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El enigma de los dos Chávez que Teodoro Petkoff ayudó a despejar

viernes 04 de marzo de 2016, 13:10h
Por Oscar Medina @oscarmedina1.- Este sábado 5 de marzo se cumplen tres años de la muerte de ese a quien sus acólitos llaman comandante supremo. Si cambió la historia venezolana para bien o para mal, es algo que se debate con pasión. Pero en todo caso, basta salir a la calle para encontrarse con la evidencia de lo que heredó el país tras su larga gestión presidencial. En 1999 el escritor Gabriel García Márquez publicó la crónica del único encuentro que tuvo con el llanero que recién ascendía al poder. Y ese texto dejó un suspenso sobre la mesa que Teodoro Petkoff ayudó a despejar.
Hugo-ChavezPor Oscar Medina @oscarmedina1.- Una sola vez conversó Gabriel García Márquez con Hugo Chávez. Seguramente siguió sus pasos desde la distancia y a lo largo de los años de su mandato, el escritor prefirió guardarse sus opiniones sobre el personaje y su gestión. Cosa rara en él. Pero así fue. Sus razones tendría. En todo caso, de esa reunión es el producto de un texto al que Gabo tituló “El enigma de los dos Chávez”.

Lo publicó en la revista Cambio el primero de enero de 1999. El encuentro se produjo a menos de quince días de la toma de posesión de ese Chávez que tantas esperanzas encarnaba para la mayoría de la población venezolana que lo llevó al poder en su primer intento por la vía democrática.

Chávez regresaba a Caracas luego de reunirse con Fidel Castro y el entonces presidente colombiano Andrés Pastrana. Se conocieron tres días antes: “…y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado”. Intentaron un encuentro privado en La Habana que no pudo concretarse, de modo que Chávez le invitó a acompañarlo en un avión de la Fuerza Aérea Venezolana. Y allí, durante las horas de vuelo, García Márquez habría escuchado la cháchara imparable de este hombre que “tenía la cordialidad inmediata y la gracia criolla de un venezolano puro”.

A Gabo, como se sabe, nunca le fue ajena la fascinación por aproximarse a los círculos íntimos del poder político. Y la personalidad de los caudillos latinoamericanos, de los tiranos, fue objeto de su estudio. Ahí está, por ejemplo, “El otoño del patriarca”, la novela cuyo personaje central tiene mucho de Juan Vicente Gómez.

El cierre de esa crónica deja al lector ante el desconcierto de un misterio: “El Presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: ‘Nos vemos aquí el dos de febrero’. Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista que podía pasar a la historia como un déspota más”.

Garcia MarquezEl libro Gabo periodista, una antología comentada de la experiencia del escritor en su primer oficio editada por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, incluye dos textos elegidos por Teodro Petkoff: uno –“El clero en la lucha”- sobre la participación de la Iglesia venezolana en la conspiración contra el régimen de Marcos Pérez Jiménez (publicado en la revista Momento) y el otro, “El enigma de los dos Chávez”.

Al final de las dos crónicas se añade una nota del propio Petkoff en la que explica los motivos de su selección y aporta algunos comentarios sobre su relación personal con Gabo, con quien sostuvo una relación de amistad e intercambio intelectual nacida a partir del interés del colombiano por el libro “Checoslovaquia, el socialismo como problema”, el ensayo que le valió a Petkoff la condena unánime de la izquierda pro soviética de entonces y también del propio Fidel Castro.

La nota fue titulada con una cita de Gabo: “No quiero que me usen”. Esas pocas palabras condensan para Petkoff la posición de su amigo a propósito de Chávez y las maneras de su revolución bolivariana.

La crónica sobre el viaje en avión con Chávez abrió el suspenso que se sostuvo con el paso del tiempo y el desarrollo del proyecto político militarista y hegemónico del mandatario llanero. Se pregunta Petkoff: “¿El autor de la novela más famosa del siglo XX latinoamericano iba a darle el beneficio de la duda al teniente coronel venezolano, ya que su fiador era nada menos que Fidel?”.

Gabo hizo lo que tenía que hacer. Lo que hubiera hecho cualquier periodista: aprovechar la oportunidad de escuchar al nuevo protagonista de la escena política venezolana. Y después de eso no quiso escucharlo más. O al menos no frente a frente. En todo caso, lo cierto es que más que darle el beneficio en ese momento tan temprano, García Márquez lo que hizo fue dejar sembrada la duda, asomar el potencial autoritario que vislumbró en la figura de Hugo Chávez.

Petkoff también lo supo a tiempo. El Movimiento Al Socialismo se había sumado al coro de la izquierda que apoyaba la candidatura del ex militar golpista: “…seis meses antes de las elecciones, abandoné el partido que contribuí a fundar, en desacuerdo con esa decisión”. A Petkoff, como a García Márquez, algo le indicó su olfato: “Cosas de la intuición, que no vienen al caso”.

Teodoro-PetkoffEl venezolano termina su texto –publicado en la primera edición del libro, en 2012- despejando la duda: “Gabo mismo se ha ocupado de dar respuesta al dilema que dejó en el aire. Sin embargo, lo ha hecho garciamarquianamente. Jamás ha dicho una sola palabra sobre Chávez en estos diez años. El silencio ha sido su respuesta. Gabo no ha querido, en un decenio, ni siquiera acercarse al sujeto que convertía al país en una especie de socio entrañable de la Cuba de sus tormentos. No dudo que ha rechazado todas las invitaciones imaginables del caudillo militar y probablemente más de una presión habanera”.

Eso escribió Petkoff y se puede especular que desliza ahí solo una parte de los detalles que quizás conoce: “Así son las vainas del Gabo y así despejó aquella opcionalidad abismal con la cual finalizó su entrevista”. También señala que esa posición significó además la renuncia a volver a este país al que lo ligaban tantos recuerdos y afectos. Y culmina con la cita de esa frase que le dijo García Márquez para explicar por qué no regresó a la Venezuela gobernada por Hugo Chávez: “No quiero que me usen”.

¿De verdad hace falta alguna otra aclaratoria?

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