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Carlos Alcalá Cordones, la Semilla de la Patria

lunes 09 de junio de 2014, 13:00h
Por Ricardo Avila.-Dos imágenes y un mismo hombre. El que se activa en su gestión en la alcaldía de Vargas y también el que con slogans convierte a una niña en una dimensión desconocida e incierta como la palabra Patria.

Por Ricardo Avila.- Está en la cuenta tuiter de Carlos Alcalá Cordones (@calcalacordones), Alcalde del Municipio Vargas, el pasado 29 de mayo: una fotografía lo muestra junto a un oficial vestido de blanco a bordo de un gran barco de vela (al fondo, inscrita en un salvavidas decorativo, alcanza a leerse la palabra México, por lo que es posible deducir que el barco vino de ese país). Cada uno carga a un niño en sus brazos. Sonríen satisfechos: ambos saben que un retrato con un chiquito en los brazos, aspira a lo irrebatible. Si existiese un manual de la demagogia, el uso del retrato con el niño en los brazos merecería ocupar un lugar en sus capítulos más destacados, justo a continuación de otro hipotético capítulo dedicado al adulto que, en cuclillas, le susurra una palabra graciosa a un pequeño sumido en el desconcierto.

La imagen no le resulta suficiente al General de División del Ejército y ex integrante del MRB 200, a pesar de su perturbadora obviedad. Alcalá Cordones no confía en lo que la fotografía dice por sí misma. Y es por eso, impelido quizás por un afán de asegurarse de que el mensaje sea inequívoco, que el retrato viene precedido de una frase: “Compartiendo con la Semilla de la Patria”. Y es que en esta frase, en este acto de estampar una especie de consigna sobre la realidad, quedan sintetizadas al menos dos de las operaciones mentales recurrentes del general.

Hay una vertiente en los mensajes que Alcalá pone en circulación en Twitter  que reportan su gestión como Alcalde del Municipio Vargas. Muestran a un gobernante activo. Que va de un lado a otro en su jurisdicción. Por lo que allí se dice, está ocupado de limpiar y asfaltar, de atender a los vecinos y promover a las comunas. Mientras García Carneiro, el gobernador de Vargas sugiere la imagen del burócrata inamovible y abandonado para siempre en una silla, Alcalá parece huirle a la silla y al escritorio.

Pero es la otra línea de mensajes, la del hombre que sella la realidad con frases que convierte la experiencia en eslóganes, la que aquí interesa: el que cree que una niña sonriente en sus brazos es “semilla de la Patria”. No niña, no persona, no una chiquita con nombre propio, sino ‘semilla’, no de sus padres, ni de su familia, sino de esa dimensión de lo incierto que es la palabra Patria.

Quiero aclarar que no hay mala intención en Alcalá Cordones: hasta es posible que, en algún rincón de sus aspiraciones, este uso de la palabra ‘semilla’ le parezca poético. Una tajada de una posible poética de lo patrio. Como cuando se retrata al lado de Walter Martínez, por años la imagen de Colgate-Palmolive, y le llama “Camarada”. O como cuando habla de Chávez y escribe: “nuestro Gigante” (algunos de los amigos de Alcalá Cordones debería obsequiarle, el día de su cumpleaños, algunos de los extraordinarios estudios publicados sobre la “gigantomanía” del asesino de masas Josep Stalin).

No hay maldad, me parece, sino chatura, ramplonería. Un alma simple interpretando su papel de revolucionario. Obligado, a falta de ideas, a repetir consignas. En tanto que incapaz de nombrar la realidad, la etiqueta. En otras palabras: despoja a la realidad de su realidad. La niña que sonríe deja de serlo para adquirir la categoría de ‘Semilla de la Patria’. Alguien podría especular: se trata de un método, puesto que se repite incansable, a todo lo largo de su cuenta tuiter. Si fuese un método, entonces habrá que concluir: el método Alcalá Cordones de fijación mental consiste en reducirla a lugares comunes y frases de dudosa calidad poética.

En cualquier caso, método o no, la verdad es que Alcalá hace su mejor esfuerzo. Lo intenta. Lucha contra esa adversidad que es organizar unos pensamientos. Y a veces le salen algunas frases, como por ejemplo, “El Deporte, Corazón palpitante para el crecimiento del País”, que lo haría finalista, si existiese un concurso de eslóganes para el Día del Deporte, convocado por el CEOFANB.

Sin embargo, Alcalá, funcionario prometedor, todavía está en fase de aprendizaje. Se empeña, sin duda, pero titubea. Se enreda, a veces. Quiere lucirse. Guarda un secreto deseo: basta con ver las decenas y decenas de retratos de sí mismo que abundan en su cuenta, para verificarlo: Alcalá quiere ‘visibilizarse’. Dejar atrás el anonimato. Mostrarse como un hombre disponible para tareas de mayor magnitud. Revolucionario a carta cabal. Abierto a las nuevas consignas de la revolución. Dispuesto a memorizarlas y repetirlas, pero también a inventarse algunas de su propia cosecha. A sacar monedas de la hucha de la poética de lo patrio. Piezas que suenen y brillen. Que lo hagan inolvidable. Como es inolvidable que, a propósito de la Misión Nevado, Alcalá huya con espanto de la vulgaridad contenida en la palabra ‘perro’, y en vez de ella use el artificioso ‘canes’. No dice ‘perros’ sino ‘canes’. Le parece más revolucionario. Más inspirado. Y es bajo esa inspiración, supone uno, que en un rapto escribe: “La Misión Nevado es una razón de vida para los animales de la Patria”.

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