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El mapa del poder de las tribus chavistas

jueves 05 de junio de 2014, 00:00h
Por Gloria Bastidas.- El staff de la revolución es difuso. Ya no reposa en una “deidad” sino en un grupo de pesos pesados que se reparten el poder en el área política, económica y militar.
Por Gloria Bastidas.- ¿Quién manda en Venezuela en este momento? ¿Quién tiene el poder real? ¿Lo tiene Nicolás Maduro? ¿Manda Diosdado Cabello? ¿Manda Rafael Ramírez? ¿Mandan las Fuerzas Armadas? ¿Es una dirección colectiva? ¿Quién maneja los hilos del poder? ¿Es el Alto Mando Político de la Revolución? ¿Son los cubanos? ¿Manda un triunvirato? ¿Es un conglomerado el que se reparte la torta del poder? ¿Son distintas figuras, animadas por el objetivo supremo de preservar el statu quo? Una cosa es definitiva: el tótem, que era Hugo Chávez, ya no existe. El hiperlíder ya no juega en el ajedrez chavista. Aquella ecuación planteada por Norberto Ceresole: caudillo, ejército y pueblo comenzó a tambalearse la noche del 8 de diciembre de 2012 cuando el propio Chávez, en cadena nacional, ungió a Maduro como su delfín. Como su heredero universal. El caudillo prácticamente abdicó ese día y colocó sobre el tablero un tema controversial: el de la sucesión.

¿En qué ha cambiado el mapa del poder tras la ausencia de Chávez? Hay una verdad incontestable: cuando Chávez mandaba, y lo hizo durante 14 años, se sabía que era él quien llevaba el timón. Chávez era el director de la orquesta. La voz, independientemente de los distintos factores de poder que cohabitaran dentro del chavismo. Ahora, cuando uno pregunta quién manda en Venezuela, la respuesta no es unánime. Unos dicen: Diosdado Cabello; otros dicen: los militares; otros dicen: Maduro y Diosdado; otros lanzan la quiniela del triunvirato: Diosdado, Maduro y Rodríguez Torres; otros aseguran que quien ejerce el poder es un colectivo. Una de las consecuencias directa que arrojó la muerte de Chávez es que el mapa del poder se ha hecho mucho más complejo. No existe, ciertamente, una figura todopoderosa que lo controle todo en el Gobierno y que esté ubicada en la cabeza de la pirámide. No existe un tótem. Hay, sí, un grupo que manda. El staff de la revolución es, si se quiere, más difuso. Ya no reposa en una “deidad” llamada Chávez sino que se apoya en un grupo de pesos pesados que se reparten el poder en el área política, económica y militar. El chavismo dejó de ser “monoteísta”.

El historiador Ezio Serrano recurre a una imagen elocuente para explicar el reparto del poder en el chavismo. Serrano sostiene que hemos pasado de lo que él llama el “personalismo trasnacional” de Chávez a lo que él denomina el “corporativismo chavista”. Así lo explica: “La actuación de Chávez simplemente se añade a la larga lista de actores militaristas con ambición de poder desbocada, y con la novedad de una abultada chequera cargada de petrodólares que le permitió la promoción, además de su propia personalidad narcisista, de un curioso modelo político llamado por él mismo (en algún momento alguien le corrigió) “socialismo rentista” y/o del siglo XXI. Esta novedad política, incluidas las formas que nos recuerdan el absolutismo monárquico, consistió en la reagrupación nacional de la sociedad venezolana en dos grandes bloques: los enemigos del proyecto y los leales al proyecto. A su vez, los del segundo bloque se reagruparon en infinidad de tribus catalogadas por niveles de influencia y acceso a privilegios estamentales. El resultado ostensible de tal inventiva fue la conversión del Estado en un gigantesco tele cajero auxiliado por Cadivi para premiar la fidelidad y adhesión al régimen. De esta manera, la sociedad venezolana vivió la ficción de un carisma pagado con una prosperidad sin economía. El “ supremo ” devino en rey Midas”.

