El poder intacto de Manuel Barroso, el ex hombre fuerte de Cadivi

Por Ricardo Avila.- Salió del gobierno. Salió de los cargos. Pero siguen ocurriendo cosas en la administración pública como si Barroso estuviera aún allí. Comenzando con que la Fiscalía no lo ha llamado a declarar.


Por Ricardo Avila.- Si hubiese podido, si el cargo no se lo hubiese exigido, hoy no sería posible encontrar ni un retrato de Manuel Barroso en la red. Si Chávez no lo hubiese obligado a comparecer a las maratónicas sesiones de ‘Aló, Presidente’, no habrían tomas suyas, con esa cara de corderito amaestrado, la sonrisa forzada, el casi imperceptible rictus en el rostro que expresaba el fastidio enorme, diré que el fastidio telúrico que le producía calarse a Chávez.

Peor todavía: si el lector busca a Manuel Barroso en la página de You Tube, lo encontrarán en decenas y decenas de entrevistas y declaraciones, hablando de la más crucial pesadilla venezolana de los últimos tiempos: la Comisión de Administración de Divisas, CADIVI.

Basta con verlo unos minutos en unas cuantas de esas declaraciones o entrevistas televisadas, para percatarse sin lugar a equívocos: le producían irritación. En todas, incapaz de sonreír, una mueca de malestar parece estar siempre a punto de escapársele. Pero hay que decirlo: no lo disimulaba. No se comportaba con hipocresía. No le daba largas al asunto. Procuraba ir al grano. Contestaba a las preguntas con tono preciso y cortante. Como si su objetivo fuese hacer sentir al entrevistador y al público, que lo mejor era olvidar a Barroso, pasar la página del sujeto desagradable, colocarlo en el cajón de los tipos pesados. En otras palabras: borrarlo.

Hacerse borroso: tal ha sido el propósito de este Alférez Mayor graduado en la Academia Militar en 1990, que de asistente de Diosdado Cabello en varias posiciones, gobernó CADIVI durante siete años, entre el 2006 y el 2013.

Desde que fuese destituido hace ya 20 meses, la operación de Barroso se ha perfeccionado: ha desaparecido de la escena, como desaparecidos están los más de 25 mil millones de dólares (que podrían ser todavía muchos más y superar la barrera de los 30 mil millones de dólares), de acuerdo a lo que han dicho algunos voceros del oficialismo.

Hay quienes, tras su destitución, pensaron y escribieron, poseídos de la mejor intención (abrumados de esa irreversible ingenuidad que siempre guardan los buenos deseos), que la era Barroso había llegado a su fin, lo cual está lejos, muy lejos de ser cierto. Inclusive, hace apenas unos días, cuando fue sustituido del directorio del Banco del Tesoro, si acaso la mención ocupó unas líneas o menciones en los medios. Pero las señales pueden ir en otro sentido.

Es que si fuese cierto que el poder de Barroso ya no está vigente, en primer lugar, no seguiría ocurriendo que empresas fantasmas o cuasi fantasmales, siguen recibiendo divisas para importar productos que no se traen al país o se traen solo parcialmente. Si fuese cierto, habría decenas de detenidos entre funcionarios y falsos empresarios, así como numerosos juicios en proceso. Si fuese cierto, el Ministerio Público ya tendría que haber llamado a Barroso a declarar para preguntarle, cómo ocurrió una estafa de tan gigantescas proporciones. Si fuese cierto, hoy Barroso sería el más popular y mentado de los personajes de la vida pública venezolana: conoceríamos hasta el más mínimo detalle de su vida, sabríamos cómo pasaba los días en su oficina, con quiénes se reunía, quiénes le llamaban y qué órdenes recibía. Si fuese cierto, estaríamos en otra Venezuela: intentando dejar atrás la pesadilla de la corrupción en Cadivi.