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Una franquicia española hunde  a un grupo de venezolanos emprendedores

viernes 11 de marzo de 2016, 13:00h
Por David Placer @dplacer (Madrid).- La cadena de rehabilitación Fisioquiros arruina a un grupo de emprendedores venezolanos que querían montar su propio negocio. Luis Frómeta Bello, hijo del maestro Billo Frómeta, es uno de los atrapados. Se dispara el número de venezolanos que terminan en los juzgados demandando a su franquicia.
Por David Placer @dplacer (Madrid).- Todo comienza de la misma manera. Los venezolanos que llegan a España huyendo de los enormes problemas en Venezuela y buscan montar un negocio propio,  están convencidos de que, como en Estados Unidos, Venezuela o en el resto de América Latina, la franquicia también es un negocio seguro en España.

Y la realidad y el exceso de confianza terminan por marchitar los sueños en el exilio. Luis Frómeta Bello, hijo de Billo Frómeta, el maestro que creó y popularizó a la gran orquesta de Venezuela, Billo's Caracas Boys, llegó a España el año pasado con un negocio montado.

A través de una asesoría en Venezuela, encontró un negocio que prometía ganancias de hasta 9.000 euros --supuestamente garantizados por contrato--,  Luis y su mujer Anita Dreher compraron a plazos desde Venezuela una franquicia de estética y fisioterapia. Se trata de Fisioquiros, una cadena montada por un fisioterapeuta que sedujo a la pareja para que firmaran la adhesión a una clínica de Castellón.

Fisioquiros utilizó publicidad en Internet en la que buscaba "inversores españoles, venezolanos o latinoamericanos". La cadena se vendía como una marca líder en fisioterapia, con tratamientos innovadores y una rentabilidad segura.

El matrimonio venezolano aceptó pagar a plazos una clínica en marcha. El monto era de 80.000 euros y se pagaría en tres plazos. "Apenas pagamos el primero, de 35.000 euros, nos comenzaron a depositar las supuestas ganancias. Primero nos ingresaron 2.600 euros. El negocio tenía que ir viento en popa. Luego nos depositaron casi 4.000. Pensamos que habíamos hecho una excelente inversión", explica Dreher.

Pero cuando el matrimonio venezolano completó los pagos y llegó a España, el sueño se había acabado. Al ver los números de la clínica se dieron cuenta de que los supuestos beneficios eran, en realidad, fuertes pérdidas y la empresa había fingido las ganancias hasta que el matrimonio venezolano terminara de hacer los pagos.

"Me da mucha tristeza que se hayan aprovechado de nosotros los venezolanos, porque saben la situación que estamos viviendo en Venezuela y conocían que nos urgía montar nuestro propio negocio", explica Frómeta que prepara con su abogado una querella contra la clínica.

La misma franquicia también acabó con las aspiraciones de otros tres venezolanos también atraídos por las supuestas bondades de la clínica. Se quejan de que nunca recibieron formación necesaria y que los equipos fueron vendidos como nuevos cuando estaban usados. No había plan de negocio ni un estudio serio de viabilidad.

El abogado José Zamarro, especialista en franquicias en Madrid y acumula una dilatada experiencia en negociación y demandas contra franquicias conflictivas, tiene un creciente número de clientes venezolanos. "Estoy sorprendido de los venezolanos que llaman al despacho. Es una cantidad muy superior a la de cualquier otra nacionalidad y, por supuesto, muy por encima de lo que le correspondería a la esta colonia residente en España", explica el abogado.

Algunos embaucados por las franquicias españolas fueron asesorados por grupos de venezolanos en Madrid. Otros acudieron por su propia cuenta. En una reciente reunión para vender la franquicia de bares de tapas Lizarrán, de los diez interesados, cuatro eran venezolanos.

Algunos tenían los ahorros listos para invertir en la franquicia. Otro preguntaban por financiación, pero durante la charla ninguno mostró sus dudas por un modelo de negocio que ha llevado a la quiebra a un importante número de compatriotas.

La franquicia en España es un sistema poco regulado donde el franquiciador tiene poco que perder y mucho que ganar. Las empresas financian su crecimiento con la inyección de liquidez del franquiciado. En el fondo, es un negocio redondo: el riesgo lo asume por completo el franquiciado. Si el negocio va bien, ganan las dos partes, pero si va mal, todos los platos rotos lo paga el eslabón más débil.

Los afectados por la quiebra de franquicias en España están constituyendo una asociación para alertar a los inversores nacionales y extranjeros del riesgo de firmar un contrato con franquicias, lleno de obligaciones para los firmantes y con poco compromiso por parte de la marca. Los integrantes de la incipiente plataforma piden a los inmigrantes hacer un estudio profundo de la marca y del contrato antes de firmar.

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