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Ramón Guillermo Aveledo: A la FAN le va a tocar la tarea amarga de la represión (Y II)

viernes 03 de junio de 2016, 18:15h
Por Elvia Gómez @ElviaGomezR.- Ramón Guillermo Aveledo, ex secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) comenta, a propósito de las críticas hechas por el Episcopado venezolano al papel como mediador del secretario general de la Unasur, Ernesto Samper, que las opiniones de la Iglesia “siempre hay que valorarlas”. “Creo que los mediadores de Unasur deben sentir que están siendo muy observados por la comunidad internacional, y políticos de mucha experiencia deben valorar ese hecho”, dijo en conversación exclusiva con KonZapata.
AveledoPor Elvia Gómez @ElviaGomezR.- Dedicado a la elaboración de políticas públicas desde la presidencia del Instituto de Estudios Parlamentarios “Fermín Toro”, Ramón Guillermo Aveledo expresa con preocupación que “el orden en Venezuela descansa mucho más en la decisión de la mayoría sensata, trabajadora, laboriosa de la población que sale a hacer su vida pacíficamente, que en las reglas o en las leyes”.

En comparación con el total de la población, las fuerzas militares y policiales son una verdadera minoría. ¿Ha fallado el discurso opositor en conectar con ese sector para que se niegue a cumplir las órdenes represivas? Hay dirigentes de la MUD que han dicho que, mientras les impiden las protestas, los policías les alientan calladamente a que continúen.

–Los militares son venezolanos, igual que todos nosotros. Ellos y su familia vivimos la misma realidad. A mí nunca me ha gustado hacer consideraciones en bloque sobre ninguna profesión o sector social. La obligación de la MUD es ser alternativa para todos, civiles y militares, porque también los miembros de la FAN serían beneficiarios de un cambio político, como son perjudicados por el continuismo. La FAN eran una institución muy prestigiosa en 1998, hoy en día no es así. A ellos les va a tocar, en una situación que se agrava velozmente, esa tarea amarga de la represión. Puede ser que haya algún enfermo al que le guste, pero al grueso no le gusta esa tarea.

¿De sus recorridos por el interior, observa que hay músculo institucional para evitar que el descontento social se desmadre?

–Yo veo en todos lados las necesidades creciendo y en muchos lados ausencia o debilidad del Estado. No es explicable que uno atraviese las carreteras del Sur de Bolívar, llenas de alcabalas, y consiga en los minas, o al pasar la raya del lado brasileño de la frontera, todos los productos regulados que uno no consigue aquí. Lo mismo ocurre al cruzar la frontera en Colombia. ¿Eso qué indica?, si parte tan importante del discurso oficial es la lucha contra el contrabando y la guerra económica: que el Estado está cariado por dentro, le cayó el comején de la corrupción. En El Principito, aquél rey que vivía solo en un planeta, dijo que el secreto de ser obedecido era dar órdenes razonables. El Gobierno está sobregirado en cuanto a dar órdenes irrazonables y el resultado es el colapso del Estado. Hasta cuándo va a ser sostenible que la administración pública venezolana funcione dos días a la semana -dos mediodías, porque hay cortes de luz-, cómo ocurre eso sin que se lesione la autoridad del Estado. Los ciudadanos están en posición de indefensión. ¿A dónde va uno y reclama? Según cifras oficiales la impunidad supera el 90%, es decir, que es más riesgoso portarse bien que portarse mal. Esos son los fundamentos de la anarquía, del caos. El orden en Venezuela descansa mucho más en la decisión de la mayoría sensata, trabajadora, laboriosa de la población que sale a hacer su vida pacíficamente, que en las reglas o en las leyes.

Hay quienes critican precisamente eso: el excesivo autocontrol ante los atropellos del Estado. ¿Eso habla bien o mal de los venezolanos?

–Eso habla bien. Los venezolanos han demostrado que son mucho más sensatos que sus gobernantes.

