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El extrañísimo caso de Gumersindo Torres

miércoles 14 de febrero de 1990, 10:47h
Por Rafael Arráiz Lucca.- Las concesiones petroleras. Claro que hubo interés personal, inclusive del mismo general Gómez. Lo reconoce el superministro en sus memorias. Millones de bolívares de por medio.

Por Rafael Arráiz Lucca.- El 17 de diciembre de 1917 el general Juan Vicente Gómez a través del Presidente Provisional Victorino Márquez Bustillos designa al médico falconiano Gumersindo Torres (1875-1947) Ministro de Fomento; a partir de entonces, el doctor Torres va a incidir en el marco jurídico regulatorio de la actividad petrolera, asistido por su Consultor Jurídico, el jurista Pedro Manuel Arcaya (1874-1958), paisano de Coro. ¿Por qué fue designado por Gómez en este destino que, aparentemente, no le era natural?

 Procedente de una familia distinguida, pero sin bienes de fortuna, Torres ingresa al servicio público en 1908 y egresa de él en 1943. Concluida la dictadura de Gómez, Torres llevaba una vida modesta, de allí que durante el gobierno de Eleazar López Contreras, cuando se crea la Contraloría General de la República se piensa en el funcionario más probo para detentarla y surge el nombre indudable de Gumersindo Torres. Fue el primer contralor, entre 1938 y 1941. Con el gobierno de Isaías Medina Angarita ejerce, otra vez, como Administrador de la Aduana de Maracaibo (1942) y Presidente del estado Bolívar (1943), cargo con el que finaliza su larga hoja de servicios.

 Torres ha relatado en sus Memorias como fueron estos hechos iniciales de su ministerio. Conviene referirlos: “Yo me dediqué con devoción de universitario a estudiar la cuestión petróleo y las leyes americanas, rusas, mejicanas, etc, que regían entonces su explotación y con cuantas observaciones pude hacer de los conocimientos adquiridos, ocurrí a mi amigo el Doctor Pedro Manuel Arcaya, eminente jurista, para que organizase todo aquello y formulase el proyecto del Decreto que se me había pedido…”

 El Reglamento (1918) y la Ley (1920) bajo la égida de Torres (y la asesoría jurídica de Arcaya) redujeron el lapso de exploración a 2 años, y fijaron el máximo de contratos de exploración en manos de una empresa en 40 mil hectáreas. Además de la aprobación del Ministerio de Fomento se requería, ahora, el visto bueno del Congreso Nacional. La duración de la concesión se estableció en 40 años y se estampó, por primera vez, el principio de Reversión. Es evidente que el gobierno buscaba reducir la extensión de los territorios dados en concesión y hacerse de mayores ingresos.

 Como era de esperarse, las compañías iniciaron un cabildeo directo con el general Gómez en Maracay para lograr otros efectos. Primero, intentaron que la Ley no fuese aprobada, pero no lo lograron, y luego iniciaron el trabajo para modificarla. Este cabildeo lo encabezó el embajador de los Estados Unidos, Preston Mc Goodwin, según consta en comunicación al Secretario de Estado, el 23 de julio de 1921. La primera modificación a la Ley se logró el 16 de junio de 1921, cuando el Congreso Nacional aprobó el nuevo instrumento legal. La superficie de explotación se duplicó, pasó de 60 mil hectáreas a 120 mil; el impuesto de explotación se redujo de 10 a 7 bolívares por hectárea, entre otras modificaciones.

Pero la nueva Ley no trajo más inversión ni se incrementaron las concesiones en lo inmediato. El precio internacional del petróleo había bajado y la demanda también. Esta situación comenzó a desesperar al gobierno y a estimular a las compañías a pedir mejores condiciones. Eso hicieron y la Ley se reformó de nuevo en 1922. Se buscaba simplificar y aligerar el trámite. Al general Gómez no le quedó otro camino si quería atraer la inversión extranjera petrolera que ceder a las pretensiones de las compañías, todas encaminadas a reducir los costos y ampliar los beneficios. Al ministro Torres no le quedaba otro destino que salir del ministerio y regresar a las aduanas. Esta Ley de 1922, con dos pequeñas modificaciones en 1925 y 1928, regirá la industria petrolera venezolana hasta la Ley de 1936. Luego se aprobará la de 1938 y después la fundamental de 1943. También, veremos cómo Torres regresa al Ministerio de Fomento en 1929.

La vida y la conducta de este hombre son, por decir lo menos, extrañas. Cuando pudo poner en práctica sus criterios fue severo en la búsqueda de mayores recursos para el Estado venezolano provenientes de los hidrocarburos, pero cuando no pudo, aceptó la situación obedientemente, esperando, eso sí, que se abriera un resquicio para volver por sus fueros. Así se trasluce en sus Memorias, cuando afirma: “Pude comprobar que en todo lo actuado de 1922 a 1929 había privado con fuerza el interés particular y que los intereses del país y los patrióticos anhelos al iniciarse este movimiento, que sí los tuvo y hondamente arraigados el General Gómez, habían sido relegados y hasta pospuestos, ya que el mismo General llegó a estar grandemente interesado en esas cuestiones, de cuyas soluciones llegaron a sacarse bastantes millones de bolívares.” Pues queda bastante claro que el general Gómez tuvo interés personal en el tema de las concesiones petroleras, y que de allí le provinieron a él y a los suyos “bastantes millones de bolívares”. La pregunta que cualquiera se hace es la siguiente: ¿por qué Gómez lo volvió a nombrar y por qué Torres aceptó?

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