Serrano recuerda que Maquiavelo, al referirse al poder en el orden antiguo, decía que éste podía estar concentrado o dividido. “En la Venezuela chavista, siguiendo con el uso metafórico del pasado, y a pesar del atorrante personalismo, el poder está distribuido”. El profesor titular del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Simón Bolívar cuestiona lo del poder omnímodo que se le atribuía a Chávez y que ahora se reparten sus herederos en distintas cuotas. “El control absoluto que se le atribuyó a Chávez nunca fue real; sobre sus decisiones pesaba la influencia cubana y la de las tribus internas con diverso grado de ascendencia en el ámbito chavista. Dos factores llevan a esos grupos a permanecer unidos, hoy día, en medio de las posibles discrepancias: a) el reparto de la renta petrolera y b) su vocación anti democrática, que los conduce a ver como una amenaza demasiado peligrosa la pérdida del poder”.

¿Y qué significa tener el poder? Serrano recurre a un clásico, al sociólogo Max Weber, para aclararlo: “Él decía que toda forma de dominio político se expresa o manifiesta como administración. Esto significa que la administración es epifenómeno del poder. Por ello, al formularnos la pregunta acerca de quién o quiénes son los que realmente mandan en Venezuela, debemos remitirnos a quienes en primera instancia definen el rumbo del Estado administrando recursos económicos, humanos, medios de información, armas, y hasta voluntades. Pensamos en un punto de origen que opera como fuente de autoridad, desde la cual fluye el poder a través de “los nervios” del gobierno hasta llegar a las instancias periféricas del cuerpo político. Pero el uso metafórico del “cuerpo” como recurso explicativo no tiene en nuestro caso la condición de mera figura literaria. Es más bien el recordatorio de una forma de concebir el poder que nos remonta al antiguo régimen y a las monarquías absolutas en los albores de la modernidad. En el orden antiguo, el rey posee carácter mono céntrico, es la fuente originaria de autoridad desde la cual el poder inicia su recorrido administrativo hasta las distintas instancias. Pero es esencialmente “la cabeza visible” del cuerpo político o del reino. Por encima de ello, Dios”.

Los hombres del poder

Ya no es Chávez la cabeza visible del reino. Ahora son sus herederos los que administran el poder, en una suerte de gobierno colegiado. ¿Quiénes son los que mandan? Podemos dividirlos en tres grupos: Los que manejan los hilos del poder político, los que manejan los hilos del poder económico y los que manejan los hilos del poder militar o poder de fuego. Claro, en el entendido de que entre una y otra categoría puede haber relaciones estrechas. Un actor del campo político puede, a su vez, ser también un actor con influencia en el sector militar. O un actor del poder económico puede tener vara alta en el ámbito político. Sobre todo porque, después de la era Chávez, todo se politizó en Venezuela. Hasta las FANB. ¿Cuáles son los nombres clave en el mapa del poder en Venezuela? ¿En qué se basa su poder? ¿Qué es lo que controlan? ¿Hay unos que tienen más preponderancia que otros? ¿Tienen más poder del que aparentan? Hay nombres clave. Figuras estelares. Son los grandes ligas del chavismo.

Una analista vinculada al mundo petrolero, y cuyo nombre se mantiene en reserva, elabora de esta manera el mapa de poder en Venezuela: “Lo que tenemos hoy en día es una especie de junta de gobierno. Y esta junta de gobierno está conformada por varios grupos. Uno de los grupos es el que representa el propio Maduro: no se puede subestimar el poder que tiene Maduro dentro del gobierno en sí mismo. Él también tiene su gente; luego hay un grupo liderado por Diosdado Cabello; otro grupo que encabeza Arreaza, otro de los actores que generalmente ha sido subestimado por su manera de ser, pero que cada vez tiene más importancia, porque tiene sus buenas relaciones dentro de las distintas estructuras que hay en el gobierno y que al fin y al cabo representa los intereses de la familia Chávez, la cuota de los Chávez en el poder. Otro de los grupos es el que representa Elías Jaua: él como líder de todo lo que es el Frente Miranda y todo este grupo de actores formados en la izquierda, quizá sin tantos intereses económicos como pueden tener otros ligados a Diosdado Cabello. Hay una cierta alianza entre el grupo de Jaua y el grupo de Arreaza. Y el ultimo grupo, es el que representa Rafael Ramírez. Pero si me preguntaran cuál es el hombre más poderoso de Venezuela hoy, diría que Rafael Ramírez”.

