konzapata.com

Emilio Botín súper seguro en Caracas

jueves 12 de junio de 2014, 08:35h
Por David Placer @dplacer. (Madrid).-Las veces que visitó Caracas, el presidente del Banco Santander tomó precauciones más allá de lo habitual. La seguridad es lo primero.
Por David Placer @dplacer. (Madrid).- Cuando el banquero más poderoso de España pisó Venezuela  no quiso probar las arepas. Tampoco lo hizo durante la segunda visita ni la tercera visita. Presidente del Banco Santander, la primera entidad bancaria de España y con alcance internacional, Emilio Botín, es un hombre que extrema la seguridad, más aún cuando viaja fuera de España, donde se siente vulnerable. Y parte de la seguridad significa comer la misma comida de España. Por eso siempre que viaja fuera de su país, Botín no se despega de sus sardinillas marca Paco. Una comida enlatada, barata pero de su completo gusto. De modo que No quiso probar comida local para no correr riesgos.

Cada vez que se sube en su avión privado es por imperiosa necesidad. Pisó Venezuela por segunda vez cuando el gobierno de Hugo Chávez, en su inicio de mandato, había decidido modificar las normativas bancarias y también lo hizo años después cuando los directores de los países latinoamericanos del Santander se reunieron en Caracas para valorar los resultados obtenidos en la región, una cita habitual para incentivar y animar a los equipos regionales. La primera vez fue a mediados del gobierno de Rafael Caldera, al comprar el Banco de Venezuela.

En aquella segunda vez, desde que aterrizó en la pista privada del aeropuerto de Maiquetía, recibió tratamiento de dirigente de primer nivel de otro país, un trato privilegiado que sólo recibe en algunos países latinoamericanos. Botín quiere todo bajo control y tiene una preocupación casi obsesiva con su salud y seguridad. No es para menos. De él depende demasiado dinero ajeno. Sus asistentes siempre están informados del hospital donde deben acudir y los médicos que lo deben atender en caso de alguna emergencia en materia de salud. No deja espacio a la improvisación.

Se hospedó en el antiguo Hilton, pero hizo vida en el hotel con sus dos escoltas españoles, los vigilantes privados y los servicios de seguridad del Estado.

La manía del casco

Previsor y precavido, viaja con su maletín con desfibrilador que siempre debe llevar uno de sus escoltas a manos. En Madrid, los conductores y el círculo de seguridad privado aseguran que cada vez que viaja en automóvil por carretera, Botín viaja con un casco de moto puesto. Es una medida extrema que lo protegería aún más en caso de un choque violento, aunque la costumbre es negada oficialmente por el Banco Santander.

Pero fuera de España, de su entorno de intimidad y confianza Emilio Botín viaja en coche sin casco. Tal vez por vergüenza o discreción prefirió ser escoltado por cuatro motorizados con sus BMW R-150, además de los vehículos blindados y protegidos con escoltas. Jamás se sale de su ruta aeropuerto-hotel, hotel-aeropuerto y prefiere despachar los asuntos importantes en su propia suite. Cada día hace ejercicio pero solicita en el hotel que vacíen el gimnasio y la piscina en el momento que él se dispone a utilizarlos. En España nada contracorriente en una pileta con chorros disparados en su contra y que hacen que, brazada tras brazada, Botín siempre permanezca en el mismo lugar. Pero en el extranjero debe acudir a piscinas donde puede conseguirse  con extraños, algo que no resulta de su agrado y que le transmite inseguridad.

"Tiene preferencia por viajar a Estados Unidos donde se siente algo más cómodo y seguro", explica uno de sus ex trabajadores de confianza.

Desprecio por el derroche

En su estancia en el antiguo Caracas Hilton, Botón ordenó hacer un barrido electrónico del lugar, es decir, un estudio para garantizar que sus comunicaciones no eran interceptadas por servicios de inteligencia nacionales o extranjeros o por espías corporativos. Es consciente de que cualquier llamada, cualquier paso que dé puede ser un asunto de interés mundial.

Para superar los estragos del jetlag, suele dormir una hora y media durante el día en el propio despacho del hotel. Es un viejo truco para adaptarse a los horarios de los países a los que visita. Mientas el resto de la comitiva sale a costosos restaurantes y conoce la vida nocturna de las ciudades que visita, Emilio Botín siempre se recoge en su hotel y cena solo. Jamás desecha el vino sobrante. Procura guardarlo y para ello siempre lleva un tapón consigo. No le gustan los derroches, es un hábito de nuevo rico. Eso sí es algo que detesta Botín.