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Maduro debe irse antes que termine de destruir lo que queda de Venezuela

miércoles 30 de noviembre de 2016, 15:00h
Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- El cuento de Nerón tocando la lira mientras Roma ardía en llamas se ha hecho realidad. Hoy, Nicolás Maduro pretende obligar a la gente a estar feliz con cuñas de televisión que no se creen ni en el PSUV. Mientras tanto, un elemento inusitado aparece en escena. Es el retorno del dólar paralelo, que amenaza con convertir los próximos meses en algo peor que el mismísimo infierno.
Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- Lo señalan las encuestas de manera insistente. El capital político del PSUV es la nada. Propios y extraños quieren que desaloje el Poder. Allá en la base chavista, incluso, tienen líder alterno a Nicolás Maduro: Diosdado Cabello.

Nicolás Maduro, Presidente de la República. Nicolás Maduro, Presidente de la República.

En esta película -la de la resistencia-, parece que algo se salió de lo previsto. El dólar paralelo había detenido su rally desde hace varios meses. Algunos productos de la cesta básica comenzaron a aparecer en los anaqueles. Y el Gobierno resolvía lo suyo con el sector que les interesa a través de los CLAP. La inflación se desbocó, pero no lo suficiente como para decir que estábamos ya en hiperinflación desde el punto de vista técnico. Varios economistas descartaron la especie. La expansión de la liquidez no era consistente con los niveles de inflación y, por lo tanto, el crecimiento real de la masa monetaria era negativo. Bajo esas condiciones, con una economía recesiva, no era probable aterrizar en un escenario de hiperinflación. Y con ese escenario, en medio del diálogo, iba a terminar el 2016.

Ahora resulta que el indicador del paralelo cruzó la frontera de lo imaginable. Cambió de galaxia. Y guste o no, la burbuja terminará impactando en los precios. Entonces ya no estaríamos tan lejos de la hiperinflación sino a las puertas de ella, como lo ha señalado el diputado y economista José Guerra (PJ). El país no se va a terminar. Pero el hambre seguirá incrementándose. Y lo que se sostiene en pie de infraestructura económica está seriamente en peligro. Esa es otra prueba más de que siempre se puede descender un escalón. Y que seguiremos descendiendo.

Mientras aquello irrumpe en escena, las declaraciones de voceros del oficialismo dan cuenta de que si no salimos de esto -con la negociación urgente-, los pronósticos del año 2017 se van a quedar cortos, como siempre suele ocurrir en estos casos. ¿En qué anda el Presidente de la República? Tocando la lira, como el cuento aquel de Nerón mientras Roma ardía en llamas. ¿En qué invierten el tiempo -y el dinero- en el sector oficial?  En propaganda. De la más cínica. Así como decretaron la Navidad a juro el primero de noviembre, ahora les dio por inundar las pantallas de televisión con cuñas decembrinas plagadas de un ambiente de prosperidad y alegría que no se los cree ni un drogadicto en pleno apogeo del consumo de su vicio. La gaita. El parrandón. Y unas hallacas que solamente pocos podrán disfrutar como otrora. Eso es lo que vende el chavismo. Lo quimérico en tiempos del socialismo.

¿Y qué señaló Oscar Schemel ayer en Globovisión? Que la victoria del 6D de la Oposición fue solamente una fotografía del momento. Nada más. Que “la película continúa”. Si así va el film a estas alturas, imagínese el lector lo que viene en 2017. Lo hemos dicho: Mientras más prosperidad prometen es peor, porque al país le termina yendo peor y ellos siguen atornillados en el poder, que es lo único que saben hacer.

En una reciente entrevista a los medios de comunicación que ha otorgado Jesús Seguías -director de Datincorp-, el encuestador expresó que cinco personas del alto Gobierno se “empeñan en implantar un proyecto ultraizquierdista inviable y son los responsables directos del estancamiento de la mesa de diálogo (…) el tiempo se agotó (….) hay que negociar rápidamente una salida (…) la MUD es un milagro político. No le pidamos más. Han cometido errores. Pero ellos son un factor clave para la solución de la crisis”.

Por el bien del país a largo plazo -porque esto no tiene posibilidad de recuperarse en corto tiempo-, lo más prudente es que Nicolás Maduro desaloje el poder, antes de que termine de destruir lo que queda. Y mientras más rápido mejor. A este ritmo, hasta sus más íntimos colaboradores se ofrecerán para hacerle el equipaje.

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