El hombre de los dólares

Ramírez es, si no el más antiguo, por lo menos uno de los ministros con más antigüedad en el gabinete. Es ministro desde el año 2002. La analista consultada hace una radiografía que refleja hasta dónde llegan los tentáculos de su poder y por qué Ramírez está, a su juicio, en la cúpula: “Ramírez es el hombre más importante dentro de PDVSA. No hay decisión en PDVSA que se tome sin la consulta de Ramírez. Y cuando digo que no hay decisión, hablo desde las decisiones más importantes: juntas directivas, aprobación de financiamiento, aprobación de los estados financieros, o las menos importantes, como la autorización para que un empleado curse estudios de post grado. Por ejemplo, los estados financieros auditados de PDVSA no se aprobaron sino recientemente, en mayo, y casi que a escondidas. ¿Qué pasaba? Ramírez no les había dado el visto bueno. Y se sabe que ya se aprobaron porque para la emisión de bonos de cinco mil millones de dólares que estaba pautada hay que presentar un documento a los bancos para poder hacer la emisión, y en esos documentos están incorporados los estados financieros. Ramírez aprueba desde los asuntos más medulares del negocio hasta, y no exagero, los viáticos de los empleados. El control de Ramírez es total. A Ramírez, cuando sale de viaje y va en el avión, le llevan acordeones (carpetas) y le van entregando todo lo que tiene que firmar, incluidos los viáticos. Ramírez aprueba absolutamente todo en PDVSA”.

 

“Obviamente, hay otros actores muy importantes dentro de PDVSA. Uno de ellos, que no es un personaje tan público, es José Luis Parada. Él es el presidente de PDVSA Servicios: es el hombre que maneja todos los taladros en Venezuela. Es decir, maneja una de las figuras más importantes dentro de una industria petrolera, uno de los focos de negocios más importantes dentro de la industria petrolera. Pero Parada es mano derecha de Ramírez. En esta coyuntura en la que Ramírez está muy ocupado por los otros roles que tiene, ha colocado en posiciones emblemáticas a gente muy cercana y muy fiel a él. Y hay algunas decisiones que tomará esta gente, pero al final del día, siempre, siempre le van a consultar a él. El control que tiene Ramírez en PDVSA es total. Pero no solamente es Ramírez el hombre de la empresa que genera 99 por ciento de los dólares que ingresan al país, el hombre que genera todo el ingreso de la nación, todo lo que puede representar PDVSA en un país como Venezuela. Adicionalmente, como vicepresidente del área económica, tiene un gran poder. Su poder traspasa las paredes de PDVSA y llega a otros ámbitos económicos donde está ejerciendo una gran influencia en el diseño de la política y en el manejo diario de las decisiones más importantes. En este momento, sobre todo en una economía tan dependiente de las importaciones como la que tenemos, quien maneja todo ese tema, como es el caso de Ramírez, es, sin duda, un hombre sumamente importante”.

Ramírez ha logrado ubicar gente en puestos clave. Por ejemplo, Ower Manrique, quien es otro de sus “mano derecha” en PDVSA, colocado por él como director del CENCOEX. Ower Manrique es uno de los miembros de la Junta Directiva de PDVSA. Era la mano derecha de Socorro Hernández y podría decirse que era un técnico de muy bajo rango. Pero Manrique logra establecer su propia alianza con Ramírez y es hoy día una de las figuras de su mayor confianza. Además de haber ingresado al CENCOEX y de ser director de PDVSA, es vice ministro de Minería. Cabe mencionar otro ejemplo de la influencia que tiene Ramírez. Lo cita la analista petrolera: “La Asamblea Nacional acaba de aprobar la designación de los dos nuevos directores que sustituirán a José Félix Rivas y a Armando León. ¿Y quién fue uno de los seleccionados? Franklin Méndez. ¿Y quién es Franklin Méndez? El, hasta hace nada, vice ministro de Petróleo y Minería, puesto allí por Ramírez por la total confianza que le tiene. Y básicamente sale porque para poder ser director del BCV y no puede ocupar ningún cargo dentro de la administración pública. Por eso lo sacan: para allanar los requisitos pautados en la Ley”.

