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La Torre Confinanzas: una historia de 200 millones de dólares que pudo ser y no fue

miércoles 23 de julio de 2014, 18:00h
Por Juan Carlos Zapata.- Rescatamos y actualizamos parte de la historia de un proyecto que otra vez hoy es noticia: el Centro Financiero y Hotelero que proyectaba construir David Brillembourg. Buena parte de este texto está publicado en Los Midas del Valle. Aquí lo actualizamos.

Por Juan Carlos Zapata.- El Grupo Financiero Confinanzas tuvo una historia. Era un consorcio que ni el propio David Brillembourg jamás soñó con tener. Era un hombre que creía en la política, que se decepcionó de la política, hasta el punto de no votar en las elecciones de 1988. O sea, no votó ni por Carlos Andrés Pérez ni por Eduardo Fernández, ni por AD ni por Copei. Hay que tener presente que fue diputado por Causa Común.  No ocultaba, sin embargo, que había financiado a Teodoro Petkoff, que financió a Diego Arria,  y que le había prestado ayuda a otros políticos. Sabía que el dinero sin poder no es dinero y el poder sin dinero tampoco es poder. En las vueltas que ofrece la vida, un rejuvenecido Diego Arria retorna en la Era Chávez a enfrentarlo, intentando ser candidato presidencial de la oposición.

foto 30En la revista Dinero de septiembre de 1988, David Brillembourg resumió su vida así: «Participo fundamentalmente en mis empresas. Empezamos con una compañía finan­ciera pequeña que era la Sociedad Financiera Atlántica. Después vino Acrenca, que era la Sociedad Financiera del Citibank, y luego se llamó Confinanzas. Siguió el Fondo de Activos Líquidos. En el ínterin compramos una partici­pación importante en Seguros Caracas. Se compró otra en Aco, una empresa líder en el mercado. Adquirimos inmediatamente el Banco Hipotecario de Desarrollo. Luego compramos el Banco Metropolitano y, por último, funda­mos una oficina de corretaje que tiene algo que ver con los servicios que presta el Fondo de Activos Líquidos Confinanzas».

En 1990-1991, el Grupo había incursionado también en el negocio del oro a través de Metroamérica. Formaba parte de la red de bancos e instituciones financieras y casas de Bolsa que, junto con la Bolsa de Valores de Caracas, intentaban intro­ducir en el mercado los títulos valor oro como un instrumento más de inver­sión. Metroamérica era la firma del Grupo que estaba a cargo de este tipo de operaciones. Esos años andaba en todo. Era una estrella que compraba accion es de Mantex, Cervecera Nacional, el Banco Unión, Banco de Venezuela, Seguros Caracas y La Electricidad de Caracas. Todavía, después de los golpes de Estado de 1992, y ya con los síntomas de la enfermedad que lo llevarían a la muerte en 1993, no bajaba en su optimismo. Impactado el entorno y la Bolsa de Caracas, decía, sin embargo, que era un buen momento para comprar acciones baratas de La Electricidad de Caracas.

En 1989, durante tres días consecutivos la primera plana de El Diario de Caracas fue dedicada a una supuesta crisis de su Confinanzas querida. Se afirmó que el Grupo estaba quebrado. El caso ocasionó incluso una estampi­da de auditores de sus cuadros internos. En el Banco Central una fuente afir­mó que el expediente de la Superintendencia de Bancos era viejo. Por lo tanto, no tenía validez. Todo parecía una campaña mal orquestada.

-Nadie salió a defenderme –dijo entonces Brillembourg.

Reconocía que las veces en que se habían originado rumores en torno a presuntas quiebras del Banco Unión, o del Banco Latino, entre otros, hasta los presidentes de la República y los ministros habían declarado e invocado los espíritus para espantar los nervios de los ahorristas. Sin embargo, a él lo dejaron solo en 1989 y el asunto le costó una corrida, retiro de depósitos, por casi 1.000 millones de bolívares,  poco más de 20 millones de dólares.

-Eso no es nada, ¡ja ja!

