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La tortura china de Maduro

viernes 09 de enero de 2015, 10:18h
Por Redacción.- Un Presidente se monta en una gira con todo su equipo económico y le cuesta convencer a propios y extraños. Se deteriora la confianza y la credibilidad en el mandatario y su equipo.
Por Redacción.- Se ha convertido en un problema de credibilidad. Las encuestas reflejan que en lo interno, a Maduro no le creen ni los propios chavistas. No le creen su discurso económico. Y los pocos que aún esperan por él, es porque le son fieles a la memoria de Chávez. Es porque Chávez lo designó. La verdad es que todas las encuestas reflejan que desabastecimiento e inflación, conforman una sola crisis. Y Maduro, quien anunció que se ponía al frente del plan para solucionarla, tiene un reto encima que le puede terminar arrebatando los últimos puntos que le quedan en las encuestas. Es que por donde se le mire, no hay fortalezas de su lado. No nos referimos al asunto de los recursos, que es grave. Las debilidades vienen dadas por lo que representa como jefe de gobierno y por las características del equipo de gobierno. El peso del poder no le es suficiente. Es un Presidente con un poder devaluado por la falta de liderazgo, discurso, y autoridad moral. No le es suficiente el peso que encarna el Poder Ejecutivo en Venezuela. Pudo haber ganado fuerza moral haciendo un viraje con algunas medidas económicas y atacando la corrupción, tal como lo prometió, pero no lo hizo. Por el contrario, perdió credibilidad en materia de corrupción, tanto así que lo que no era un problema que se reflejara en las encuestas, comienza a asomarse entre los primeros lugares, detrás del desabastecimiento y la inseguridad. Lleva más de un año atacando la llamada guerra económica sin alcanzar la victoria. Lleva meses “anunciando medidas” que no se concretan mientras la crisis se profundiza, por lo cual, el desgaste es suyo. Lo peor puede decirse de un equipo económico mudo. Rodolfo Marco Torres, Nelson Merentes, Ricardo Menéndez, le dicen poco al país, y menos a los actores económicos. El desgaste es más que evidente. Este cuadro implica la pérdida de esperanzas de la población. Y la percepción de que todo irá para peor. Las ilusiones se desvanecen. En el chavismo, prende la pérdida de confianza. Tanto que en el PSUV se derrumban los afectos. Maduro y su equipo ya no inspiran confianza en el futuro. Y esa es la realidad. Hasta eso pueden estar pensando los chinos, que siguen el pulso del país.

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