La fuente recuerda que antes de que lo nombraran vice ministro de Petróleo y Minería, Méndez era director de la Corporación Venezolana del Petróleo. La CVP es la filial de PDVSA que concentra todos los negocios con terceros, que concentra todas las empresas mixtas. Méndez se encargaba de todo lo que era el aporte social, ya que las empresas no lo pueden hacer ellas mismas, sino que deben otorgar esos recursos a la CVP y es este ente quien los administra. De allí el poder que tuviera, y tiene, Méndez, ficha de Ramírez. Cuando Ramírez era vicepresidente para el Desarrollo del Área Territorial, y tenía a su cargo el tema de la construcción de viviendas, agrega la fuente, Méndez era el segundo de a bordo. “Franklin Méndez es una pieza muy importante desde el punto de vista gerencial, porque es una persona que le da resultados a Ramírez y ahora éste lo ha colocado en el BCV. Lo saca del ministerio porque va a cumplir unas funciones que a Ramírez le interesan más: director del BCV. Esto da una idea de su poder. Ramírez es, ciertamente, el zar de la economía. Es el hombre más poderoso de Venezuela, digan lo que digan.”, precisa la analista. Y subraya un dato importante: Ramírez sacó a los militares de PDVSA. “Cuando Ramírez llega a PDVSA, la corporación estaba full de militares, por decisión de Chávez. Y él los fue sacando poco a poco”.

Cabello: El hombre del aparato

El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, no maneja la gallina de los huevos de oro, como es el caso de Rafael Ramírez. Pero su poder es innegable. Cabello es un factor clave en todo el entramado político-electoral del país. Para empezar: controla el parlamento y todo lo que ello supone: el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía. Es decir, controla los árbitros de la República. Nada menos. Pero, además, es el jefe del Partido Socialista Unido de Venezuela, el PSUV, que es el aparato que permite a los chavistas movilizar a sus seguidores y ganar elecciones. En consecuencia, el poder que detenta Cabello es fundamental para que el chavismo se revista de legitimidad y para la estructura institucional del país, más allá de la controversia sobre si las elecciones son transparentes o no o si las instituciones son imparciales o no.

Cabello es el hombre del poder político, aunque, curiosamente, los 194 mil 118 votos (58,72 %) que obtuvo por su diputación por el estado Monagas los logró por voto lista y no por voto uninominal. Y como vicepresidente del PSUV, esté allí por el dedo de Chávez y no porque las bases hayan votado por él. Y es que, ciertamente, Cabello no es precisamente una figura de alto rating, pese a que haya acumulado mucho poder. De hecho, en los estudios de opinión, el rechazo que genera sobrepasa el 60 por ciento. Cada vez que le toca medirse electoralmente, se ve en aprietos. En 2008, perdió frente a Henrique Capriles la gobernación de Miranda. No es casual, tampoco, que para el III Congreso del PSUV, a celebrarse entre el 26 y el 28 de julio próximo, el tema de la renovación de autoridades, que tienen su período vencido, no haya sido incluido en la agenda.

Pero Diosdado Cabello no sólo es el hombre del poder político sino que además es una figura con poder en el ámbito militar. “Cabello es el político venezolano que mejor conoce a las FANB y eso le da ciertas ventajas”, dice Rocío San Miguel cuando se le pregunta qué tanta ascendencia tiene el capitán en el sector castrense. “Ahora, su poder, que podría abarcar, incluso, la adquisición de armamentos, no es absoluto. La FANB es una institución de compartimientos estancos y hay otras figuras que también cuentan. Yo diría que en este momento en Venezuela, dada una eventual hipótesis de conflicto, por el malestar social que existe, las figuras de más poder dentro de las FANB son, en primer lugar, el jefe del Comando Estratégico Operacional (CEO), el general en jefe Vladimir Padrino López; en segundo lugar, el comandante del Ejército, el mayor general Alexis López Ramírez; y, en tercer lugar, el comandante de la Guardia Nacional Bolivariana, el mayor general Justo Noguera Pietri”.