La carcajada era cierta. La risa no era impostada. Era la expresión del optimista. O del audaz, tal cual lo describía Carlos Bernárdez Lossada, presidente, a la sazón, del Banco de Venezuela. Y menos mal que tuvo las bolas para declarar que tenía bastantes dólares en el exterior y enfrentar la situación. Señaló que estuvo tranquilo, que la «campaña» no le hizo mella pues para ello «he construido un consorcio financiero A-1”.

Me dijo, entonces:

-Yo sabía que las cosas estaban bajo control. Pero aprendí una lección: los problemas los enfrenta  uno solo. Y ahorita tiene que haber gente deseando que uno fracase. Pero fracasará esa gente primero que yo.

En perspectiva, la expresión tiene su mérito. Obliga a viajar en el tiempo y apuntar lo que otros dirán cuando el Grupo Confinanzas también caiga en la crisis financiera de 1994-1995: Si David Brillembourg hubiera estado vivo otra sería la historia.

Sus empresas venían ganando. Esas empresas que eran sólo de David Brillembourg, porque allí no participaba nadie más que el «Rey David». De eso se ufanaba, afirmando que las empresas eran de él, y que debían valer como 5.000 millones de bolívares,  o sea, 100 millones de dólares.

Una fortuna que será mayor en el futuro. Pues allí, en el pent-house de la Torre Confinanzas de El Rosal, exhibía la maqueta de lo que él denominaba el Centro Financiero. Lo decía así:

-El proyecto más ambicioso que se haya construido en Venezuela.

Mucho antes de que Salomón Cohen apareciera levantando los Sambil y el Centro Lido. Más ambicioso de que lo que levantara y construyera Nicolás Simón y Becla Velutini; e inclusive Luis Emilio Velutini y el Fondo de Valores Inmobiliario. Más presuntuoso de lo que puede ser Ciudad Banesco de Juan Carlos Escotet.

Ahí iba, paso a paso, la obra de Brillembourg. Se iba asomando al lado de la Torre de David del Banco Mercantil, construida también por él. Era un complejo financiero que incluiría un hotel 5 estrellas. Todo un soñador era este Brillembourg. Un emprendedor. El hotel sería el primero de una cadena que se extendería hasta Puerto La Cruz y la  Isla de Margarita. La inversión total para el Centro Financiero será de 5.000 millones de bolívares. La cifra mágica, al parecer: 100 millones de dólares. Pero cuando hablamos del proyecto ya no lo vendía por menos de 200 millones de dólares. El programa hotelero partía de una convicción: Venezuela estaba condenada a ser una potencia turística. David Brillembourg lejos estaba de imaginarse lo que sería con el tiempo el problema de la inseguridad y la violencia. Sin seguridad no hay turismo.

foto 39Paréntesis

(Quién lo iba a pensar. Parte de la propiedad quedará en manos de Fogade. Otra, en un enredo legal. Así, los dolientes eran impotentes o indolentes. De allí las invasiones. De allí una torre que se transforma en infierno. Las imágenes del caso rebotarán en las redes mundiales, en medios de impacto, como The New Yorker, con la pluma exquisita de John Lee Anderson. Cabe aquí esta cita del prestigioso periodista:

“Vista desde la distancia, la Torre no da indicio alguno de sus problemas. De cerca, sin embargo, las irregularidades en su fachada son claramente evidentes. Hay partes donde los paneles de vidrio se han perdido y los agujeros han sido rellenados; en otras partes de la fachada, las antenas parabólicas y satelitales se asoman como hongos. En los costados no hay paneles de vidrio en absoluto. El complejo es un coloso de hormigón sin terminar —en el que habitan personas. Casas de ladrillo mal ensambladas, similares a las que cubren los cerros alrededor de Caracas como costras, han llenado los espacios vacíos dentro de muchos de los pisos. Sólo las plantas superiores están abiertas al cielo, como plataformas de un gran pastel de bodas. El decano de Arquitectura de la Universidad Central, Guillermo Barrios, me dijo: “Todo régimen tiene su impronta arquitectónica, su icono, y no tengo duda de que la imagen arquitectónica de este régimen es la Torre de David. Encarna la política urbana de este régimen, que puede definirse por la confiscación y expropiación, por la incapacidad gubernamental y el uso de la violencia”. La Torre, construida como una muestra de la eminencia del país, se ha convertido en el barrio alto del mundo.