Mencionaba el estado de indefensión. Los abogados denunciaron la detención arbitraria de Coromoto Rodríguez, jefe de seguridad del presidente de la AN, Henry Ramos Allup. El comisario está siendo juzgado dos veces por la misma causa, el Poder Judicial no había llegado a esa barbaridad.

–Porque la barbaridad siempre tiene una tendencia incremental. ¡Por Dios, aquí tuvimos un magistrado de la Sala de Casación Penal (Eladio Aponte Aponte), que había sido fiscal militar y que le tocó conocer en casación causas que había conocido! ¡Eso es imposible!, pero ocurrió. El comisario Coromoto Rodríguez estaba mal detenido, tenía que salir libre, pero vino una orden misteriosa, una pirueta para disfrazar los hechos. ¿Y por qué esta preso Antonio Ledezma?, si es que no ha habido juicio todavía. Aquí se allanó la inmunidad parlamentaria de Richard Mardo y de María Mercedes Aranguren por la urgencia que había en procesarlos y todavía no hay juicio, y eso fue en la otra legislatura. A los diputados de Amazonas, electos el 6D, se les suspendió su proclamación. No es que se anularon las elecciones, porque es que si hubo una trampa se repiten les elecciones ¡y ya está! Pero las elecciones no están ni anuladas ni no anuladas, están suspendidas en sus efectos. El CNE no envía su informe y en el TSJ dicen que esperan por él, en una situación pa’ siempre.

Sabido todo eso, ¿qué podría explicar que en la OEA aún no hay los votos para aplicar sanciones al Gobierno de Venezuela, según la Carta Democrática?

–La Carta Democrática Interamericana es un compromiso de buena conducta, interna y externa, porque todos deben ir en auxilio de aquel país donde el orden democrático esté en riesgo. No creo que nadie se engañe sobre la situación venezolana. Creo que si aquí no hay las rectificaciones imprescindibles es muy difícil que en la OEA no se llegue a la conclusión de que Venezuela está incursa en los extremos de la Carta. Hasta donde sé, el argumento de los países que todavía no están dispuestos a votar, no es que aquí no esté pasando todo lo que sabemos, sino que eso va a cambiar y que va a encontrar una solución entre los venezolanos. No nos olvidemos que aquí estuvimos incursos en la Carta cuando vino César Gaviria (2003-2004). Cuando escucho al Presidente de la República decir que “viene una invasión de la OTAN”, no voy a decir yo de él, por redundante,  lo que ya dijo Pepe Mujica. Maduro ya fue canciller, y él estuvo cuando le aplicaron la Carta Democrática a Paraguay. ¡Él! ¡Él mismo, como canciller! Así que es propio de este tiempo que las alteraciones del orden democrático en uno de los países preocupe a los demás.

En la MUD se habla de que la misión de los expresidentes responde a una triangulación Washington-Vaticano-La Habana. ¿Eso está en marcha?

–…Y vamos a ver más cosas. Cuándo podíamos nosotros imaginarnos que Venezuela iba a ser tema de una declaración del G-7. También, Italia, España y Portugal tienen aquí nacionales suyos, comunidades muy grandes que van a ejercer presión parlamentaria allá. Cuando un país del tamaño nuestro suena tanto no es por las buenas razones, sino por declaraciones insólitas del Gobierno o  la cerrazón inexplicable del CNE.

–¿Comparte las críticas del Episcopado venezolano a la mediación de la Unasur? 

–Pocas instituciones en Venezuela tienen un conocimiento tan profundo de la sociedad venezolana, tan extenso y tan abajo. Cualitativamente es una opinión que pesa mucho, así que hay que prestar mucha atención. Veo en eso una diversidad de preocupaciones y puede el papel de Unasur verse reforzado. Cuando en 2014 tuvimos la tentativa de diálogo fracasada –porque el Gobierno la hizo fracasar–, nosotros aceptamos a los cancilleres de Unasur y al Vaticano, porque el Vaticano tiene una autoridad moral reconocida universalmente. A mí me ha interesado el planteamiento de Paraguay. Creo que los mediadores de Unasur deben sentir que están siendo muy observados por la comunidad internacional, y políticos de mucha experiencia deben valorar ese hecho.

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