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Un país tomado por la delincuencia que el propio chavismo auspició

martes 14 de julio de 2015, 13:00h
Por Juan Carlos Zapata.- El panorama de una década, cuando escribí mi libro Doña Bárbara con Kalashnikov, se queda pálido con lo que ocurre hoy en las calles y en las barriadas de toda Venezuela. Mafias, grupos, capos, colectivos, guerrilla, grupos paramilitares, de todo hay en el territorio de Maduro y que Chávez legó. La inseguridad no da votos.
Por Juan Carlos Zapata.- Entonces, hace 10 años, lo que hacía era una comparación, ubicándome al lado de Rómulo Gallegos: Civilización contra Barbarie. Lo estamos viendo. Lo vimos desde que Hugo Chávez se despojó de la máscara y se ubicó del lado de las FARC. Desde luego, Apure –el estado en el que transcurre la novela Doña Bárbara- se convirtió no en aliviadero sino en santuario no solo de las FARC sino de otros grupos irregulares como el ELN y de uno más de creación particular, muy criolla, identificada con el chavismo, las FBL, que ha contado, además, con representación política e institucional en el PSUV y en la alcaldía de Guasdualito.

La hipótesis del libro es que se estaba incubando en Venezuela una violencia jamás vista. Cruda. Real. Sanguinaria. Desmedida. Y todo comenzó cuando en 1998 al chavismo le urgió entrar a los barrios para buscar y cuidar votos. ¿A quiénes buscó y luego protegió? A los jefes de las bandas. En Caracas, después aparecieron los círculos bolivarianos, más tarde los colectivos, y para ellos, alimento e incentivo, el discurso incendiario de Chávez, y la impunidad de la que gozaban, porque hay que decirlo: con los irregulares del campo como de las ciudades, colaboraban los cuerpos de seguridad, y los componentes de la Fuerza Armada. Los mismos que ahora están obligados a enfrentarse y batirse a tiros.

Lo de ayer no fue una película de terror. Ha sido la constatación de la hipótesis. Es la tesis. Es la síntesis de la imposición de la barbarie. Es el legado de Chávez, quien amagó con condenar a los grupos sin actuar contra ellos. Las consecuencias están a la vista.

¿Era una política de Estado? Hay quienes lo aseguran sin que les quepa duda alguna. Porque hay dirigentes del chavismo, cada uno y cada quien, que sostienen y financian sus propias organizaciones. Y, por ejemplo, desde gobernaciones como la de Apure, se ha cohabitado con los grupos. Y en Barinas se les ha dado ayuda y protección. Y desde el Estado central, ha manado dinero para algunos llamados frentes sociales de la revolución que no son otra cosa que un disfraz de la violencia.

La política de Estado buscaba espantar y ahuyentar del país a la clase media que no votaba a Chávez. Ahora todo se revirtió. Desde hace al menos tres años la inseguridad comenzó a figurar como el principal problema en las encuestas. Y cuando llegó Maduro al poder, los propios chavistas de los barrios, atribuían al miedo generado por los colectivos, el deslave de tantos votos o la migración de votos rojos hacia Henrique Capriles.

Por ello es que el Gobierno actúa. No le queda otra opción. La barbarie resta votos. La barbarie que introdujo Chávez es la barbarie que se le revertió y convirtió en un problema de grandes proporciones. Hay redes de narcotráfico. Hay bandas armadas hasta los dientes. Hay un capo preso –Makled- que sabe mucho. Y, lo peor, el conflicto estalla porque se están matando entre ellos mismos, pues ya no solo el objetivo son los ricos o la clase media. La barbarie se les hizo crónica.

Y que el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Gustavo González López, reconozca que ayer en la Cota 905 el operativo arrojó 14 muertos y 1 herido, significa que ya tenemos un parte de guerra. Lean lo que dijo:

-Hemos recuperado 20 vehículos. Esos vehículos estaban concentrados en esas áreas y los usaban para fines de extorsión, vacuna, incluso amenazaban de muerte a sus propietarios. Hemos recuperado 12 armas cortas, 2 armas largas, 2 granadas fragmentarias, detenidas 134 personas. De esas personas, 32 son extranjeros y estamos haciendo la vinculación directa con el paramilitarismo colombiano aquí directamente en el centro de Caracas, en la Cota 905. Usaban la droga, usaban los dólares para acometer y comprar estas organizaciones delictivas para fines inconfesables.