“Cuando Chávez asumió el poder en 1999, el centro de la ciudad ya estaba descuidado y en franca decadencia, y la torre había caído bajo custodia del Fondo de Garantías de Depósitos. Cuando el gobierno trató de venderla mediante subasta pública en el 2001 nadie ofertó y el plan que existía para convertirla en la nueva sede de la Alcaldía fue abandonado. Finalmente, una noche de octubre del 2007, varios cientos de hombres, mujeres y niños, dirigidos por un grupo de duros y decididos exconvictos, invadieron la torre y acamparon allí. Una mujer que fue parte de la invasión me dijo: “Entramos como si fuera una cueva. Parecíamos cochinos, todos ahí juntos. Abrimos la puerta y desde ese día hemos estado viviendo aquí”. Estaba asustada, pero sentía que no tenía otra opción. “Todos buscaban un techo sobre sus cabezas porque nadie tenía donde vivir. Y era una solución”. Muchos más los siguieron. Los líderes de la invasión comenzaron a vender el derecho de entrada a los recién llegados, en su mayoría personas pobres de las barriadas de Caracas que deseaban cambiar las laderas fangosas por el centro citadino.

DSC01574Hoy en día, la torre es el emblema de una tendencia de la era Chávez: la “invasión” organizada de edificios desocupados por grupos grandes de ocupantes ilegales. Cientos de edificios han sido invadidos desde que el fenómeno se inició en 2003: bloques de apartamentos, torres de oficinas, almacenes, centros comerciales. Cerca de ciento cincuenta edificios en Caracas están ocupados por invasores. La Torre de David alberga un estimado de tres mil personas, llenando la torre más pequeña por completo y la más alta hasta el piso veintiocho. Jóvenes motociclistas operan una línea de “mototaxistas” para los residentes de los pisos más altos, llevándolos desde la planta baja hasta el décimo piso del estacionamiento adjunto, desde donde pueden ascender por unas rudimentarias escaleras de concreto. Para quienes viven por encima del décimo piso, es un largo camino hasta el tope”).

Hasta aquí el parétesis

Era un proyecto faraónico. Con helipuerto que, para entonces, en Caracas, los había muy pocos; sigue sin haberlos. Pero él pensabaDSC01931 que los cielos de Caracas iban a ser surcados por jets y helicópteros. Imaginaba los taxis helicópteros como los hay en las grandes urbes del mundo. Era, además, un proyecto que obligaba a sacudir la zona. Remozarla. Replanificarla. De allí que el plan, ya pactado con los bancos Mercantil, Provincial, Exterior, Construcción, Latino, Caracas, Venezuela, Consolidado y el Central, entre otros, era convertir la avenida Urdaneta en un corredor financiero desde Carmelitas hasta el mercado Guaicaipuro. David Brillembourg tenía entre ceja y ceja dos zonas de Caracas, la que llamaba la milla de oro en El Rosal (hoy plena de instituciones del Estado) y aquella de la avenida Urdaneta, un corredor financiero. De hecho, había participado en la construcción de los edificios de la Contraloría General de la República, el Banco Provincial y el Banco Mercantil. Toda esa imponencia arquitectónica iba a formar parte de un mismo entorno. Donde levantaba el Centro Financiero había funcionado el CC Lago, desvencijado y anticuado cuando lo adquirió y lo tumbó; las parcelas y los inmuebles habían formado parte de la cartera en liquidación del intervenido Banco Nacional de Descuento de J.J. González Gorrondona. El proyecto de la avenida Urdaneta contemplaba la eliminación del elevado y el diseño de jardinerías. El Banco Exterior, más hacia el oeste, planificaba levantar su propia torre, lo cual quedó en veremos en virtud de la crisis que sobrevino más tarde. El terreno de los Vollmer, en el que se levantó después  el CC Sambil La Candelaria, se lo disputaban  varias instituciones financieras. De modo que sí, el Centro Financiero iba a ser más que eso. Cambiaría la zona en el entendido de que el país se dirigía también hacia un modelo de crecimiento y desarrollo sostenido.

