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Esta es la revolución de los peores.

lunes 07 de julio de 2014, 09:08h
Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.-Aunque no le tenga mucha estima, a Maduro no lo queda otra que resignarse al hombre que nunca le dijo no a Chávez: Rafael Ramírez.

Por Pedro Benítez. @PedroBenitezF.-Los críticos puertas adentro del PSUV han dicho y escrito (la carta de Giordani, entre otras) que Maduro no tiene el liderazgo para enfrentar la emergencia. De primera, la respuesta de Maduro fue que sus excompañeros de Gabinete son unos fracasados. Los dos lados tienen razón.

Uno de los problemas de gestión administrativa del chavismo es la falta de eso que ahora se denomina capital humano; consecuencia a su vez de la pelea histórica de Chávez con la clase media profesional venezolana a partir de 2001-2002. Disputa que luego de la lista Tascón en 2003 se convirtió en una abierta persecución política del Petroestado contra todo aquel que hubiera firmado para solicitar la activación de Referéndum Revocatorio.

En el fondo de todo eso subyacía un sentimiento de revancha, alimentado directamente por Chávez, de todos los desplazados o frustrados en el régimen anterior expresado en aquello: “ahora nos toca a nosotros”, y un enorme desprecio por el mérito y la formación profesional.

Miles y miles de profesionales que perdieron sus puestos de trabajos en áreas claves como PDVSA o el sector eléctrico (por mencionar sólo dos) debieron irse del país. Otro grupo ha ocultado sus opiniones políticas y sobrevive. La consecuencia: la aguda desprofesionalización del aparato del Estado que impide remediar la crisis eléctrica, aumentar la producción petrolera o la falta de asesoría experta para asumir y aplicar determinadas medidas económicas y administrativas.

Chávez pensó que podía sustituir a todo el personal formado en las cuatro décadas previas a su llegada al poder con la asistencia cubana. Por los visto Maduro cree lo mismo.

Maduro podría abordar el problema acudiendo a funcionarios de alto nivel político y con formación o experiencia gerencial, pero ocurre que el chavismo no dispone (ni nunca ha contado) de un Rafael Alfonzo Ravard, un Leopoldo Sucre Figarella, un Manuel Pérez Guerrero, un Juan Pablo Pérez Alfonzo o un José González Lander.

Hombres respetados por tirios y troyanos, comprometidos con una política de Estado más allá de los gobiernos de turno; con la suficiente “auctoritas” para en determinado momento decirle al Presidente de la República (y de hecho lo hicieron más de una vez): “eso no debe hacer”.

En cambio Chávez nunca quiso tener al lado a gente que le dijera que no. Por eso, aunque no le tenga mucha estima, a Maduro no lo queda otra que resignarse al hombre que nunca le dijo no a Chávez: Rafael Ramírez.

Pero a estas alturas de la historia es evidente que Ramírez no es el hombre de la talla de los mencionados anteriormente, ni aquí ni en una dimensión paralela. Su carrera es exactamente la contraria.

En diciembre de 1960 Rómulo Betancourt designó al general Rafael Alfonzo Ravard, un funcionario que venía del régimen militar, como presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). Allí hizo equipo como un militante de Acción Democrática, Leopoldo Sucre Figarella, quien fungió por los mismos años como Gobernador del Estado Bolívar y luego ministro de Obras Públicas.

Los dos tenías orígenes distintos; uno venía del ejército, otro de una partido político; pero compartían una visión, una de política de estado.

Cuando en 1975 se crea PDVSA de cara a la Nacionalización del petróleo, a quién Carlos Andrés Pérez elige como presidente de la nueva estatal no es otro que Alfonzo Ravard; un funcionario incuestionado e incuestionable, respetado por todo el país. Allí se mantuvo por dos gobiernos de distinto signo.

Como parte del aquel proceso se decidió preservar la separación del Ministerio de Energía y Minas de PDVSA. El Ministerio era el formulador de la política petrolera y contralor de la industria. La relación entre el Ministerio y PDVSA nunca fue fácil. El propio Pérez cuenta las tensiones entre su ministro Valentín Hernández y el general Alfonzo Ravard. Pero esa era la idea: un poder contrapesaba y equilibraba al otro.

Hoy, como consecuencia de la gestión de Ramírez, sabemos de aquella disposición.

Fue esa institucionalidad la que Chávez, con el apoyo de Alí Rodríguez, se dedicó a destruir sistemáticamente; proceso del cual Rafael Ramírez fue actor fundamental primero como ministro desde el 17 de julio de 2002 y luego como presidente de PDVSA desde 20 de noviembre de 2004, momento clave a partir del cual las dos puestos se mezclaron, con un mismo funcionario pagándose y dándose el vuelto.

Entre 1999 y 2004 Chávez tuvo cincos presidentes de PDVSA, uno por año. Hasta que dio con uno dispuesto a decirle que sí en todo y a someterse a horas completas de los Aló Presidente.

Resultados: en medio del mayor auge de precios del petróleo de la economía mundial, la deuda de PDVSA pasó de 6.000 millones de dólares en 1998 a 43 mil millones en 2013 https://konzapata.com/2014/07/escandalo-en-1998-la-deuda-de-pdvsa-era-de-6-000-millones-de-dolares-en-2013-subio-a-43-000-millones-o-el-51-del-patrimonio-deuda-a-pesar-de-los-altos-precios-del-petroleo/  , la producción la industria tiene años sin poder cubrir la cuota OPEP, persisten los problemas de refinación, en 1998 Venezuela exportaba gasolina, hoy la importa, y como culminación del proceso ahora las pérdidas y deudas de la estatal las está pagando la población venezolana con una sucesión de devaluaciones e incrementos de precios que propicia el Vicepresidente del Área Económica del Gobierno… Rafael Ramírez.

Es decir: el mismo funcionario que ha llevado a PDVSA a perder dinero, pretende que los venezolanos paguemos las consecuencias de sus acciones.

Objetivamente hablando, con los balances y datos aportados por la propia industria, solo se puede concluir que Rafael Ramírez es responsable directo del mayor desastre económico del negocio petrolero venezolano en cien años, y parte de un grupo empeñado en demostrar que son el gobierno de los peores.

Pedro Benítez