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Rafael Ramírez también canta boleros, como Dieguito Salazar

lunes 15 de septiembre de 2014, 10:05h
Por Redacción.- Ayer con José Vicente Rangel, el ex-presidente de PDVSA hizo de todo para no parecer despechado. Una tarea imposible.
Por Redacción.- “Yo amo a PDVSA. Yo amo a la industria petrolera. Yo amo a mis obreros.” Este puede ser el estribillo del bolero de Ramírez. Mal imitador no es, si el modelo es Dieguito Salazar, su primo. Como el sacudón de Maduro, la entrevista ayer con José Vicente Rangel había levantado expectativas. Pero Ramírez, se puso sentimental, y los sentimientos te pierden, así quieras decir lo contrario. Y ese es el caso. El estribillo lo expresó luego de una pausa y una excusa: que como era andino le costaba referirse en esos términos. ¿Qué tienen lo andinos? O será que no le gustaba el estilo llanerazo de Chávez que en cada discurso no resistía la tentación de declararle amor a todos, al pueblo, a los trabajadores, a los suyos. El mismo Diosdado Cabello ha dicho que Chávez les quitó de encima el prejuicio de declararle amor a un líder, a un hombre, a un Presidente. No aprendió Ramírez. O es que la lejanía del triunvirato lo coloca en otra disposición. El caso es que Ramírez ayer no aclaró nada y lo aclaró todo. Cuando Rangel le preguntó sobre la intervención de la división de mercadeo interno de PDVSA se fue en una explicación anticontrabando y lucha y socialismo y conspiraciones, como haciéndose el sordo, desentendiéndose de que se trata de la misma dirección que funcionaba en sus tiempos de presidente de PDVSA, que eso fue hasta ayer. Ya, al parecer, se le olvidó que estuvo al frente de la corporación por espacio de casi 12 años. Yo amo a PDVSA. "Hemos venido observando con verdadera preocupación como los productos de distintas consideraciones e insumos de todo tipo se han extraído del territorio nacional", señaló Ramírez. Y la frase puede ser una estrofa completa del bolero. El ve con preocupación. Pero al frente de PDVSA parece que no vio nada. A las mafias que, según Maduro, se metieron adentro. Yo amo a la industria petrolero. Entienda el lector que este hombre largo, de pelo blanco, apenas cincuentón, era el todopoderoso ministro y funcionario petrolero. Pero no se daba por aludido. Su otra estrofa puede ser aquella de que su legado es que PDVSA es del pueblo. Ahora sí es del pueblo. Si ello es así, ¿por qué dijo Maduro lo siguiente?: "Tenemos que ir a una revisión de los procesos de distribución, despacho, por unas cuestiones que hemos encontrado pero inmediatamente por decreto ordeno la intervención de esta dirección de mercado nacional de Pdvsa y pido toda la colaboración del pueblo y los trabajadores para que vayamos a fondo y así iremos". Pero no, la cara de Ramírez era inconmovible. Estaba en otra dimensión. Yo amo a mis obreros. Tal vez pensaba en ello. Tal vez pensaba, en realidad, en lo que dejaba atrás. Pues el estribillo del Yo amo, no es más que la constatación de que en todo bolero, hay un despecho que va por dentro. En esa misma dirección, trató de desmentir que los cambios producidos por Maduro son producto más de la nueva etapa revolucionaria, que de la intriga interna que pulula en el poder.

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