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Los militares pierden la guerra económica y no parecen darse cuenta del fracaso

miércoles 22 de julio de 2015, 10:00h
Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- La Fuerza Armada Nacional Bolivariana no está concebida para hipotéticas guerras externas. En realidad es hoy una fuerza de ocupación de su propio país. Como en la época del general Gómez. Nos estamos acercando una situación por la que ya han pasado otros países (como Argentina) donde las sociedades se preguntan: ¿Para qué sirven los militares?
9Por Pedro Benítez @PedroBenitezF.- Durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se puso de moda la frase según la cual: “La economía es demasiado importante para dejarla en manos de los economistas”. Consecuente con esa idea, más de veinte años después la revolución chavista ha dejado la economía en manos de los militares.

Luego de 24 meses de infructuosa lucha contra la “Guerra Económica” la sociedad venezolana debería interpelar a los miembros de la cúpula militar sobre los resultados concretos.

Manejan un banco (el de las Fuerzas Armadas), empresas de construcción, organismos encargados de fiscalizar precios, oficiales activos o retirados figuran en los ministerios de Finanzas, Alimentación, Industria, Energía Eléctrica, y el Órgano Superior de la Economía.

Por lo visto, en la cada vez menos cacareada “Unión Civico-Militar” son la mayoría de los civiles las que llevan las de perder, los militares las de ganar, dejando de por medio un creciente resentimiento.

Una de las consecuencias negativas de la dictadura del general Marcos Evangelista Pérez Jiménez fue la de reforzar en la conciencia colectiva nacional el mito de la eficiencia militar. Esa era la excusa por la cual, durante los gobiernos civiles, normalmente se designaba a un militar donde había un problema por resolver.  Con Chávez en el poder la presencia de los militares en los asuntos públicos llegó a niveles nunca antes vistos.

Oficialmente responsables de enfrentar la supuesta guerra económica, con el imparable incremento de la Canasta Básica Familiar hasta los 54.204,69 bolívares, la inflación montada en los dos dígitos, el PIB cayendo y el desabastecimiento sin ceder, es razonable colegir que ese mito se está volviendo añicos.

En Venezuela nos estamos acercando a una situación por la que ya han pasado otros países (como Argentina) donde las sociedades se preguntan: ¿Para qué sirven los militares?

No pueden detener el contrabando hacia Colombia.

No saben administrar.

No consiguen mantener el control y el orden público dentro del propio territorio.

Y si no pueden defender las fronteras, mucho menos ganar una guerra.

¿Qué utilidad tienen?

Carmen MeléndezEn busca de buenos temas de cara a la próxima campaña electoral, Maduro apela a la táctica Galtieri, y los mete en un terreno peligroso. O ellos los presionan a él en ese sentido. Da lo mismo. Es un curso particularmente peligroso porque es allí donde deben justificar su utilidad social.

Esto último es importante y en los próximos meses (o semanas) a medida que Maduro siga metiendo presión en la reclamación sobre el Territorio Esequibo, será evidente que los militares venezolanos no pueden, ni quieren pelear una guerra de verdad. No nos son útiles ni como disuasión.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana no está concebida para hipotéticas guerras externas. En realidad es hoy una fuerza de ocupación de su propio país. Como en la época del general Gómez.

Con el pretexto de servir de guardianes de la “revolución”, Venezuela es hoy, como que se decía de Prusia en el siglo XIX, en una frase que Manuel Caballero gustaba recordar: “No un país con un ejército, sino un ejército que tiene a un país”.

Pero por decisión propia o de los civiles con lo que comparten el poder, el estamento militar se ha colocado en la parte neurálgica de la economía de la escasez venezolana. Es por ello que son los privilegiados en una sociedad donde lo que el común lucha por conseguir día a día, pasa por las manos de oficiales y suboficiales: la harina de maíz, la leche, productos de aseo, pañales desechables, papel higiénico, las medicinas, autos  y un largo etc.

Parafraseando el adagio popular: son los que parten, reparten y lógicamente se quedan con la mejor parte. O al menos, eso es lo que parece. En el mundo moderno son las percepciones las que valen y por eso están quedando muy mal ante los ojos de la mayoría.

Se benefician de una guerra que al mismo tiempo van perdiendo. Una paradoja. No todos ciertamente, pero como es sabido siempre pagan justos por pecadores.

Hasta que los “justos”, que suelen ser la mayoría, se cansen de pagar por los “pecadores” que se supone son la minoría. El más curtido de los conspiradores militares de nuestra historia reciente intentó comprar la lealtad de sus camaradas de armas dándoles dinero y poder. Cuando las cosas se complicaron su Alto Mando Militar le solicitó la renuncia.

Padrino López“La historia suele repetirse dos veces, la primera vez como tragedia y la segunda vez como farsa”.

El chavismo usa a los militares (y estos se dejan usar) en la guerra contra un fantasma: la célebre mano invisible del mercado. No tienen como ganarla. Pero en el intermedio sacan buen provecho personal de las circunstancias.

Decía el político francés Georges Clemenceau: “La guerra es un asunto demasiado importante para confiárselo a los militares”.

La economía también.

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