¿Quién se va primero: Maduro o los gobernadores chavistas?

Por Pedro Pablo Peñaloza @pppenaloza.- El Gobierno se atrinchera y la oposición empuja. La Unidad ahora tiene fuerza. ¿Será suficiente para quebrar la resistencia del poder? Lo que es seguro es que este año hay elecciones. Aunque nadie las mencione.


Pedro Pablo Peñaloza

Pedro Pablo Peñaloza

Por Pedro Pablo Peñaloza @pppenaloza.- El presidente Maduro puede irse. Pero también puede quedarse. Como de lo primero todo el mundo habla, es bueno recordar lo segundo. Y prepararse para ambos escenarios. La cuenta regresiva está en marcha más para la oposición que para el Gobierno. La Carta Magna lleva inscrita la fecha límite. El 10 de enero de 2017. Después, no sirve. Se queda el Vicepresidente. Así es la Constitución más democrática del mundo: si sacan al Jefe de Estado en su cuarto año de gestión, asume un individuo por quien nadie votó. Ante la magnitud de la crisis, muchos dicen que a Maduro se le acaba el tiempo. Al contrario, quizás es lo único que tiene.

La Mesa de Negociación y Acuerdos se instaló el 8 de noviembre de 2002. El pacto se firmó el 29 de mayo de 2003. Y el referendo revocatorio se celebró el 15 de agosto de 2004. Todo un proceso, que contó con la participación de mediadores internacionales, para aplicar un artículo de la Constitución. En el camino hubo misiones, operativos de cedulación, firmazos y reafirmazos, listas que desataron una terrible persecución política, y la designación de un Consejo Nacional Electoral a la medida del Gobierno. Cuando todo estaba atado y bien atado, el caudillo bolivariano admitió la consulta. Luego de su triunfo, en noviembre de 2004, revelaría: “Hay una encuestadora internacional recomendada por un amigo que vino a mitad del 2003, pasó como dos meses aquí y fueron a Palacio y me dieron la noticia bomba: ‘Presidente, si el referéndum fuera ahorita usted lo perdería’”. Chávez – que tenía tiempo- dedicó un año entero a desactivar aquel explosivo. La oposición –aquella oposición- no tuvo la fuerza suficiente para tirar de la espoleta en el momento justo y la granada le estalló en las manos.

Ya se sabe: 2016 no es 2003. Así como Maduro no es Chávez. Pero algunos elementos de aquella época quizás no han perdido vigencia, aunque el clima sea distinto. Cualquier solución política a la crisis pasa por un diálogo con el chavismo. Un diálogo –se entiende- no para apaciguar ni adormecer, sino para encontrar “salidas” claras e impulsar el cambio. El proceso también requiere de la mediación internacional. Y celestial, añadiría Francisco. El Gobierno se atrincherará, con su Tribunal Supremo de Justicia, su CNE y su Fuerza Armada, para evitar la debacle. Es natural. La oposición –esta nueva oposición- tendrá que empujar y empujar para intentar vencer la resistencia del poder. Esta bomba es atómica comparada con la de 2003.

Tarek El Aissami

Tarek El Aissami

La oposición ahora tiene fuerza. Su reto es proyectarla y canalizarla para alcanzar la meta. Una marcha en la calle Élice de Chacao no se compara con el triunfo obtenido en el 23 de Enero. Esta oposición no es la de plaza Altamira, es la que arrasó en el oeste de Caracas el 6 de diciembre. Su terreno es el electoral. Su poder se mide en votos. El Gobierno lo sabe. La Unidad ganó no gracias, sino a pesar del CNE. Este año seguro hay elecciones. O debe haber. Serán las de gobernadores. Nadie las menciona, pero están allí, marcadas en el cronograma. Hoy parecen lejanas, tanto como se veían las parlamentarias en febrero de 2014. ¿Maduro saldrá en 2016? No se sabe. Pero sí pueden salir Tarek El Aissami, José Vielma Mora, Francisco Arias Cárdenas, Francisco Ameliach y tantos otros. La oposición planteó tres “salidas” y sobre el tablero existen, al menos, dos opciones. Pero el objetivo siempre es uno: rescatar la democracia venezolana.