesoreros, y sus directores de crédito público; eso es algo que se pasa por debajo de la mesa. Se olvida a propósito. Si se aplicara la receta Giordani, entonces habría que explicar a los Sarría, a los Fernández Barrueco, y a los Torres Ciliberto, y a los Alejandro Andrade, y a los Dopazo, y a los Kaufman y los Durán, y los Gonzalo Tirado y los José Zambrano, y a la capitana Manigglia, y a los Arné Chacón; e inclusive habría que explicar a Jesús Bermúdez, el primero en caer en Miami con un cargamento de dólares, y a los Antonini Wilson, el segundo, el de la maleta de Buenos Aires.

    Si se va a la historia reciente, entonces la conexión obligada es la siguiente: mientras había plata, sobraban los maletines, y las emisiones de bonos, y las notas estructuradas.  Y no eran malas, ni dañinas, ni sospechosas, pues cubrían el propósito de los antojos políticos y financieros, y tampoco se notaba, pues las reservas, y el Fonden, y todos los fondos del mundo, rebosaban de plata, de petrodólares.

    Y aquí es donde hay que decir la verdad. Este no es un problema de Bolsas; sino de la gran Bolsa: las reservas internacionales. Para llegar a este punto, ahora no vean a Merentes; escuchen a Chávez y a Giordani.

III

     Yendo al punto, ¿qué dice Giordani? En efecto, los ciclistas financieros se hubiesen llevado las reservas. Y lo afirma: era un ataque contra las reservas. Sin vueltas de bicicleta, aquí lo que se está reconociendo es que el músculo falla, el aliento se acorta, que las reservas no resisten. Y no  es George Soros quien ataca, sino un hombre llamado Jaime Rentería, propietario de una casa de cambio en la esquina La Pelota. ¿Qué había dicho Chávez una semana antes? Había admitido que con los operadores no se puede, y que por más que se quemen las reservas, no van a resistir el embate. Ahí es evidente que se había tirado la toalla. Que la imaginación financiera en el Gobierno estaba agotada; o parecía agotada, pues entonces aparece Giordani con sus formulaciones matemáticas en aquellos cuadritos que daban pena. Y la pregunta obligada es: ¿por qué si Giordani puede descifrar la ecuación perversa  no se inventa un nuevo mecanismo más sofisticado, que compita con el de los bicicleteros? Además, le haría honor a algo que Chávez dijo en junio en 2008: que ahora nadie lo engañaba, pues ya había aprendido de finanzas. Hay que apostar que el maestro es Giordani.

     La siguiente conexión es @Chávezcandanga anunciando los $40.000 millones por los nuevos contratos de la Faja; y luego preguntando en el acto mismo de la firma si los firmantes habían traído el cheque tal como lo habían hecho los rusos con anterioridad. ¿Por qué tanto apuro con la plata? Luego viene la queja en medio de la polémica con Henrique Capriles Radonsky: es que esos gobernadores sólo sirven para pedir plata. ¿Y por qué le molesta que le pidan lo que no es suyo? Pero hay que retroceder en el tiempo, con el Presidente hablando del millardito; y de las utilidades cambiarias y de la plata que ya no iba para el BCV desde PDVSA sino para el Fonden, y que mejor las reservas se cambian de dólar a euro.  O sea, se está en presencia de alguien pendiente al detalle del dinero, del tesoro, de las arcas de la nación, y hasta actuando en plan de especulador (en el buen sentido capitalista de la palabra), como Soros, como Rentería, sólo que Soros ganó con la libra, Rentería está preso, y Chávez, ¿perdió con el euro? ¿Y qué pasará con él?

IV

     A salvo. Metido, por ahora, en el cálculo político. Suma, resta, y multiplica en política. Por todo lo anterior es que el poder chavista se ha concentrado en la estrategia de mostrar a los operadores de Bolsa y a las sociedades de corretaje como especuladores, inescrupulosos, lavadores de dinero, actores de un esquema para saquear al país, agotar las reservas internacionales, y  además, parte de  un plan de conspiración, inclusive con nexos internacionales, sumando al narcotráfico. Chávez lo ha repetido: si lo presionan va a cerrar las casas de Bolsa. Ya está decretado el cierre técnico, con la medida de dejarlas fuera del mercado de los bonos y los dólares. La otra pregunta es: ¿esta operación le arroja dividendos políticos al Gobierno?

    En tres oportunidades el Gobierno ha logrado capitalizar la confrontación con el capital.

    La primera, con el Carmonazo, abril de 2002. Allí puso en evidencia a Fedecámaras y sus aliados. Chávez regresó al poder; y ganó.

    La segunda, con el paro de 2002-2003. El Gobierno aguantó y los gremios, banca, industria, comercio, y los principales grupos y los principales líderes empresariales y banqueros, fueron los derrotados. Del director del BCV, Armando León, es la frase de que el sector privado se propinó un autodeslave, capitalizado por el Gobierno y Chávez, que subió en puntos, y siguió ganando elecciones, consolidando el poder.

    La tercera fue el año pasado con la caída de los boliburgueses. Chávez volvió a darle vuelta a una situación que le afectaba directamente, siendo que los boliburgueses se habían enriquecido a la sombra de su gobierno y con nexos con bolifuncionarios. Pero Chávez vendió su operación como una lucha contra la corrupción. Se puede decir que volvió a ganar, aunque sin arrasar.

   Ahora va por la cuarta. El discurso contra las casas de Bolsa está dirigido a conseguir el mismo efecto. El éxito de este discurso está unido al éxito de lo que hagan el BCV y el Gobierno con el dólar permuta y la economía. Faltan las cifras del PIB de este trimestre pasado. Vienen las del PIB semestral. Viene la inflación. Y está por descubrirse la pericia del Gobierno en un nuevo escenario con la aparición del mercado negro de dólar. Al final, la sonrisa de Merentes seguirá siendo un misterio.

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