Y el Gobierno, tan ducho en la propaganda, se inventa el peor nombre para una acción de esta naturaleza: Operación de Liberación del Pueblo. ¿Liberación de qué? De la barbarie que usaron, y que ahora le es arisca y adversa porque se ha hecho autónoma, y armada como está –lo reconoce el ministro- se siente con derecho de hacer en Caracas, lo que en Apure, en Amazonas, en Zulia, en Táchira, desde hace muchos años es usual y cotidiano: el secuestro, la vacuna, la extorsión. ¿No dicen los jerarcas que el chavismo es garantía de paz? La realidad contradice la consigna.

Porque no ha sido solo Caracas. También Aragua. Y los Valles del Tuy. Y hasta en Ciudad Tiuna, ahí mismo, en la nariz del mayor cuartel militar del país; y zona urbana creada y poblada por el chavismo. No hay que ignorar, además, que en Aragua gobierna Tarek El Aissami, quien fuera ministro de Interior y Justicia –ya perdí la cuenta de los años- y fue durante su gestión que la barbarie se hizo grande, como la mancha voraz de la película. Y es en Aragua donde operan bandas de alta peligrosidad, y de allí el lenguaje del Ministro para con ellas: El operativo en Aragua persigue “ocupar el territorio siendo implacables con las bandas criminales". Implacables. La palabra lo dice todo. ¿Y el resto? Ocupar el territorio. O sea, el territorio está ocupado por otros. Por ello las rutas de la droga.

Hay que recordar lo que eran hace 20 años Camatagua, Barbacoas, San Casimiro. Eran pueblos en los que se podía ir a descansar y hacer turismo. Pero la barbarie se metió de lleno, ocupando espacios. El gobernador se limita a señalar –cito a El Siglo de Maracay:Un total de 7 antisociales, integrantes de una banda delictiva “que azotaba la zona sur de Aragua”. Explicó que esta banda es dirigida por alias “Jhon, El Funes”, que es buscado por las autoridades. “Lo encontraremos”, acotó El AIssami. Asimismo, en rueda de prensa, el mandatario regional indicó que 758 funcionarios de diferentes organismos de defensa ciudadana estarán desplegados en el estado intensificar las labores de seguridad. Agregó que fortalecerán el sistema de patrullaje con la instalación de dos destacamentos de la GNB con más de 30 hombres; en Barbacoas con más de 200 efectivos y otro con 50 hombres en Camatagua, con el fin de “blindar las zonas más vulnerables”. El Aissami sostuvo que la región será monitoreada a nivel aéreo, terrestre y marítimo “para devolverles la paz y consolidar un sistema de protección al pueblo”.

No se requiere de la declaración del Ministro de Interior para constatar el por qué de los miles de asesinatos en todos estos años de chavismo. Pero el parte de guerra nos dibuja la imagen de lo que habrá en Monagas, en Anzoátegui, en Sucre, en Carabobo, en Falcón, en Bolívar.

El Ministro expone como un gran logro el desmantelamiento de grupos y cabecillas en Fuerte Tiuna, y lo que en realidad lo que transmite por televisión es una pesadilla. "Hemos recuperado inmediatamente 12 apartamentos, cuyos propietarios habían sido desplazados, están siendo evaluados por la Gran Misión Vivienda Venezuela y aprovechando esto, tenían en su poder material de construcción desde cerraduras, máquinas de soldar, motosierras, esmeriles, bombas de agua. Ya están a disposición de la Misión Vivienda. Fueron desmanteladas siete bandas con siete cabecillas”.

Me quedé corto hace diez años. Bueno, no. Lo que hice reflejar en mi libro fue el principio. Lo que se veía venir como manifestación de la barbarie. El Ministro, igual que Maduro, como otros voceros del Gobierno, quieren achacarle el problema a agentes extranjeros, fundamentalmente a personas que llegaron de Colombia. Pero no. La realidad es otra. Esta barbarie ya es de aquí. Y es herencia de Chávez, como la boliburguesía, los bolichicos, la corrupción internacional que también es una especie de mafia, como el lenguaje cargado de violencia, como el insulto, como la mentira, como la manipulación.

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