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Tarek El Aissami no le paga a municipios opositores

miércoles 27 de agosto de 2014, 05:00h
Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- El alcalde del municipio Mario Briceño Iragorry en Aragua, Delson Guárate, declaró emergencia financiera. Tareck El Aissami lo tildó de “criminal y terrorista” por las protestas del 12 de febrero, prometiéndole “una fría celda”. No pudo cumplirlo y ahora, en retaliación, no le paga los impuestos que recauda.
Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- El municipio Mario Briceño Iragorry (MBI) en el estado Aragua, con poco más de 120 mil habitantes, es uno de los territorios que la oposición conquistó en las elecciones de 2013. Delson Guárate, candidato  de la MUD, ganó con el 49,94% de los votos, frente a 46,87% de su competidor del PSUV, Víctor Flores.

Al igual que en otras alcaldías conquistadas por la oposición, para febrero de 2014 comenzaron las guarimbas y los enfrentamientos. Iragorry fue uno de ellos, y el gobernador Tareck El Aissami acusó a Guárate de ser el promotor de las protestas, tildándolo de “criminal y asesino”. Nada distinto a lo que sucede entre otros alcaldes opositores y los gobernadores rojos, con la particularidad de que ahora Guárate declara emergencia financiera en Iragorry porque el gobierno nacional y regional no le cancelan deudas por más de 34 millones de bolívares.

Guárate declaró que los 34 millones de bolívares son producto del Fondo de Compensación Intergubernamental, y que además, El Aissami no ha cancelado los impuestos que la alcaldía recaudó a través de los timbres fiscales. El mismo gobernador que hace pocos meses fue juez y parte, tildó de criminal y asesino a Guárate y de paso, le prometió “una fría celda”, declarándolo culpable de una buena vez, sin juicio alguno.

El Aissami no pudo meterlo preso como prometió ante los medios de comunicación, pero ahora lo asfixia presupuestariamente,  condenando a 345 empleados de la alcaldía y desoyendo peticiones de 38 consejos comunales, quienes  pagarán los platos rotos de las retaliaciones políticas de Tareck, algo que Guárate no dudó en calificar como “sabotaje” a su gestión.

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