¿Qué tanta influencia ejerce Diosdado Cabello sobre esos tres pesos pesados del ala militar del Gobierno? Es algo que no puede calibrarse enteramente. Pero de que Cabello tiene peso, lo tiene. Cabello luce como uno de los hombres fuertes del chavismo. Y su principal arma es la coacción. ¿Por qué coacciona? Porque se sabe con cierto poder para controlar las espadas. Según Max Weber, quien tiene poder es porque logra imponer su voluntad por encima de la de otros. Ya vimos cómo actuó Cabello en la mesa de diálogo. Durante la primera sesión, lanzó un tuit contra Capriles que fue interpretado como un boicot a las conversaciones. ¿Por qué lo hizo? Para demostrar su poder y anunciar cuál era su línea. Su poder es supra Maduro. Al menos en este tema. Y, al final, salvo que haya un replanteo del diálogo, Cabello logró imponerse. Cabello tiene poder. Pero quizás no tiene autoridad. Lo explica muy bien Giovanni Sartori: “La autoridad no manda: influye”. ¿Diosdado manda o influye? Pareciera más lo primero que lo segundo.

¿Dónde más manda Cabello? En la economía. Por eso decíamos antes que un actor principal de este gobierno colegiado que tenemos hoy en Venezuela puede ejercer poder en varios ámbitos. ¿Por qué manda en la economía? Porque su hermano, el también militar José David Cabello, ocupa tres cargos claves en la administración pública. Es, desde el año 2008, es director del Seniat, la oficina que maneja el estratégico tema de los impuestos; fue designado hace poco director del Centro de Comercio Exterior (CENCOEX), ente que tiene a su cargo la administración de las divisas; y es, además, ministro de Industria, nombrado por Maduro. Antes de llegar al Seniat, José David Cabello se desempeñó como ministro de Infraestructura. Así que es claro que el radio de acción del presidente de la Asamblea Nacional va más allá de lo político y lo militar estrictamente hablando y abarca, también, el área económica.

Rodríguez Torres: El hombre de la represión

En esa ala militar a la que está adscrito Diosdado Cabello puede identificarse otra cara del poder que cumple un rol estelar en este momento. Es uno de los reyes de la baraja: el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, el mayor general Miguel Rodríguez Torres. ¿Cuál es la fuente de su poder? Rodríguez Torres era el hombre de mayor confianza de Chávez en materia de seguridad e inteligencia. Y por eso Chávez lo colocó en el Sebin. Primero que nada: guarda los secretos del régimen y de sus adversarios. Es el dueño de una gigantesca bóveda, que, en un gobierno dado a la intimidación, puede resultar clave. Pero ahora, como ministro, es el hombre encargado de contener las manifestaciones. Es el hombre encargado de reprimir. Quienes lo tratan de cerca, aseguran que tiene una gran habilidad política. “Se mueve muy bien entre Maduro y Diosdado”, señala una fuente.

Rodríguez Torres, que, al igual que Cabello, participó en la asonada del 4 de febrero del 92, y es considerado uno de los “históricos” dentro del chavismo, ha cobrado un alto perfil en el gobierno de Maduro, quien lo elevó a ministro. “Yo soy un soldado”, ha dicho en más de una oportunidad. Ante la pregunta del periodista Hernán Lugo Galicia (El Nacional) sobre si era o no ficha de Diosdado Cabello, el ministro respondió tajante: “Yo no soy ficha de nadie”. Lo cierto es que el nombre de Miguel Rodríguez Torres suena. Y suena como si tuviera su propia agenda, en un chavismo salpicado de agendas personales, de tribus, de grupos. ¿Tiene alguna aspiración? Siempre lo niega. Todos lo niegan en el chavismo porque, por lo pronto, lo que está en primer plano es la unidad para preservar el poder. Rodríguez Torres trae la política en los genes. Su padre, Jorge Rodríguez Galvis, ganó la Alcaldía del Alto Apure sin apoyo del PSUV, aunque es chavista.

