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El despido de Vanessa Senior de Canal-I demuestra que ella tenía razón

viernes 10 de julio de 2015, 18:00h
Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- Esta arbitrariedad, esta regularización de la infamia, refuerza la necesidad de crear canales alternativos a la férrea censura que existe en Venezuela. Y eso es, exactamente, lo que hizo Vanessa Senior en el video que grabó con su teléfono en una sucursal de Farmatodo. El mensaje aludía a uno de los asuntos que el régimen ha puesto mayor empeño en acallar: el racionamiento y la indignación que despierta en los venezolanos.
60Por Milagros Socorro @MilagrosSocorro.- A nadie ha sorprendido la iniciativa de Canal-i de despedir a la humorista venezolana Vanessa Senior. Una decisión tan aberrante como la de sacar a alguien de pantalla por haberse atrevido a expresarse políticamente ya no resulta extraño en Venezuela. Es lo común, lo que suele ocurrir. Más aún, era previsible, tratándose de esa televisora en particular. 

Se ha normalizado la destitución de periodistas y comunicadores, así como de trabajadores de cualquier sector, por manifestar una posición disidente. De allí que, aún cuando la medida sea percibida como una injusticia –que lo es, en grado sumo-, el punto es que no causa extrañeza. Porque se ha hecho usual. Porque es lo que viene pasando de manera reiterada, en todos los sectores, a todos los niveles y en todo el país.

Esta arbitrariedad, esta regularización de la infamia, refuerza la necesidad de crear canales alternativos a la férrea censura que existe en Venezuela. Y eso es, exactamente, lo que hizo Vanessa Senior en el video que grabó con su teléfono en una sucursal de Farmatodo.

Lo fundamental del video realizado por Senior es haber establecido un hecho comunicacional con mínimos recursos. Y, a partir de esto, haber expresado un mensaje con toda claridad. Son tres puntos relevantes: 1) En un contexto de censura y achicamiento del espectro de los medios, Senior logró un hecho comunicacional que alcanzó grandes audiencias; 2) Lo hizo con recursos de acceso relativamente fácil y generalizado; y 3) Emitió un mensaje claro, sin ambigüedades, del que solo ella se hace responsable y que combina datos con emociones, así como un punto de vista personal. Estamos hablando, pues, de incrustar un mensaje, diáfano y contundente, en el muro de censura que ha levantado el Gobierno. Es, otra vez, David poniendo una piedra en la frente del gigante todopoderoso y amenazador.

Ese mensaje, además, aludía a uno de los asuntos que el régimen ha puesto mayor empeño en acallar: el racionamiento y la indignación que despierta en los venezolanos.

El video de Vanessa Senior expresa la ira que experimentamos todos ante las dificultades para conseguir productos de primera necesidad; la humillación de las colas escondidas en estacionamientos; la impotencia ante el intento de invisibilización de este flagelo; y, en suma, el inmenso atropello a los venezolanos.

La rabia, la rebeldía, el profundo deseo de que todo eso termine están recogidos con gran fuerza en el video de Vanessa Senior. Y por eso ha molestado tanto al régimen, porque la bloguera hizo como esos futbolistas que atraviesan la cancha entera, esquivando asedios, penetrando la pared que tratan de alzar los contrarios y, sin detenerse, hace un gol que las gradas ovacionan.

Sin valorar lo relevante, que es haber clavado un mensaje en el cañamazo silenciador de la dictadura del siglo XXI, los críticos de Senior se han ido por las ramas.

Que los trabajadores no tienen la culpa. Es verdad que, aún cuando el racionamiento no tiene ninguna base legal –y que, por el contrario, atenta contra lo establecido en la Constitución, donde se garantiza el derecho del consumidor a escoger-, los trabajadores no tienen poder para impedir la restricción en las ventas. Pero sí pueden escoger entre censurar o no. Y resulta que la gerente de Farmatodo no se limitó a argumentar la obligatoriedad del racionamiento. Su cometido era que Senior no grabara. Es decir, que no documentara la realidad; que no completara un hecho comunicacional; que no se expresara; que no ejerciera su derecho a manifestar su punto de vista. La gerente de Farmatodo no tiene arbitrio sobre el número  de productos que se puede expender, pero sí lo tiene de respetar las acciones de otros, cuando no constituyen daño a nadie... salvo a las directrices del Gobierno. Al tratar de impedir que Senior hiciera su reporte, la trabajadora se alineó con el régimen confiscador de las libertades; y llevó su diligencia al extremo de pretender tapar el teléfono/cámara.