En los postreros días, aún se sentía lleno de optimismo, tan pleno que a doña Luisa Silva de Rivero Palacio le dijo:

-Estoy feliz, Doctora Rivero. Por fin voy a construir una obra. Y la haré sin que me haga falta plata.

DSC01825Otra fue la historia, al final. Para el Grupo Confinanzas, la obra se convirtió en uno de los activos inmovilizados a la hora de encarar la crisis financiera. Ya Brillembourg había muerto. Y la obra quedó a medio construir.  Pudieron vender las posiciones de las empresas en las que habían entrado en tiempos de David, Sivensa, Mantex, el Provincial, etc; y aún entregar a Fogade Seguros Caracas, pero las inversiones inmobiliarias pasaron a ser una carga demasiado pesada, en tanto que eran muchas y puro lomito, como solía decir Brillembourg. Sin embargo, en medio de la tormenta, no había compradores. Todas pasaron a manos de Fogade, del Estado, para tapar el hueco de la corrida y los pasivos; un hueco de la proporción de un agujero negro, pues Esther Margulis, la presidenta de Fogade, recordará que  cuando Miguel Angel Capriles López, su cuñado,  y Carlos Acosta López, su ejecutivo estrella, se acerquen al organismo a revisar cuentas con la intención de ayudar, se percatarán de que las cifras eran siderales y los activos no daban para tanto.

De mi libro Los Midas del Valle, tomo de manera textual parte de la entrevista con Brillembourg.

El arrimo al poder

—¿Aprendió de Miguel Angel Capriles Ayala a arrimarse al poder para después sacarle provecho?

—Aprendí de mi suegro a respetar el poder. Yo he andado por mi cuenta. No he tenido apoyo gubernamental. Me apego a las reglas y no las violo. Si uno trabaja bastante y asume ideas, está delante de los demás.

—¿Cuál es el peor negocio que ha hecho hasta ahora?

—No sé...

—¿Le ha salido alguno malo?

—No malo, he emprendido algunas cosas que no cuajaron. La tarjeta Bankard. (Débito). Estuvimos desfasados en el tiempo. En los negocios uno no debe estar ni muy adelante ni muy atrás. Sin embargo, siempre estamos a la vanguar­dia. Leí en estos días que lo que no continúa creciendo empieza a morirse. Confinanzas no ha parado de crecer.

—¿Le han timado alguna vez en algún negocio?

—No, porque siempre vamos de frente y con transparencia. Nunca he com­prado gangas.

—Mantex fue una ganga.

—Sí, pero era el precio de mercado.

El banquero hotelero

—¿Qué va a hacer con el Centro Financiero?

—Si hay comprador, vendemos. No obstante, como ahora se le ha agrega­do un hotel cinco estrellas, va a ser algo más que un Centro Financiero.

—¿El total del proyecto son como 5.000 millones de bolívares?

—Por allí anda, incluyendo intereses.

—¿En cuánto tiempo estará construido?

—En cuatro años.

—¿En cuánto lo vendería?

—Por el doble.

—¿Ese va a ser el primer hotel de su cadena hotelera?

—Tenemos previsto, si el programa de conversión se da, dos hoteles más. Uno en Puerto La Cruz y en otro en Bahía de Plata, en Margarita.

—Quiere decir que será hotelero en un futuro.

—Hotelero, que es producto del negocio financiero. Es un negocio de cons­trucción; es un negocio financiero; es un negocio por la parte de la conver­sión de deuda; y es un negocio que genera divisas por la parte turística, que es hacia donde va el país.

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