Maduro y las FAN

En Venezuela ¿manda Maduro o mandan los militares? San Miguel sostiene que es un error afirmar a rajatabla que en el país mandan los militares. “El alto mando militar está conformado por siete personas en estricto derecho, que son la ministra de la Defensa, el comandante estratégico operacional, los cuatro comandantes de los componentes de la Fuerza Armada Nacional y uno que se ha agregado, que es el comandante de la Milicia Nacional Bolivariana. Ellos no tienen el poder que se les atribuye para gobernar a la nación. Sí pudiésemos decir, con propiedad, que Venezuela está gobernada por una casta militar. Pero eso es distinto a decir que gobierna la Fuerza Armada Nacional”.

San Miguel aclara: “Cuando hablamos de una casta militar, hablamos de otra naturaleza de poder: el 25 por ciento de los cargos ministeriales en Venezuela son ejercidos por militares activos y militares retirados, que tienen bajo su mando los ministerios donde mayores recursos se manejan. Por ejemplo, el ministerio de Interior y Justicia, que abarca un poder enorme, está ocupado por el mayor general Rodríguez Torres; está Hebert García Plaza, que maneja el ministerio de Transporte Acuático y Aéreo y es vicepresidente para el Desarrollo Territorial; tenemos a Marcos Torres en el ministerio de Economía y Finanzas; tenemos al propio Jesse Chacón, que controla el sector eléctrico, donde las fortunas y recursos económicos que se vienen manejando son escandalosas. Y cuando hacemos un cálculo de todos los que están allí pues representan 25 por ciento del gabinete. Luego tenemos una estructura de gobernadores que representan el 52 por ciento del total de gobernadores del país. Tenemos también a directores de empresas estatales que manejan una enorme cantidad de recursos y que también son militares activos o militares retirados. Es decir, cuando vemos vis a vis la relación de poder político en Venezuela ella está vinculada al cúmulo de recursos económicos que manejan estos despachos: queda claro que hay una casta militar en el poder que está controlando el país”.

Los militares forman parte del gobierno colegiado. De la corporación de la que habla Ezio Serrano. Y apuntalan al Gobierno. Lo sostienen. Es incuestionable el valor que tienen en la ecuación del poder. “Pero, quiérase o no, Maduro tiene un peso importante. Es el presidente de la República y, como tal, tiene atribuciones muy claras. Y eso también es poder”, apunta San Miguel. Y es cierto. Basta leer el artículo 236 de la Constitución Nacional para verificarlo. El Presidente es el comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional, su máxima autoridad jerárquica; promueve a los oficiales a partir del grado de coronel o capitán de navío; nombra y remueve al vicepresidente y a los ministros; puede declarar los estados de excepción y decretar la suspensión de las garantías constitucionales; es el administrador de la hacienda pública; concede indultos; puede disolver la Asamblea Nacional; y puede convocar referendos.

¿Hasta qué punto puede Maduro ejercer todo el poder que le confiere la Constitución? Es relativo. ¿Tiene o no tiene poder Nicolás Maduro? Sí: porque si bien Diosdado Cabello es el hombre que maneja el partido, el aparato que consigue adhesiones vía comicios, fue Nicolás Maduro el que obtuvo los votos. Sí: porque si bien Rafael Ramírez es el hombre de la petrochequera, Nicolás Maduro es la cabeza del ejecutivo. Fue el ungido por Chávez. Y bendecido por Raúl y Fidel Castro. ¿Mandan los cubanos? Tienen una gran ascendencia porque son los dueños de una patente muy importante: la fórmula para mantenerse en el poder. Los cubanos han dado resultados concretos. Primero, con las misiones, cuando levantaron a Chávez. Y, luego, con toda suerte de jugadas para que los chavistas preserven el mando. Han sido asertivos. ¿Mandan los cubanos solamente? No parece, porque la ecuación del poder en Venezuela, como se ve, es muy compleja. ¿Tiene poder absoluto Nicolás Maduro? No lo tiene porque nadie parece tenerlo en este gobierno colegiado. En esta corporación no hay un accionista mayoritario: hay varios accionistas importantes, cada uno con su propia agenda y sus propios intereses.