Desde luego, los trabajadores no son el blanco de la protesta. Pero cuando se convierten en vector de la censura, ya no actúan como trabajadores sino como extensión del brazo que nos oprime. La protesta, entonces, también los alcanza.

Que el lenguaje incluye muchas groserías. A usted puede no gustarle el léxico de la comunicadora, la voz, el vestuario o la manera como ella luce, lo que no puede es impedir que se exprese. Ella puede decir exactamente lo que quiera, en los términos que quiera. Es potestad de las audiencias seleccionar lo que ven. Las groserías de Vanessa Senior o de cualquier otro ciudadano son distintas a las groserías de Chávez y de Diosdado Cabello, porque estos las profieren desde cargos públicos y empleando medios de propiedad estatal. No hay manera de que las audiencias ejerzan su derecho a no verlos, porque sus mensajes, tantas veces violentos y procaces, son oficiales y, por tanto, capaces de cambiar las vidas de los gobernados.

Que llama a la anarquía, ha dicho el oficialismo. Los llamados de Vanessa Senior en su video son: que se cumpla la ley (que defiende el libre albedrío del consumidor); que la ciudadanía reclame sus derechos y que no acepte el yugo que implica el racionamiento (estas palabras son mías, no de ella, que jamás habla de yugo); que tomemos consciencia del miedo que sentimos y de lo paralizante que es; y que la ciudadanía manifieste su inconformidad con el voto. Esto último es fundamental, porque ella no solo denuncia los devastadores efectos del racionamiento en la psiquis de quien la padece, sino que culpa al Gobierno de ello. Y resulta que el gobierno ha gastado millones en confeccionar mensajes para ser tan popular como Vanessa Senior, pero, sobre todo, para que no se le haga culpable del racionamiento.

De allí los ingentes recursos gastados en la versión de la “guerra económica”. Esto es lo que irrita al gobierno hasta el punto de amenazarla con cárcel, una cobardía que también se ha hecho cotidiana. Ya no digamos las amenazas de muerte que ha recibido.

Al proponer las elecciones como remedio al racionamiento y a la rabia, se le pone una fecha límite al racionamiento, pero también al Gobierno. Eso implica cantar el fin del Gobierno y establecer que ese fin vendrá por una vía institucional. Dos nociones que el Gobierno no soporta.

Que Vanessa Senior se burló después de Bolívar y otros próceres. La bloguera y todos los venezolanos podemos reírnos a gritos de todo el Olimpo patricio, así como de Chávez, de Maduro, de Cabello y de todos los militares. No hay ninguna ley que prohíba decir lo que nos dé la gana de Bolívar, del Negro Primero, de Maisanta y de toda ese montón de polillas. Podemos especular, hacer conjeturas, pintarles bigotes en las estampas. Lo que no podemos es amenazar a alguien, ni atentar contra el honor de alguien. No podemos espiar las comunicaciones de nadie, ni mucho menos usar grabaciones hechas ilegalmente para exponer las víctimas al escarnio público. Lo que no se puede es despedir a alguien del trabajo porque grabó un video donde responde con rebeldía (y no con el tono de víctima que tanto le gusta al régimen) a una situación que a todos nos agobia.

Que eso no fue espontáneo. El video de Senior es un hecho comunicacional y es una forma de protesta. Ni uno ni otra tienen en la improvisación una virtud. Si surgen del momento, muy bien. Pero su diseño y preparación no les resta inteligibilidad ni eficiencia.

Que Senior perseguía popularidad. Quien comunica aspira a una audiencia. Y cuanto más amplia, mejor. Si Vanesa Senior calculó que con un video grabado con un teléfono haría trizas la hegemonía comunicacional, eso no se sabe. Pero lo logró. Y muchos estamos contentísimos de que eso ocurra. Y que sea en clave de protesta, más todavía.

Tanto lo logró que el gobierno la mandó a sacar de trabajo. Eso también causa indignación. Eso también debe denunciarse. Por los canales que sea. Ya Vanessa Senior tiene la pauta de su próximo video. Por suerte, nadie se será obligado verlo, ni se financiará con dinero de los contribuyentes. Ni podrá convocar a expropiaciones ni a linchamientos. Será, como los otros, una voz que ha encontrado un canal que nadie le podrá clausurar y de donde nadie la podrá botar.

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