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No siempre gana el favorito

domingo 27 de abril de 2014, 18:53h
La historia política es caprichosa. Las elecciones arrojan sorpresa. Sobran los ejemplos. Aquí hay algunos.

Por Pedro Benítez

Entre 1947 y 1998 se realizaron en Venezuela 10 elecciones para elegir al Presidente de la República por voto universal, directo y secreto. De esas 10, sólo en tres ganó el favorito: Rómulo Gallegos (1947), Jaime Lusinchi (1983) y Carlos Andrés Pérez (1988).

En todas las demás siempre se cayeron los pronósticos iniciales.

Para la elección de 1958, el claro favorito era el bien parecido, fotogénico y muy popular contralmirante Wolfgang Larrazábal. A los articulistas de opinión de la época les parecía inconcebible que un hombre que tanto rechazo despertaba entonces como Rómulo Betancourt pudiera ser electo presidente. Hasta su jefe de campaña, Luis Lander, dudó de su victoria. Luego esos mismos opinadores pronosticaron que no culminaría su periodo presidencial, pero esa es otra historia.

En 1963, los favoritos eran Jóvito Villalba y Arturo Uslar Pietri, dos soberbios oradores derrotados por el más parco de los dirigentes de la vieja guardia de AD: Raúl Leoni.

La elección presidencial de 1968 fue muy complicada, por un momento pareció que la campaña se polarizaba entre Luis Beltrán Pietro y Gonzalo Barrios, pero se les coló Rafael Caldera.

Para la campaña de 1973, por primera vez aparecieron las encuestas que no dieron un claro ganador. Copei postuló a Lorenzo Fernández contra el que lucía el peor candidato que pudiera conseguir AD: Carlos Andrés Pérez. Incluso por un momento se creyó que José Vicente Rangel tenía posibilidades.

En 1978 AD lucia invencible. Viniendo de atrás Luis Herrera derrotó a Luis Piñerúa.

Aunque desde su discurso del 4 de febrero de 1992 el presidente Caldera aparecía posicionado en las encuestas, durante varios meses de 1993 el candidato favorito pareció ser Oswaldo Álvarez Paz. Caldera le ganó a Oswaldo quien, a su vez y curiosamente, en elecciones primarias había derrotado a otro favorito, Eduardo Fernández.

Y el caso más cercano fue la elección de diciembre de 1998. Un año antes todas las encuestas daban como la clara ganadora a la alcaldesa de Chacao Irene Saéz, y bastante atrás pero con posibilidades a Claudio Fermín. Pero Chávez terminó cambiando los papeles.

Por supuesto que este tipo de situaciones se ha repetido en todas las democracias del mundo una y otra vez: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, Perú, México, Argentina, Brasil, etc.

Pero si algún proceso electoral se ha caracterizado por su volatilidad son las primarias. El ejemplo clásico lo aporta el país con más experiencia en el tema: Estados Unidos, donde son una especie de primera vuelta antes de la elección general.

En la república del norte no siempre se realizaron elecciones primarias para elegir los candidatos de sus grandes partidos. En la mayor parte de su historia los elegían las convenciones partidarias o los jefes de las maquinarias políticas. A lo largo del siglo XX cada vez más estados adoptaron esa modalidad, para elegir candidatos a casi todos los cargos de elección popular. Todavía en 1960 John Kennedy fue electo en una convención de su partido Demócrata, aunque ya entonces muchos estados realizaban primarias.

Y desde el principio (la elección de Kennedy fue un ejemplo) ese mecanismo de elección demostró una rara capacidad para destruir pronósticos políticos.

Sin irnos muy lejos, todos recordamos que las primarias del partido Demócrata en 2008; la amplia favorita era la hoy Secretaria de Estado Hillary Clinton. Pero para cerrarle el paso a otro Clinton, los senadores de Massachusetts Edward Kennedy y John Kerry promovieron la estrella ascendente del partido, Barack Obama.

Cuatro años antes John Kerry derrotó al favorito Howard Dean. Y en 1992 un desconocido Bill Clinton, gobernador de un estado poco importante, salió casi de la nada, ganó las primarias de su partido y ese fue el impulso (con un poco de suerte) que lo llevó a la Casa Blanca. Con ello repitió casi calcado la historia de Jimmy Carter veinte años antes.

En el partido Republicano la historia ha sido algo más estable, pero no se han ahorrado su cuota de sorpresas.

En nuestro país, Copei fue el primer partido que realizó unas primarias totalmente abiertas para elegir su candidato presidencial. Eduardo Fernández organizó un proceso que refrendaría su liderazgo, pero le abrió el paso a rival interno Oswaldo Álvarez Paz.

Ahora que los partidos de la MUD dieron la voz de “play ball” para la realización del proceso que elegirá al candidato presidencial opositor, es bueno recordarles a los entusiastas de las elecciones primarias que estas dan para todo y no siempre gana el favorito.

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