El historiador Ezio Serrano analiza así el tema de los hombres del proceso: “Ni el socorrido 4F o el manido golpe de abril logran convencer sobre la pureza de una revolución montada sobre la compra venta de voluntades y el Estado tele cajero. Se cuenta con prohombres de la corrupción más que de la revolución. He allí una de las mayores diferencias del proceso venezolano y el cubano. Esta realidad los deja desnudos y sólo se atreven a mitificar al difunto. Si no logran controlar el pasado, menos podrán controlar el futuro. A pesar de lo cual Maduro está en el poder. Pero que sea la fuente originaria de la administración y la conducción del Estado es otra cosa muy diferente. La influencia cubana sigue intacta, las tribus siguen, aunque activas e inquietas; Maduro, el ungido, baila en un tusero”.

Serrano agrega: “Los estamentos tribales obviamente procuran salvaguardar sus privilegios concedidos por el rey en vida. Sin embargo, el gobierno con andar de borracho sigue su curso. Dado que se trata de mantener el socialismo rentista, un hombre luce clave en la trama del poder: Rafael Ramírez. Mientras la cúpula militar corrupta muestra las garras, la vaca lechera del reino luce extenuada y es necesario adecuarla a la realidad heredada. Se impone la optimización del uso político de la renta para mantenerse en el poder. Las misiones deben replantearse, el tele cajero debe ser ajustado. La vocación anti democrática fortalecida por los delitos y crímenes cometidos por algunos representantes tribales sigue favoreciendo la unidad a pesar de la necesaria racionalización de las prebendas. Se impone un gobierno colegiado o una corporación chavista que debe rodear al heredero más infante que nunca. Maduro es sólo una talanquera impuesta por los cubanos, una empalizada asediada, pero útil en la presente etapa. Ya le llegará la hora en que dentro de la corporación se decida otro destino para el ungido”.

En definitiva, ¿quién manda en Venezuela?

1) En Venezuela manda una corporación, una junta de gobierno, un gobierno colegiado, unos estamentos tribales. Se le puede poner cualquier nombre. Lo cierto es que ya no nos hallamos ante la figura del tótem Hugo Chávez, el hiperlíder, sino ante un poder compartido y donde, por tanto, el mando no está monopolizado por una sola persona. El mapa del poder es complejo. Es el típico drama que arrojan los gobiernos personalistas: el tema de la sucesión.

2) Dentro de ese mapa de poder complejo, hay figuras cuyo poder no es tan omnímodo como el que detentaba Chávez, pero que pueden considerarse grandes ligas dentro de laestructura del Gobierno. Ellos son: Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Rafael Ramírez, Jorge Arreaza, Elías Jaua, Miguel Rodríguez Torres, Vladimir Padrino López (CEO), Alexis López Ramírez (Ejército), Justo Noguera Pietri (Guardia Nacional). Unos con más poder que otros. Unos con poder estrictamente militar. Otros con poder militar, político y económico, como es el caso de Cabello.

3) El heredero de Chávez, el que fue ungido como candidato y ocupa el puesto del teniente coronel, está bajo amenaza. 59 por ciento de los encuestados dicen que no debe terminar su mandato. Si Maduro no logra sortear el temporal, el mapa del poder sufrirá un verdadero terremoto. Los coherederos reclamarán lo suyo. Y el primero en la lista es Cabello. Ahora, el presidente de la Asamblea Nacional tiene delante de sí un obstáculo: no despierta fervor en las masas. ¿Cómo incidirá esto en la ecuación del poder? Y además está Ramírez y su tele cajero. Y están los militares. Y está Rodríguez Torres, que también es militar. Las placas tectónicas del poder se seguirán moviendo y reajustando en Venezuela en vista del clima de alta conflictividad social y política y dado el panorama económico.